Con mas tedio que gloria se desarrolló y concluyó anoche el segundo debate de candidatos a la Presidencia de la República organizado por el Instituto Federal Electoral (IFE).
Variado respecto del primer ejercicio atado a preguntas concretas, el formato esta vez permitió la exposición de los 4 participantes hasta por dos minutos y medio y su alternancia en el turno, para totalizar 8 minutos de intervenciones por candidato en cada uno de los bloques temáticos (Política y Gobierno, México en el Mundo y Desarrollo Social Sustentable), pero sin conseguir evitar la rigidez impuesta por el tiempo medido.
Ninguno de los candidatos sorprendió; en una estudiada estrategia de comunicación todos cumplieron con el rol preparado: Josefina Vázquez Mota, del PAN, preferenció los ataques a los otros tres contendientes y Quadri, del Panal, eventualmente punzó a López Obrador, pero tanto Enrique Peña Nieto, del PRI, como Andrés Manuel López Obrador, del PRD, se centraron más en reiterar sus conocidos discursos de campaña.
El debate, más que una confrontación directa de proyectos, por demás coincidentes en la identificación de problemas, pareció una exposición paralela ante el mismo auditorio, distinguibles sólo en matices y cierto énfasis en propuestas, pero sobre todo en la auto presentación de cada uno como el único capaz de aplicarlos con éxito en esta nueva etapa del desarrollo del país.
Roles escénicos
La estrategia de los candidatos sin duda reflejó las posiciones que saben ocupan en el escenario de las percepciones de los electores potenciales.
El candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, jugó a administrar su ventaja, considerando que ha perdido algunos puntos en las últimas semanas, pero que sigue arriba. Su línea principal fue expositiva de sus propuestas y sólo replicó a señalamientos directos a la candidata del PAN. Peña insistió en su oferta general de grandes objetivos, aterrizando en buscar que las personas ganen más por su trabajo y conectando éste con el crecimiento económico y la reducción de la pobreza, recuperar la seguridad, ajustando la estrategia de combate a la delincuencia y las reformas estructurales, entre las que mencionó la energética y bajar el precio de la luz, la laboral y una reforma política para reducir el Congreso en 100 diputados y 32 senadores, promover una mayor participación ciudadana y construir en democracia un gobierno transparente y de mayor eficacia. Llamó a una reconciliación nacional en el pluralismo después de las elecciones.
Andrés Manuel López Obrador, que ha venido creciendo y ya ha superado a la candidata del PAN, pero aún distante de Peña Nieto, volvió sobre su spot de encarnar el cambio verdadero y etiquetar al PRI y al PAN como más de lo mismo; retomó su fantástico plan de crecimiento al 6% anual y su plan de desarrollo social basado en la austeridad y el combate a la corrupción, con lo que ahorraría la cuestionada cifra de 800 mil millones de pesos, la que no resiste la elemental verificación aritmética. Igualmente repitió la integración de su gabinete y se refriteó viejos lemas de campaña priistas, que hará una renovación moral (lema de Miguel de la Madrid en 1982), y que él sí sabe cómo hacerlo (lema de campaña del priista Ernesto Zedillo en 1994). Encapuchado en piel de oveja, escondiendo las uñas, AMLO ofreció que «mi cambio será tranquilo, sin venganza», con dedicatoria al «espurio» presidente Felipe Calderón.
La candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, no pudo disimular su baja posición, ha caído al tercer lugar, y por ello ocupó mucho de su tiempo en surtir de ataques a sus rivales, gastando no sólo en arremeter a su estilo ligth y acartonado contra Peña Nieto y «los impresentables del PRI» cómplices de la delincuencia, obstáculos para la reformas en el Congreso; contra el intolerante y populista López Obrador y hasta contra el que no es rival, Gabriel Quadri, con quien desperdició sus tiros poniéndolo de empleado de la familia de Elba Esther Gordillo, dueña, ya se sabe, del Panal. Con el lastre de no poderse deslindar de los desgastados gobiernos del PAN, de donde procede, Josefina acusó a Peña Nieto y a López Obrador de ser lo mismo con rostro diferente. Casualmente el mismo estereotipo usado por AMLO para meter en el mismo saco al PRI y al PAN.
Gabriel Quadri, sin nada que perder, pues no tiene en realidad posibilidades de triunfo, intentó de nuevo su ya conocido sketch de presentarse como el candidato ciudadano, el bueno, frente a los malos, los políticos profesionales, y exhibir su destreza argumentativa y cuestionar que los demás no explicaban cómo iban a hacer las cosas. En sus revires, mostró imágenes de Josefina cuando era Secretaria de Educación, adulando a su querida amiga Elba Esther Gordillo. Cual vocero del SNTE, convocó a una revolución educativa, además propuso la integración de los sistemas de seguridad social y la autonomía de los órganos de vigilancia (Secretaría de la Función Pública) y de fiscalización (Auditoría Superior de la Federación) para combatir la corrupción.
En fin, unas cuantas escaramuzas, abundantes lugares comunes, muchos estereotipos y spots ampliados de todos los candidatos.
Postdebate
Habrá que ver ahora el efecto de este debate para modificar las intenciones de voto y el voto efectivo el 1 de julio. Los candidatos no están en el vacío, ocupan determinados lugares del campo político, como representantes de fuerzas partidistas que controlan ya porciones del electorado a través de redes clientelares y de alianzas celebradas en el marco de las campañas. Muchos ya tienen su voto decidido por la identificación partidista, intereses o simpatía; otros se abstendrán de hacerlo (con todo y debate), y aún quedan los indecisos, los que no han decidido por quién votar pero lo harán o han resuelto por quien no votarán pero todavía no si practicarán el voto útil.
De lo que no hay duda es que todos se asumirán ganadores del debate y harán del post debate la propaganda de unos días.