El vacío a Josefina Vázquez Mota, en vez de su rendición de protesta como candidata del PAN a la Presidencia de la República, fue la nota política de ayer.
Queriendo mostrar el músculo en un acto partidista en el estadio del Cruz Azul en la Ciudad de México, el PAN no pudo ocultar el desaire a su candidata –exhibido en fotografías y crónicas– en el estadio donde celebraban la fiesta de su ungimiento formal.
Las multitudes acarreadas, en duda si eran militantes del PAN o clientes del padrón de beneficiarios de los programas del Gobierno Federal, no soportaron la demora y el sol, y ante la salida de regreso de los camiones a sus lugares de origen, no esperaron al protocolo de la protesta de su candidata ni su discurso y abandonaron el lugar.
Aunque en este momento rigen las cuestionadas pero obligatorias reglas de la «intercampaña», que prohíbe la propaganda electoral de candidatos y partidos, los panistas se aventuraron a realizar un acto masivo difícilmente no encuadrable en actos de campaña, pero les resultó peor. Los organizadores del acto de Josefina, el comité central del partido, actuaron como lo habrían hecho sus peores enemigos. El evento estaba programado para las 10.30 horas y la candidata arribó al estadio bastante demorada, pasadas las 12, y los que deshojaban margaritas perdieron la paciencia. Sólo por un rato los entretuvo la primera Margarita, la diosa de la cumbia y su sonora. Rezagada y no a cuatro puntos ni a siete, sino con varias horas de retraso llegó Vázquez Mota con la otra Margarita, la diosa de los Pinos, Zavala, cuya presencia no contuvo a las impacientes masas a las que no se les iba no el avión, sino el camión del retorno. Aparte del colgado tiempo de inicio del rollo, todavía decepcionó el elenco abridor, les mandaron antes un discurso de Isabel Miranda de Wallace, la candidata al gobierno del Distrito Federal, el ritual del presidente de la Comisión de Elecciones, José Espina, con la declaratoria de validez de la elección y la toma de protesta, previo rollo, a cargo del polémico presidente del PAN, Gustavo Madero, a quien le cuentan los días por la enorme división generada en la contienda interna que tiene al partido en vías de fractura. Fueron ya muy pocos los que alcanzaron a enterarse del discurso de Vázquez Mota llamando a la unidad y a resolver las diferencias internas «con apego irrestricto a la democracia». Aunque recortó su mensaje, la desbandada fue muy notoria. Todos la observaron, menos ella. Pese a las imágenes difundidas cuando hablaba, con el fondo de los huecos en el graderío, nunca aceptó la realidad. «Cuando tomé protesta, teníamos todo el estadio lleno», aseguraba. Cuestión de enfoques y de querer tapar el vacío con su declaración.
Con diferente estilo, más apegado a las reglas de la intercampaña, también ayer Andrés Manuel López Obrador rindió protesta como candidato a la Presidencia por el partido del Movimiento Ciudadano (antes Convergencia). En un teatro de la ciudad se congregaron al acto no más de mil personas, donde el candidato amoroso convocó al cambio. A tono con su nuevo discurso, AMLO sostuvo que su partido no odia a nadie (¡oh, el amor!), que no quieren venganza, sino justicia.
Hoy será el acto de toma de protesta de Enrique Peña Nieto como candidato del PRI a la Presidencia de la República. El Consejo Político Nacional del PRI, integrado por poco más de mil 200 consejeros, se reunirá en Dolores Hidalgo, Guanajuato, para la ceremonia formal, que será en un recinto cerrado, para evitar señalamientos de actos anticipados de campaña. Será el otro grito de Dolores (¿Habrá campanadas y arenga, «vamos a matar azulines»?)
El registro de candidatos ante el IFE, tanto a la Presidencia de la República como al Senado y para diputados será entre el 15 y el 22 de marzo. Y la madre de todas las batallas, después del 29, cuando reanuden las campañas.
EMBROLLO EN EL PODER JUDICIAL
La secuela de errores no para en el Tribunal Superior de Justicia del Estado, donde su presidente, el magistrado Alberto Sosa Hernández, va por la nominación como el Hombre de Yerro. Tras la equivocación en el manejo de la remoción de la magistrada Concepción Flores Saviaga, cuando era inamovible por haber sido nombrada por primera vez en 1997, y por tanto, inaplicable retroactivamente la constitución de 2000, que fija a magistrados un periodo de 10 años, de la que resultó el revés en el juicio de amparo que ordenó su reinstalación y pago de salarios caídos por más de un millón de pesos, el Tribunal se ha enredado más en la ejecución de la sentencia de amparo. Con la lógica de tapar un hoyo abriendo otro, el Pleno del Tribunal determinó reinstalar a la magistrada Flores Saviaga desalojando al magistrado Alfredo Algarín, quien fue adscrito como magistrado visitador, y para que les cuadre el número de magistrados de ley, que es de 30, y como aseguran no tener presupuesto para otro más, dispusieron además la suspensión de salarios para el magistrado desahuciado, cuando que es elemental que el Tribunal carece de facultades para invalidar un nombramiento de magistrado otorgado por el Congreso a propuesta del Gobernador o para dejar de pagarle sin causa imputable a aquel.
Ante la inminencia del golpe del Tribunal, el magistrado Algarín presentó una demanda de amparo en el juzgado de distrito, en cuyo incidente obtuvo el jueves pasado ya una suspensión provisional. Ésta, se sabe, «para el efecto de que las cosas permanezcan en el estado que guardan, que no se ejecute ningún acto tendente a separar al quejoso del cargo de magistrado visitador que actualmente ejerce del Tribunal Superior de Justicia, hasta en tanto se resuelva la suspensión definitiva». En violación al mandato del Poder Judicial que ordena la suspensión, un día después, el pasado viernes se llevó a cabo la reinstalación de la magistrada Flores Saviaga y sin notificación alguna al magistrado Algarín, contra todo procedimiento legal fue forzada la chapa de su oficina y consignadas sus pertenencias en «depósito». Vaya enredo en que se ha metido ahora el magistrado Sosa, al violar un mandamiento federal, y expuesto a una sanción por ello, intentando dar cumplimiento a otro. Error tras error, nadie le disputará la nominación como el hombre de Yerro.