No parece simple de explicar las razones del radical viraje del presidente Felipe Calderón y el PAN sobre la legalidad y legitimidad de los resultados de las elecciones del pasado 1 de julio, que los acercan políticamente en esta post elección a su repudiado rival, el candidato del PRD-PT-MC, Andrés Manuel López Obrador.
Contrastan claramente las posiciones de la noche triste del PAN, de franca aceptación de la derrota, e incluso felicitación del presidente Calderón al en ese momento virtual ganador, el priista Enrique Peña Nieto, con las que ha venido manejando en los últimos días la dirigencia nacional del PAN, rematadas con la condena hecha ayer por el propio Calderón de que es inaceptable la compra de votos, presuntamente realizada por el PRI en favor de Peña Nieto.
Pese a que a lo largo de la campaña electoral el PAN había denunciado en varias ocasiones los excesos de gasto del candidato del PRI, entre ellos, la víspera de la jornada, el tema de los monederos de Monex con el que aseguraban moverían 700 millones de pesos en la operación electoral, el presidente Felipe Calderón, en su mensaje de la noche del domingo, sabiendo que la candidata del PAN había sido lanzada hasta el tercer lugar, no hizo la menor mención de ello, ni de nada que asomara alguna duda sobre la limpieza de las elecciones. Al contrario, dijo en actitud notoriamente risueña que «el día de hoy, millones y millones de ciudadanos acudimos a las urnas para elegir», y subrayó, «con plena libertad». Enseguida descalificó sin mencionar a López Obrador y a su partido, refiriendo que «si bien algunos partidos políticos o candidatos han hecho ciertos señalamientos de preocupación, una vez más ha quedado claro que es la vía electoral el camino que los mexicanos hemos escogido para preservar una vida política tolerante, ordenada y civilizada entre nosotros». No dudó en felicitar a Enrique Peña Nieto, reportado momentos antes por el conteo rápido del IFE como el virtual triunfador, a quien le manifestó su disposición de colaborar con su equipo para el cambio de administración, y para más exhortó a que «apoyemos a quien encabezará el Poder Ejecutivo». Además hizo un reconocimiento «a cada uno de los mexicanos que hicieron posible que esta elección fuera un ejercicio de civilidad». Tras admitir que había «muchas cosas» para mejorar y perfeccionar nuestra democracia, Calderón apuntó «sin embargo, hoy, el pueblo de México ha tomado una decisión en las urnas, que todos debemos respetar». Y agregó que en caso de existir inconformidades con el proceso electoral, éstas se encaucen por la vía institucional y que se agoten todos los procedimientos contemplados por la ley, apelando a «la madurez de los actores políticos». Tampoco faltaron las frases de consolación democrática a los perdedores. «En democracia no hay victorias permanentes y no hay derrotas para siempre», asegurando su convicción de que «cuando hay elecciones libres, quien verdaderamente gana es el pueblo de México. Mi gobierno acatará invariablemente las decisiones de la autoridad electoral», y para finalizar, sus arengas de que «México se refrenda como un país de libertades, debemos sentirnos orgullosos por este logro colectivo».
Previamente, esa misma noche, incluso antes de que el presidente del Consejo General del IFE, Leonardo Valdés, informara del conteo rápido, la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, reconoció que los resultados no le favorecían y pidió a los demás contendientes reconocer la derrota. En un ambiente de duelo, al que no correspondía su congelada sonrisa como si siguiera en campaña, Vázquez Mota dijo: «Felicito a los millones de mexicanos que desinteresadamente participaron como funcionarios, reitero mi confianza en las instituciones que los mexicanos hemos construido con tanto afán y confío en la voluntad de los mexicanos que se expresó en las urnas».
En el mimo sentido y con la deblacle no sólo en la elección presidencial, la elección al Senado y de diputados, sino también por la derrota electoral en las elecciones locales para gobernador en los estados de Morelos, Chiapas, Yucatán y Tabasco, y de Jefe de Gobierno del DF, –sólo ganaron en Guanajuato– el presidente del comité nacional del PAN, Gustavo Madero, calificó los resultados como «una derrota mayúscula», pero se negó a renunciar.
La otra cara
Algo pasó en la reunión celebrada en Los Pinos con el presidente Calderón a la que asistieron la cúpula del PAN, incluida la candidata presidencial perdedora, Josefina Vázquez Mota, cuando ya para entonces se sabía que López Obrador no aceptaría los resultados y acababa de denunciar la presunta utilización del PRI de las tarjetas de beneficios a clientes de Soriana en la compra de votos. Repentinamente, el PAN comenzó a cuestionar la elección que antes había legitimado. Este fin de semana, Gustavo Madero, coincidente con López Obrador y su coalición, insistió en que «las pruebas apuntan a que el pasado primero de julio los mexicanos fuimos testigos de un operativo sofisticado de compra de voto, en el que pueden estar implicados gobernadores emanados del PRI que avalaron el uso indebido de recursos públicos en la promoción de ese partido. Casos como el de Monex o el de la compra de tarjetas a Soriana con fines electorales (por favor no mencionar Oportunidades) ofende a los mexicanos e impide que haya equidad y certidumbre en el proceso». El colmo fue la declaración de ayer del presidente Calderón.
Olvidando su famosa frase cuando ganó a López Obrador la Presidencia en 2006, haiga sido como haiga sido, esta vez el purista democrático Calderón dijo que es inaceptable que se dé la compra de votos. «Esta compraventa de voluntades políticas, así sea una o 10 o 100 mil, es simplemente inaceptable y hago votos porque la autoridad electoral rectifique de inmediato y la castigue si debe castigarla. El tema de las tarjetas (de las que el PRI sostiene es un montaje de López Obrador y la empresa Soriana, declara estar ajena a cualquier fin electoral) y las cuentas y todo, es un tema que no digo va a ser suficiente, no lo sé, para descalificar una elección con esas diferencias, pero que debe ser resuelto, por supuesto, no podemos quedarnos con qué tanto es tantito». Abundando en el tema de la compra de votos, dijo que todos compran votos, «seguramente el PRI compró y aquí en el DF seguramente el PRD compró, etcétera (se entiende la elipsis panista), pero qué tanto afectan al proceso (hay que saber), es un vicio de nuestra calidad democrática que tiene que corregirse de inmediato. Aquí no haiga sido como haiga sido.
Ayer por la noche, después de una encerrona, se conoció el comunicado de la dirigencia del PAN. De malabarismo discursivo, impugnarán la elección presidencial, pero no en coalición con López Obrador que los llamaba a sumarse a su causa, aceptan la organización y los resultados de la elección, pero condenan la «inequidad severa y faltas graves». Entre otras, rebase de gastos de campaña y de aportaciones, mecanismos paralelos de financiamiento, la compra de votos, participación indebida de gobiernos estatales y municipales e inequidad de medios de comunicación.
Batalla perdida
La desaparición en la Constitución de la República y el Código Electoral de la causa de nulidad abstracta o genérica, hace imposible anular la elección por «inequidad» y tampoco es nada fácil demostrar jurídicamente al Tribunal Electoral de la Federación que hubo «compra de votos», que dicha práctica se realizó en por lo menos el 25% de las casillas (cerca de 36 mil casillas), y que fue causa determinante para su resultado. Si era previsible que AMLO no aceptara los resultados, nunca los acepta cuando pierde, hay que encontrar las razones de la nueva estrategia del PAN de rechazo a los resultados, más cuando es un giro extremo sobre su posición inicial. Un caso de esquizofrenia política, de arrepentimiento de Calderón por legitimar al PRI y abandonar a Josefina, ante la amenaza de López Obrador, o la creación artificial de una causa para intentar unificar al PAN bajo el mando de Calderón y los suyos, en su desmoronamiento tras la debacle, presionar a Peña y al PRI para una negociación. Será el bendito. Lo cierto es que ya perdieron la Presidencia de la República. Serán tercera fuerza en la cámara diputados, segunda en el Senado y gobernarán sólo en 7 estados de la República.