ASUNTOS PÚBLICOS: AMLO en Veracruz

Escrito por Eduardo Coronel Chiu

Zona Centro

Eduardo Coronel Chiu - 2012-06-22

Aunque no se puede negar que Andrés Manuel López Obrador, el candidato del PRD-PT y MC (antes Convergencia), llenó la llamada Macroplaza del Malecón del Puerto de Veracruz, lo que no resulta difícil de lograr para ningún partido mediante la logística del acarreo, nadie mejor que él, como lo vivió hace seis años, sabe que eso es sólo escenografía y que no garantiza el triunfo electoral.

A diez días de las elecciones, distante en la mayoría de las encuestas de intención de voto del candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, por una diferencia entre 12 y 20 puntos, y ligeramente arriba de la candidata del PAN Josefina Vázquez Mota, López Obrador realizó su cierre regional en Veracruz, inseguro de ganar e insistiendo en la preparación de la protesta postelectoral.

La duda de su victoria electoral y la anticipación del fraude no las abandonó en Veracruz.

En su larga perorata (como las de Fidel, no Herrera sino Castro) hubo de todo. Asumió actitudes triunfalistas (para congraciarse con la audiencia apeló a su sangre veracruzana-tabasqueña, vaticinó que habrá un presidente Choco-Jarocho; repitió sus promesas de campaña, varias de ellas, cuestionadas en su viabilidad, como los grandes ahorros que obtendría con el combate a la corrupción y la austeridad, con todo y que derogaría el IETU y bajaría el precio de los combustibles, finanzas públicas de magia. No faltó en escena su teatro del fraude, el que prepara la mafia que otra vez le robará la Presidencia.

Refregó de nuevo el tema de la cuota de coacción de votos fraguada recientemente, dice él, por los gobernadores del PRI, su reedición del complot, y se dirigió al gobernador del estado, Javier Duarte, exigiendo que no se meta en el proceso electoral y no compren votos a favor del PRI. Se quejó hasta de que se hubiera programado para ayer –coincidente con su acto de cierre regional– al otro extremo del malecón, un evento musical de una compañía cervecera y que para la noche se diera un partido de futbol en el que participarían los ex jugadores del Real Madrid con los Tiburones Rojos de Veracruz. ¡Sabotaje al peje, dicen sus simpatizantes!

No es lo mismo seis años después

Lo cierto es que AMLO no es el mismo de hace de seis años, no sólo en el embozamiento de sus posiciones de confrontación con los rivales y del odio de clases, el nuevo discurso a veces amoroso y a veces rijoso, sino en el apoyo del electorado, muy disminuido comparativamente. Esta vez ha venido de atrás, desde el deterioro de imagen que le dejó su negativa a aceptar los resultados legales de la pasada elección presidencial en 2004, el descontento que generó con sus marchas y plantones prolongados, y si bien tuvo su repunte en las pasadas semanas, cuando las baterías de ataque se enfocaron al puntero Peña Nieto, y se subió en la ola estudiantil de protesta contra éste –que no se duda la haya manipulado su organización en el gobierno perredista del DF–, su crecimiento se ha estancado y apenas le ha servido para disputarle el segundo lugar a Josefina Vázquez Mota. Enrique Peña Nieto, con su fabricada imagen mediática, su discurso de compromiso basado en la unidad del PRI y la fuerza política de 20 gobernadores, se ha constituido en la percepción de la población, según lo reflejan las encuestas de opinión, en la alternativa de cambio –si no la mejor, la menos mala– en el gobierno para dejar atrás el periodo de violencia, escaso crecimiento y mayor pobreza generada por las dos administraciones del PAN. López Obrador no ha conseguido borrar su imagen de mesianismo e intolerancia, y si no de peligro, se le ve como un riesgo de incertidumbre que el país no estaría dispuesto a asumir; además de que su equipo de colaboradores. De Nico, el chofer privilegiado, al señor de las maletas y ligas, René Bejarano, no ha sido tampoco ajeno a prácticas escandalosas de corrupción política. Ni tan Santón.

Ni veracruz

Por otro lado, su perspectiva en Veracruz tampoco es la misma. Aquí la tendencia, igualmente favorable al PRI y a Peña Nieto, se contrasta con la mayor presencia del PAN, partido que ocuparía en segundo lugar. En la realidad política del Estado, los partidos que respaldan a López Obrador, así como los candidatos al Senado y a diputados federales ahora postulados, están desaparecidos. Ninguno de estos partidos –PRD- PT y MC, antes Convergencia– ha ganado un distrito electoral de mayoría en los últimos años. Sus aliados locales, a cuyos líderes remolcó hace seis años, no han visto la suya en numerosas elecciones federales intermedias y en todas las estatales. Como se recuerda hace seis años, López Obrador, en el mejor momento de su carrera, ganó en el estado la elección para Presidente de la República y jaló el triunfo de los senadores que le acompañaron –Dante Delgado y Arturo Hérviz, quienes sólo sirvieron a sus propios intereses y si acaso a los de sus partidos. Dante se ocupó del negocio conservar el registro de su partido, el que cambió de nombre, conservando los mismo vicios (él sigue siendo el mandamás), y de falta de representatividad. Dante Delgado regresó al estado unos días, en 2010, para hacer campaña como candidato a gobernador y cayó hasta el tercer lugar de tres candidatos. Arturo Hérviz, «líder» del PRD local, sólo vino a promover créditos para viviendas, enganchar con una financiera que resultó fraudulenta, eso sí, hace unos días presumió de haber cumplido como senador y que iba a recibir, al final de su gestión, tan sólo de ahorro más de un millón de pesos, aparte lo que le toque de su bono de marcha. Con esos aliados, no debe quejarse López Obrador de que esta vez no voten por él. Aunque haya llenado la mega plaza del malecón del Puerto con acarreados ¿de Tabasco?

¿quiÉn autoriza las obras?

el ayuntamiento de Xalapa y su Comisión Municipal de Agua y Saneamiento (CMAS) deberían tener más cuidado con las obras de particulares que autorizan. Nadie se opone a que lleguen inversiones a la ciudad, pero con obras debidamente planeadas para que no afecten a los demás ciudadanos. El hotel que se construye sobre el Paseo Cristóbal Colón en Las Ánimas, propiedad de una familia de apellido Peredo, de súbito enriquecimiento, en ciertos negocios de venta de bienes a burócratas, con descuento a la nómina, se ha convertido en serio problema para los vecinos. Las lluvias de días pasados se estancaron en las obras que realizan y fueron devueltas al drenaje de la Torre Ánimas, provocando inundaciones en el estacionamiento y planta baja con cuantiosos daños a vehículos, elevadores y archivos de dependencias públicas. Aparte del lodazal cuando llueve o polvareda cuando no, que tienen hecha la cuadra. Ya tienen el precedente del edificio Hákim en Araucarias y Pico de Orizaba, donde autorizaron obras inadecuadas, que luego detuvieron por insuficiencia del drenaje, y ahora para restaurar la calle y los problemas de contaminación que dejó el mega hoyo, le han tenido que meter dinero público.
¿No escarmientan?

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