ASUNTOS PÚBLICOS: Consumado

Escrito por Eduardo Coronel Chiu

Zona Centro

Eduardo Coronel Chiu - 2012-07-06

No hubo milagro para el candidato de la coalición PRD-PT-MC, Andrés Manuel López Obrador, en los cómputos de votación de la elección presidencial que ayer estaban concluyendo en los 300 distritos electorales del IFE, y no obstante la apertura de paquetes y recuento de votos en casi la mitad de las casillas electorales, no se encontró al gato encerrado. El resultado es prácticamente el mismo del conteo rápido y las cifras preliminares. Se quedó en segundo lugar y la mayoría de votos la sostuvo el candidato del PRI-PVEM, Enrique Peña Nieto, virtual presidente electo.

Anoche el IFE reportó que el conteo oficial proveniente de los consejos distritales –incluido el voto por voto– llevaba ya un avance del 99.26 % de las casillas, con el cual Enrique Peña Nieto obtenía el 38.22 % de la votación, mientras que López Obrador alcanzaba 31.56%, una diferencia de 6.66% –equivalente a más de 3 millones votos–, ventaja irreversible con el 0.74% faltante de computar. Hoy a mediodía se espera la terminación del cómputo de la elección presidencial, ya sin ninguna sorpresa en su resultado final.

Se cierra esa fase del proceso electoral de la Presidencia de la República –mientras las otras dos elecciones, al Senado y para diputados de mayoría, siguen su curso de cómputo– y lo que viene es la impugnación legal de los resultados ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), recurso que ya anunció interpondrá el candidato perdedor López Obrador, en paralelo con la continuación de su agitado movimiento político para descalificar la elección.

Seguramente en los próximos días López Obrador, junto con los núcleos activistas de protesta que le siguen, continuará negándose a reconocer la derrota, actuando de manera similar a como lo hizo hace seis años, pero tampoco se ve nada viable que logre su pretensión de anular la elección presidencial. El clima de polarización y desconfianza en la certeza de la elección, al que incita López Obrador, acaso puede persuadir a sus fanáticos o crear imágenes mediáticas de que hubo fraude y tensar la situación política. Sin embargo, y se verá cuando se llegue el tiempo, el Tribunal Electoral Federal desechará su impugnación y declarará a Enrique Peña Nieto presidente electo.

Efectista, pero inútil para anular la elección

Los escándalos de supuestas pruebas de exceso de gastos del PRI, con los monederos de Monex que acusó el PAN en la víspera de la elección para pagar 700 millones de pesos a operadores electorales, y el más reciente montado por el PRD y López Obrador, las tarjetas de plástico del supermercado Soriana, con el que presuntamente el PRI había comprado votos, ambos negados por los priistas, no pasan de ser sabrosos chismes de coyuntura. Gustan a los simpatizantes de AMLO, a los jóvenes protagónicos de la primavera mexicana en sus 15 minutos de fama que quieren prorrogar, a los desconfiados y predispuestos a cuestionar a las instituciones, a algunos corresponsales extranjeros que aún ven a la democracia mexicana tipo bananera, a los anti priistas que maniqueamente ven la dualidad tramposos-malos en el PRI y a los buenos redentores en el bando de López Obrador. Pero no sirven como prueba en un proceso jurídico para anular una elección presidencial. No bastan para anular el voto de casi 50 millones de ciudadanos que distribuyeron sus preferencias en tres grupos principales, y que si bien le concedieron al proyecto de López Obrador 15 millones de votos, 35 millones votaron por otros candidatos. Más de 19 millones lo hicieron a favor del candidato del PRI, y estos votos, tan válidos como los de López Obrador, lo superan en cuantía; ya se sabía la regla democrática de que el sistema electoral concede el cargo a quien obtenga la mayoría de votos, no al que queda en segundo lugar.

Todos los partidos usan redes clientelares y practican en las jornadas electorales las estrategias de movilización o acarreos y provisión de beneficios a la población más necesitada, pidiendo el voto a su favor; lo hace sin duda el PRI, al igual que el PAN y obviamente también el PRD. Es tan delgada la línea que separa la propaganda utilitaria de la coacción de la libertad del voto que lo difícil es demostrar que la entrega de algún beneficio constituye el tipo del delito electoral. No es nada fácil acreditarlo en la Fepade ni tampoco en el Tribunal Electoral y menos que tales hechos encuadran en las irregularidades graves no reparables durante la jornada y que ponen en duda la certeza de la votación, en cuando menos el 25% de las casillas instaladas, y que fueron determinantes para su resultado.

La impugnación de AMLO deberá resolverse a más tardar el 31 de agosto, y el 6 de septiembre, como fecha límite, la sala central del Tribunal Electoral deberá calificar la validez de la elección presidencial y declarar electo al que obtuvo la mayoría de votos.

En lo que resta para entonces, todavía se va agitar más López Obrador y su gente. Esperemos que se mantengan dentro de los límites legales y que no se le desborden. Arriesga AMLO su capital político en la orilla otra vez de mandar ¡al diablo con las instituciones! Ya se sabía que era mal perdedor.

Calderón en Veracruz

Recibido ayer con la cortesía institucional del gobernador Javier Duarte de Ochoa, para la ceremonia de inauguración del tramo del Libramiento carretero Banderilla-Perote, el presidente Felipe Calderón ya no es el mismo. El escenario político del país ha cambiado radicalmente después de la jornada electoral del pasado domingo. Su figura ha quedado opacada para lo que le resta de su mandato, hasta el 30 de noviembre próximo, no sólo porque ya hay virtual presidente electo, Enrique Peña Nieto, del PRI, sino por la debacle electoral de su partido, que fue lanzado al tercer lugar como fuerza política nacional y perdió en seis de las siete elecciones locales que se disputaron es un hecho que no pocos juzgan como un rechazo a su gestión de gobierno. El regreso del PRI a la Presidencia de la República –después de dos sexenios del PAN– y como primera fuerza legislativa, aparte de los 20 estados en que gobierna, así como la colocación del PRD y sus aliados como segunda fuerza, ha disparado la crisis interna del PAN, ya visualizada durante el proceso electoral. A punto de dejar el Poder Ejecutivo, los panistas andan desolados y sin rumbo. Ya se verá qué queda de los escombros y cuáles grupos del PAN se apoderan del partido, una vez que vuelvan a ser oposición y carezcan de los recursos políticos para generar lealtades.

Luego del hundimiento del PAN del pasado domingo, el presidente Calderón intenta mantener cierta cohesión en su partido. Internamente todavía no le cobran las cuentas –aún es presidente– pero ya comienzan a salir los reproches –incluso desde el grupo cercano a la humillada Josefina Vázquez Mota– de que el presidente y los suyos la abandonaron y se desliza la versión de que pactó la nueva alternancia.

Por lo pronto ayer varios diputados locales del PAN simplemente desairaron la invitación a comer que les hizo el presidente Calderón. Ese PAN ya se pasó de tueste. Se quemó.

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