DORMIDOS EN LAS CURULES

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Pablo Jair Ortega

Columna sin nombre

2016-02-02

La inexperiencia de la bancada priísta en San Lázaro parece reflejarse en las recientes semanas: se denota impericia para usar las tribunas y cuando lo usaron, fue a destiempo.

El caso Tarek Abdalá es un ejemplo.

Basta recordar aquella conferencia cuando los diputados federales veracruzanos (la mayoría cercanos al gobernador Javier Duarte), ni bien habían tomado protesta, y ya estaban arremetiendo contra el diputado Miguel Yunes Linares, lo que valió la crítica de que sólo habían alcanzado el cargo para sus intereses de cofradía en Veracruz.

Pero al paso del tiempo en la actual Legislatura, los diputados duartistas se instalaron en la comodidad de la fiaca, así como en intrigar en sus posibilidades como aspirantes a la gubernatura de Veracruz; entre ellos: Erick Lagos Hernández, Jorge Carvallo Delfín, Édgar Spinoso Carrera, Alberto Silva Ramos y Adolfo Mota Hernández. Todos más ocupados en acelerar su --de por sí-- meteórica carrera, pero nadie se ocupó de la seriedad de su puesto de elección popular.

Ahora el que tuvo que salir al quite para defender a uno de los suyos fue el ex líder priísta César Camacho Quiroz, no sólo porque como el entonces presidente del PRI nacional avaló a los candidatos que hoy son diputados, sino porque no le queda de otra como coordinador de la bancada ante el embate nacional que se dio este lunes.

Y es que allá en la Ciudad de México los que parecen estar todavía aletargados son quienes ansiosamente buscaban el fuero.

El gobierno federal por fin también reaccionó, y fue Renato Sales, el comisionado de Seguridad, quien tuvo que validar la detención del presunto capo de Tierra Blanca, Francisco Navarrete, de quien dice Tarek no tener relación alguna.