Al desgaste como gobierno tras dos sexenios de pobres resultados –el actual, el periodo del presidente Felipe Calderón, particularmente desastroso en materia de seguridad, pobreza y crecimiento– el Partido de Acción Nacional (PAN) suma la extendida fractura provocada en su proceso interno para seleccionar candidatos del que aún no termina de salir.
De las tres principales fuerzas, PRI, PRD y PAN, éste último saca la peor parte en el balance del proceso interno. El pri no ha tenido problemas para conservar la unidad, no lo hubo para designar a Enrique Peña Nieto, su candidato a la Presidencia, y para lo demás, el grupo dirigente ha conseguido los consensos, incluso para otorgar las cuotas de posiciones a sus grupos de interés; en el PRD y sus aliados, tradicionalmente los más conflictivos por la diversidad de tribus, han podido acomodarse, primero en torno a la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, y en el resto del reparto, ahí la llevan, según el peso de las corrientes internas.
El PAN es el que se desgarra, y por lo que se ve, a fin de mes llegará más debilitado como organización política al momento de empezar las campañas. Relativamente indemne de la competencia interna para elegir candidato a la Presidencia de la República, que ganó Josefina Vázquez Mota, pese a la intentona fallida de Felipe Calderón para imponer a Ernesto Cordero, el PAN se está resquebrajando a nivel nacional por la disputa entre sus grupos locales por las candidaturas al Senado y a diputados federales.
Los 47 juicios de inconformidad que debe resolver su Comisión Nacional de Elecciones sólo son una parte del problema, pues en paralelo se han registrado deserciones de antiguos líderes notables, cuya lista va en aumento.
Entre las más relevantes de los últimos días se cuentan por ahora dos; la renuncia al partido de Rogelio Sada, militante de 50 años de Nuevo León, la semana pasada, por la designación del alcalde de Monterrey, Fernando Larrazabal, vinculado a la protección de casinos, como candidato a diputado federal, asunto por el que ha salido raspado el presidente del PAN, Gustavo Madero, acusado de haber recibido dinero para su campaña del «Zar de los casinos». Y la más reciente, del diputado federal por Sinaloa, Manuel J. Clouthier, hijo del «Maquío», candidato del PAN a la presidencia en 1988, excluido como candidato al Senado, y quien aunque había recibido ofertas del PRD sorprendió con su nueva postura de participar en las elecciones como candidato «independiente» a la Presidencia de la República. Esta figura, como es sabido, no está permitida aún en la legislación, y no procederá su registro en el IFE, pero en los hechos, durante a la campaña electoral, le hará sombra a la candidata panista Josefina Vázquez Mota, al postularse como el «defensor de los principios» que ha abandonado Acción Nacional.
La desbandada no ha terminado, pues los fallos inminentes a las impugnaciones, se anticipa, habrán de ahondar las divisiones internas.
LOS TIEMPOS ENCIMA
Son ocho las elecciones impugnadas al Senado, y en 4 de ellas, incluido Veracruz junto con Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas, los inconformes exigen la anulación del proceso.
En todas, la trampa y el desaseo es la constante; desde la manipulación del padrón de militantes y adherentes, boletas falsas, acarreo de votantes, coacción y compra de votos, intervención ilegal de personas en las casillas, hasta el uso de programas y recursos públicos en beneficio de algún candidato.
De Veracruz bastante se ha difundido el cochinero, no sólo aquí sino en los medios nacionales, y aunque lleva el estigma puesto por el Consejo Estatal Electoral que acreditó 154 irregularidades graves cometidas para beneficiar a Fernando Yunes Márquez y recomendó la anulación, será la Comisión Nacional la que resuelva, y finalmente, en previsible judicialización del conflicto interno, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
No pudiendo negar lo evidente, los que conducen la comisión interna han tenido que reconocer que, de acreditarse las irregularidades, darían lugar a delitos electorales y sanciones partidistas, pero llevarán la situación al límite. El registro de candidatos en el IFE es del 15 al 22 de marzo, y para entonces tendrían que haber resuelto las impugnaciones y repetido en su caso los procesos anulados. Mientras el tiempo corre, los grupos irreconciliables mueven sus influencias según su interés en mantener los resultados o revocarlos; el caso Veracruz es de los más candentes (al igual que Chihuahua). La pugna de los panistas locales confronta a la estructura del PAN, Julen Rementería y Víctor Alejandro Vázquez Cuevas recurren a Roberto Gil Zuarth, coordinador de la campaña a la Presidencia, y a su aliada en la campaña interna, la candidata Josefina Vázquez Mota, mientras que el ex priista Miguel Ángel Yunes Linares, en su proyecto de terminar de apoderarse del PAN veracruzano, aboga por su hijo Fernando con Ernesto Cordero y Felipe Calderón, para que aplique en su beneficio la fuerza que aún le queda en la cúpula panista. No son muchos escenarios para resolver Veracruz. O confirman o anulan la elección, y por la brevedad de los plazos, queda problemática, la instancia judicial y la repetición del proceso. Podrían optar por la nulidad y que en circunstancia de excepción apelen a sus estatutos y la dirigencia decida las candidaturas discrecionalmente, es decir, por dedazo. En ese supuesto, ¿a quién o quiénes escogerían, cuando los grupos son irreconciliables? Echarle combustible al fuego sería imponer a un candidato inaceptable.
EXPULSAR A LA PERRA BRAVA
De lo que no hay duda es que el PAN saldrá de su guerra civil tremendamente fracturado. Además exhibido en las trampas, especialmente del uso de programas y recursos públicos con fines proselitistas. Este elemento seguramente será capitalizado por los otros partidos para exigir la limpia de los funcionarios que desviaron recursos a la contienda interna. Si lo hicieron en pre-campaña, nada impediría que lo dispusieran en las próximas campañas.
Los servidores públicos implicados en uso ilegal de los programas para fines partidistas deberían dejar el cargo antes de que inicien las campañas electorales. Para la agenda electoral de Veracruz, y a fin de mantener las condiciones de equidad, deben renunciar cuando menos el delegado de la Secretaría de Desarrollo Social, Abel Cuevas Melo, y el director de Oportunidades, Miguel Ángel Yunes Márquez, ambos acusados de utilizar los respectivos programas para beneficiar al candidato Fernando Yunes Márquez. Éste obviamente hermano de aquél.