Ante la jornada electoral del domingo próximo, se presenta en los ciudadanos la reflexión sobre el sentido del voto y qué hacer con él. La Nación, como cada seis años, decidirá su rumbo político y elegirá Presidente de la República y representantes al Congreso federal, 128 senadores y 500 diputados federales; además habrá elecciones locales en 15 entidades del país, en 6 de ellas para Gobernador, Chiapas, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Tabasco y Yucatán y en el DF Jefe de Gobierno.
El régimen democrático como forma de gobierno, es sabido, tiene uno de sus principales rasgos formales en el hecho de que las autoridades y la integración del poder público proceden de la voluntad de los ciudadanos libremente manifestada mediante el voto en las elecciones.
El voto individual agregado al de otros ciudadanos conforma la decisión colectiva que otorga la representación a los que alcancen el resultado mayor. Es por ello el voto, mandato y vínculo entre gobernantes y electores, y las elecciones, mecanismo de legitimación racional tanto de la integración del poder público como de su actividad durante el periodo para el que fueron electos.
Las elecciones organizadas por un órgano independiente e imparcial, el Instituto Federal Electoral, el día de la jornada se ciudadaniza: son ciudadanos los candidatos a los cargos de elección, lo mismo que los electores y los responsables de integrar las casillas electorales, recoger la votación y hacer los cómputos de los resultados. No sobra decirlo pero serán unas elecciones en extremo vigiladas en las que si bien no se descarta la presencia de incidentes e irregularidades, no cabe la posibilidad de un fraude maquinado.
Aparte de los controles de padrón electoral con fotografía, boletas y credenciales de elector infalsificables, aislamiento del lugar de emisión del sufragio, marcado imborrable del lápiz en la boleta, por demás fuera de cuestionamientos, habrá múltiples observadores que se hacen contrapeso. No solo a nivel de casilla, donde participan no sólo los 4 ciudadanos que fungen como funcionarios electorales, sino también los representantes de los partidos políticos, y se han acreditado en el país más de 31 mil observadores electorales, dentro de los cuales 696 son internacionales.
Por otro, como se acostumbra en estos eventos, habrá fuerza pública del Gobierno del Estado y las fuerzas armadas federales para garantizar el orden y la libertad de votar, y también autoridades para recibir denuncias por delitos electorales.
La noche del domingo tendremos resultados preliminares y los datos del conteo rápido, a cargo del Instituto Federal Electoral, y a partir de entonces, cuando se perfilen triunfadores y derrotados, y comience a emerger un nuevo mapa político del país, se observará la madurez de los actores políticos del proceso y la autenticidad de sus promesas de aceptar la voluntad de los electores, respetando los resultados.
DILEMAS DEL ELECTOR
Mucho se objeta a la democracia formal, y no faltan razones para criticar la brecha que se abre entre lo formal y lo real. Desde la crítica a la partidocracia y las opciones limitadas a los candidatos postulados, las observaciones realistas de que partidos y candidatos son minorías u oligarquías que usufructúan privilegios en nombre de la democracia, hasta la falta de control del ciudadano sobre los representantes una vez que éstos han sido electos autoridades, cuando podrían actuar conforme a sus intereses, en vez de en beneficio de los representados.
Con todo, las elecciones son una oportunidad de manifestar la opinión individual que se sumará a una voluntad colectiva. El ciclo de las elecciones renueva el sentir ciudadano sobre la forma en que se ha gobernado y el voto es refrendo al buen gobierno o voluntad de cambio cuando los previamente electos han fallado.
El mensaje de votar es más claro que el de la abstención. Un voto de apoyo a los que su actuación nos parezca eficaz y conforme a nuestros intereses, o de rechazo a los que hayan abusado del poder y demostrado su incompetencia para gestionar los asuntos colectivos en la seguridad pública, el crecimiento económico, el empleo y la mejoría en los ingresos, la educación, el combate a la pobreza o a la corrupción gubernamental.
En la víspera de la jornada la pregunta es: ¿cómo usar el voto que es a la vez una prerrogativa, un derecho y una obligación de los ciudadanos?
Las opciones son no ir a votar, anular el voto, o votar por los candidatos o partidos de la preferencia, hacerlo uniforme en las tres elecciones o diferenciado en cada una de ellas, votar por el que creemos es mejor, votar por el menos malo o votar en contra del partido y sus candidatos que consideremos no cumplieron con las expectativas y promesas.
No hay que perder la oportunidad de elegir a las autoridades. Votemos o no, habrá gobierno. Así que es mejor participar en su conformación.
México está urgido de un cambio de dirección y de enfrentar de manera renovada en la pluralidad política, los grandes problemas nacionales. Hagamos posible este cambio de manera pacífica, acudiendo a votar.