OPINIÓN
Francisco Cabral Bravo
Uff. En lenguaje beisbolístico Morena: ¡Safe!
Martes, 09 de Octubre de 2018
Con solidaridad y respeto a Cuitláhuac García Jiménez, Eric Patrocinio Cisneros Burgos, Ricardo Ahued Bardahuil y Manuel Huerta Ladrón de Guevara
Verdadero cambio, una etapa diferente, distinta y nunca vista que no sea pura palabrería un nuevo sentido a la política actuar con justicia, prudencia, paciencia inteligencia.

Deben quedar atrás, simulaciones, engaños, incumplimientos.
Me gustaría que, ante los hechos ominosos de impunidad que estamos viviendo nuevamente, AMLO se pronunciará ya a favor de la apuesta en marcha del Sistema Nacional Anticorrupción, que ha sido boicoteado. Que se entendiera, de una vez por todas, qué los hechos de corrupción, se seguirán multiplicando por todo el territorio mientras no se pongan en funcionamiento las instituciones creadas para evitarlo. Me gustaría que dejáramos atrás la mecánica de la simulación y la venganza, para ponernos a la tarea de reconstruir en serio la administración pública de México.

El sistema no está funcionando todavía porque los gobernantes actuales no han querido que funcione; así de simple. Lo asumieron a regañadientes para salir del paso. Pero luego, hicieron pies de plomo ya han demorado y entorpecido hasta el cinismo su funcionamiento. Han dejado morir de inanición y desdén al comité de participación ciudadana y éste, a cambio, ha buscado apoyo y dinero fuera del país, cosa que es de suyo inaceptable. El boicot ha tenido éxito.

Hoy estamos viviendo otro capítulo de impunidad, ante el fracaso rotundo de la pesca de los peces gordos. ¿De veras es tan difícil entender cómo ha de funcionar ese sistema? ¿De veras nadie sabe cómo y dónde operan las redes de corrupción? La ley ordena que haya una política nacional anticorrupción.

López Obrador goza de una aprobación del 70% y una fe abrumadora de amplios segmentos de la población. Transmite sobriedad, austeridad y empatía por los que menos tienen. Y la complacencia es la mejor amiga de la corrupción y la impunidad.
Es evidente que en las instituciones de justicia no están actuando acorde con la crisis que vive el país en materia de Derechos Humanos.

El presidente electo AMLO y su equipo de seguridad y Derechos Humanos se comprometieron a impulsar soluciones extraordinarias.

El equipo de transición se ha referido a la necesidad de constituir una comisión de la verdad y un mecanismo internacional para investigar estos crímenes atroces y romper el círculo de impunidad. Este mecanismo dotaría al sistema de justicia de algo que le ha sido negado en todos estos años: imparcialidad y autonomía.

El compromiso manifestado por el gobierno electo abre una esperanza. Por lo mismo exige acciones completas y resultados.

Sólo 11% de los mexicanos confía en los otros mexicanos. Vivimos en un mar de
desconfianza y ésta es el caldo de cultivo para intrigas y conspiraciones. Como no registrar una profunda desconfianza, si los mexicanos nos matamos entre nosotros todos los días, si el maldito negocio del narcotráfico demuestra cuáles son nuestras prioridades: La vida no vale nada, por eso reprimir o aniquilar sigue siendo para muchos una tentación, una opción. Fuenteovejuna, señor.

Nunca más supone un imperio de la ley en que la impunidad sea lo más cercana a cero, pero nosotros vivimos en un país en el cual el promedio de actos ilegales sin consecuencia jurídica rebasa el 95%.

La bestia autoritaria tiene en la impunidad a su mejor aliado. Vivimos en un mar de impunidad cotidiana con algunas islas de legalidad. Pero las muertes cotidianas de hoy 77 al día no reciben ninguna atención. Las morgues rodantes son un recordatorio de lo muy poco que hemos avanzado en el respeto a la vida como eje central de nuestra convivencia. Las generaciones actuales vamos acumulando un amplio expediente de responsabilidad. Pero hoy las Fuerzas Armadas sustituyen a un aparato policiaco patéticamente débil. No hemos sabido, no hemos querido construir un andamiaje institucional civil, con protocolos respetuosos a los Derechos Humanos, potente en su capacidad para combatir al crimen en cualquiera de sus expresiones. Hemos sido incapaces de exigir a las autoridades que recauden lo suficiente e inviertan en seguridad hasta tener los mínimos cubiertos. Estamos resbalando en la normalidad de las fosas clandestinas que se aparecen como las humedades. Estamos menos alertas de las desapariciones que también se cuentan en decenas de miles. O quizá estamos alertas, pero nuestra capacidad de incidir en la realidad sigue igual de mermada. Nunca más un solitario de Palacio que quiera controlar cada rincón del país si decidimos haber aprendido las lecciones, entonces defenderemos a las boas discordantes, a la distancia.

El estado mexicano, sobre todo cuando la próxima administración tendrá inéditos instrumentos de gobernabilidad, debe hacer justicia con las instituciones, con la nueva fiscalía, con sus investigadores, con la ley en la mano.

La Comisión de la Verdad, como está planteada, es un espacio militante y manipulado que alcanzará objetivos propios, todos menos uno: establecer la verdad y hacer justicia.

La máxima juarista que lo único que denota es impunidad, sigue entre nosotros: "A los amigos justicia y gracia. A los enemigos, la Ley a secas", que lo único que denota, es que la impunidad sigue entre nosotros.

En lo que no puede equivocarse la nueva administración es en destruir a las Fuerzas Armadas y la Policía Federal, que como instituciones deberían ser la última instancia para poder enfrentar las amenazas a la seguridad nacional y pública qué tanto afecta a México. Y por lo visto el Presidente electo está decidido a "experimentar" con la seguridad y la viabilidad de la democracia mexicana (y no exagero).

Su intención es crear una "guardia civil" conformada por elementos del Ejército, la Marina, y la Policía Federal. Prometió que propondría al congreso una reforma para la "reconversión" del Ejército para que tenga la responsabilidad de la seguridad interior y pública del país.

Mucho se ha criticado que la militarización de la seguridad pública en el país resultó en un incremento de la violencia y en una guerra fallida.

Básicamente AMLO, con un plumazo, ha decidido que para perder el tiempo creando una verdadera Policía Federal Civil, lo más práctico es convertir a militares en policías y que éstos se dediquen a seguridad pública, y seguridad interior. O sea, por ley, dejar que los soldados sean policías y militarizar constitucionalmente las funciones de seguridad pública.

"Que la defensa nacional la podamos hacer todos. Si nos invaden, todos a defender la patria, no sólo los soldados".

Ahora los soldados y marinos tienen que ayudarnos como un ejército de paz para garantizar la seguridad interior, la seguridad pública.

Cuidado, el presidente electo está mandando señales que no debemos hacer como que no vemos.

La espera de 5 meses entre la fecha de la elección la toma de posesión, tiene efectos negativos sobre la vida pública sólo conduce a hacer desfiguros, caer en ineficiencias y minar la credibilidad de las instituciones.

La eterna transición muestra a México como un país de esquizofrénicos. Este compás de espera no deja beneficio alguno a los ciudadanos.

En los tiempos actuales y dado lo que estamos viendo, convendría recordar la conocida expresión popular que dice: Si por la víspera se saca el día. Su claridad, hace inútil cualquier intento por explicarla.

Van más de 3 meses del período de transición y las cosas, lejos de contribuir a aclarar el panorama para los próximos 6 años, los cubre de negros nubarrones.
A partir del uno de diciembre cada muerto, cada secuestro, cada extorsión, será responsabilidad del nuevo gobierno. Aunque sean delitos locales, como la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, terminarán gravitando hacia el Gobierno Federal, el único con la capacidad para enfrentar a este tipo de criminales.

Sí AMLO usa y fortalece bien el poder que tendrá a su mando, podrá enfrentar la creciente inseguridad. De lo contrario, correrá el riesgo de ser devorado por ella.
No puede existir un Estado sin capacidad punitiva mayor de la que tienen quienes la disputan el control del territorio nacional.

En otro tema, en los 80 la globalización ya se perfilaba como la nueva tendencia dominante en la historia de la humanidad.

No todos lo entendieron. Entramos a una nueva etapa donde el comercio mundial sería el protagonista, con las nuevas tecnologías de la información y los nuevos parámetros de un desarrollo sostenible. Cambió el mundo.

Salinas aceptó y entendió el reto.
Logró subirse al tren en marcha y se anunció a inicios de los 90´s el TLCAN, con el cual nos introdujimos a un bloque económico de gran potencial y fuimos parte de esta nueva historia.

Los cambios no han cesado, ni en lo político, ni en lo económico. Hoy somos la décimo quinta economía mundial. Contamos con muchas fortalezas, aun cuando la pobreza y la inseguridad siguen siendo un lastre.

El Triunfo de Donald Trump, siniestro opositor a nuestro país, implicó una amenaza.
Pese a discursos incendiarios y a la promesa de acabar con él TLCAN, conocimos el resultado de una exitosa renegociación.

No fue fácil, ni para mexicanos, ni para los canadienses.
¿Por qué cambio Trum? Porque pese a prejuicios y promesas de campaña había muchos intereses en juego. Los sectores que podían verse afectados alzaron la voz incidieron en la decisión, en un intenso cabildeo.

La realidad al final se impuso, se contuvo la amenaza, se expusieron riesgos y ventajas, la decisión era clara. No fácil. Y no espontánea. La labor de los negociadores mexicanos que eludieron la confrontación fue determinante. Así pues la
nueva administración hereda esta historia.

Es cierto que en política no hay coincidencias o, dicho de otra forma, que están dándose demasiadas coincidencias para que sea coincidencia. En el repudio a la corrupción hay afortunadas coincidencias.

Andrés Manuel cree que se pueden recuperar hasta 500 mil millones de pesos si acabamos con la corrupción, estamos de acuerdo con el hecho de que por la corrupción se desvían cuantiosas sumas de dinero que no llegan a dónde deben llegar. Morena y la coalición Juntos Haremos Historia fueron respaldados por millones de mexicanos hartos del abuso sistemático del poder público. Yo veo una oportunidad histórica para hacer un cambio en este tema. Para generar controles al poder y su abuso a través del fortalecimiento de instituciones de rendición de cuentas y anticorrupción.

Por el momento hay ya largos tramos recorridos.
AMLO decidirá si las desandamos, si mete el acelerador o si cambia de carril.


 
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