“Los golpes duelen mucho, pero perder duele mucho más. Patear hasta no dar mas duele mucho y muchas veces creí que lo mejor sería dejar esto, sé que el Taekwondo me provoca mucho dolor, pero también sé que dejarlo me provocaría aún más. Se llama Taekwondo y es mi pasión”.
Zona Centro
Areli Fernández Delgado - 2012-03-05
Cuando yo era pequeña el Tae Kwon Do para mí era un hobbies, que yo practicará 6 horas al día sin sentir agonía en la selección nacional, era como jugar con mis muñecas en mis ratos libres. Y toda la vida me ha gustado hacer Tae Kwon Do, aunque déje de hacerlo días, meses o años es como un vicio para mí hacer ejercicio, pero como todo, así como cuando crecí me olvide de las muñecas, ya hace algunos años que también descanse del Tae kwon Do después de obtener algunas preseas para el estado.
Hacer Tae Kwon Do a estas alturas de mi vida 6 horas al día, sería como un suicidio deportivo, sí, suicidio con agonía. Los calambres no me dejarían ni respirar, el cansancio de mis piernas sería tanto que llegaría el momento dónde mi mente pensaría que ya no tengo piernas y el cuerpo, de ese mejor ni mencionarlo estaría en crisis con tantas patadas a las costillas.
Aunque he pensado en retirarme del Tae Kwon Do, he dicho mil veces que ya eso de entrenar ya no es lo mío, que mis tiempos de gloria ya pasaron en torneos nacionales e internacionales como Holanda, Alemania, EU, Honduras entre otros más, pero el vicio es el vicio señores lectores, eso de sentir dolor, cansancio hasta más no resistir, ver que esos chavos que entrenaban contigo siendo yo la seleccionada estatal o nacional (cuando en mis días de gloria yo les pegaba) ahora ellos se ríen de mí al ver que quiero hacer una combinación de patadas y casi le pido permiso a una pierna para tirar la otra, es una especie de combinación del vicio con un dolor sabroso.
¡Pumm, y que humillante! Todavía hace unos 5 años cuando era seleccionada de mi universidad en Coatzacoalcos no me imaginaba que esos pañaludos me iban agarrar de su trapo, es por eso mi hambre de seguir con éste vicio, hay que enseñarle a las nuevas generaciones lo que aún puedo hacer a mi edad.
Ellos me motivan a seguir entrenando, aunque ya no estoy al ritmo de los chavitos mis mañas aprendidas con los golpes de la vida y los años, esas, ellos aún no las aprenden.
Y a estas alturas veo que es mi único trofeo en esto del Tae Kwon Do, las medallas de triunfos nacionales ganadas años atrás están arrumbadas, en alguna caja, que la verdad ni recuerdo donde este. Pero las mañas que me gane con todas esas medallas, esas jamás se olvidan y es mi única defensa ante esa plaga de chamacos que me ven con hambre de asesinarme en cada combate.
Mis queridos lectores no soy tampoco una anciana, tengo 23 años, pero desde los 4 años entrené éste deporte tan maravilloso, logré muchos triunfos a nivel estado, así como nacionales. Fui campeona nacional cinco veces consecutivas en eventos federados y participe en algunos internacionales y después de todo esto, no están para saberlo ni yo para contarlo pero cuando hace frio, parezco abuelita, me duele todo. He llegado a imaginarme que pasará cuando tenga 50 años, pero créanme es mejor desviar mi imaginación sobre ese tema.
A mis 23 años he decidido, después de un año de retiro, regresar a los caminos del tae Kwon do, llevó un entrenamiento y subir las escaleras para llegar a mi oficina es todo un teatro, pero me sigue encantando vivir de la patada.
Y sí, el ímpetu y el hambre por seguir pateando es la misma que cuando tenía cuatro años, creo que esto del Tae Kwon Do jamás me pasará de moda.