ASUNTOS PÚBLICOS: La pelea por los despojos del PAN

Escrito por Eduardo Coronel Chiu

Zona Centro

Eduardo Coronel Chiu - 2012-07-16

De las tres fuerzas políticas contendientes en las pasadas elecciones tanto federales como estatales que se celebraron el pasado 1 de julio, con los resultados ya conocidos, sólo el mayor derrotado, el Partido de Acción Nacional (PAN), aparece ocupado en su inmediata reestructuración.

El escenario del PAN no podría ser más desolador. Deberá entregar la Presidencia de la República al PRI el próximo 1 de diciembre, después de haber gobernado durante dos periodos consecutivos, su candidata a la Presidencia, Josefina Vázquez Mota, cayó al tercer lugar; será tercera fuerza en la Cámara de Diputados, segunda en el Senado, y sólo gobernará en siete entidades de la República. Mientras el PRD y sus aliados, el PT y MC, son avasallados por la aventura de su candidato de invalidar las elecciones y en paralelo en tomar las posiciones que ganaron –segundo lugar en la Cámara de Diputados, tercero en el Senado y en tres entidades los gobiernos locales; y el PRI, en la defensa de su triunfo en el Tribunal Electoral y en su preparación para la transición, su regreso al Poder Ejecutivo y a asumir su mayoría en el Congreso, el PAN, con la certeza de la debacle, inició casi de inmediato su «reflexión interna» con el objetivo evidente de sus liderazgos decaídos de buscar los tempranos reacomodos a su nuevo rol de oposición. Al estrecharse su horizonte de posiciones y ante el inminente desalojo del gobierno, sus grupos políticos tienen puesta la mira en el partido como refugio y esperanzas de conservar los cotos de poder que muy pronto será lo único que les quede.

El humo de las escandalosas impugnaciones postelectorales y el protagonismo de López Obrador y sus seguidores, que anhelan sin fundamentos que se repita la elección, así como la ruta legal que llevará la legitimación del nuevo gobierno, a más tardar el 6 de septiembre, no logran evitar se reconozca que el PAN, junto con el gobierno de Felipe Calderón, fueron rechazados por el electorado nacional. Y para que regresen al gobierno, si es que alguna vez pueden, le cuelga.

OPORTUNISMO, ANTES DE LA ENTREGA DEL PODER

No sin oportunismo se ve por ello la acometida impulsada por el propio presidente Felipe Calderón y su grupo para intentar controlar los liderazgos del PAN en el Congreso y copar la dirigencia nacional del Partido, que aún detenta el vapuleado Gustavo Madero, que no se quiere ir, y extender sus ramas a las dirigencias estatales, encubierta en los propósitos de efectuar la benévola y complaciente autocrítica y refundar el partido, obviamente bajo el control de esa camarilla calderonista. La premura de su asamblea, prevista para el mes de agosto, claramente obedece a la conveniencia de que esos debates internos y reformas se realicen mientras Calderón sea Presidente la República y pueda aún maniobrar con la poca fuerza que le quede para colocar a los suyos.

La degeneración de los valores del PAN al convertirse en gobierno, donde sus cuadros y reclutamientos de políticos de otras fuerzas, antes adversarios, devinieron en el pragmatismo, la corrupción, el abuso de poder, el clientelismo de pobres en programas sociales y la trampa electoral, la ineficacia en los resultados de gestión, bajo crecimiento económico, mayor pobreza e inseguridad, entre otros, equivalentes a los que decían combatir cuando eran oposición, han sido abundantemente documentados a lo largo de sus doce años de gobierno. Ahora ya los conoce la gente y por eso aunque su candidata, con todo el cuchi cuchi y los apoyos de gobierno, obtuvo sólo 12 millones de votos; dos tercios de la ciudadanía, más de 35 millones, votó en contra de ellos.

La operación del grupo de Calderón para quedarse con el partido ya ha sido alertada desde el interior del PAN. Una muestra de las corrientes excluidas al banquete es la del senador Ricardo García Cervantes. En reciente entrevista, el ex subsecretario de Gobernación disecciona los factores de la debacle del PAN y sintetiza el tema: la corrupción hundió al PAN, se cambio el deber por la conveniencia. Los grupos responsables de la corrupción interna son los que harán la reflexión sobre las causas del derrumbe y se repartirán el botín. Las mismas facciones que hundieron al partido, sostiene García Cervantes, perfilan imposiciones, recomposición de grupos, busca capitalizar la campaña y conservar sus cotos de privilegio.

COMERSE EL PAN EN VERACRUZ

representativa de esas facciones corruptas que se asentaron en el PAN es la de Miguel Ángel Yunes Linares y sus hijos; ex priista de la peor ralea, cuyos desvíos de recursos públicos, enriquecimiento en los cargos y antidemocracia están profusamente documentados, tanto en su militancia con el PRI como en el PAN, ésta con la protección de Calderón, se ha presentado ya como el salvador de ese partido en Veracruz.

Sabida la pugna interna existente en el PAN local, exhibida en sus procesos de selección de candidatos por las imposiciones conseguidas por Yunes al amparo de Calderón –en 2010 fue impuesto candidato a gobernador y perdió, y en la reciente colocó a su hijo Fernando como candidato al Senado, que también perdió la mayoría, aunque será senador de primera minoría, este fin de semana dio el madruguete al grupo rival de los antiguos panistas.

Como si hubieran arrasado en la entidad y la ventaja mínima de Vázquez Mota alcanzada aquí en la elección presidencial significara un triunfo personal, Yunes Linares presumió de que Veracruz había sido una «isla en este naufragio», que tendrán un senador y ocho diputados (cinco de mayoría y tres plurinominales).

Yunes Linares intenta de nuevo desplazar al antiguo liderazgo del PAN, al que ha dividido cada vez que participa, presentando la derrota como un triunfo suyo. La competitividad electoral del PAN en Veracruz no proviene directamente de su presencia, como quiere mostrar, no tanto a los veracruzanos, sino a sus aliados centrales, principalmente Calderón, para que le endosen desde ahora la franquicia estatal. En realidad el ascenso electoral del PAN procede, primero del efecto Fox en 2000, y sobre todo de la operación de los programas clientelares de sus gobiernos federales, que lo pusieron en cerrada competencia con el PRI en elecciones locales, pero si se observan las tendencias, ya es declinante y más lo será a partir de diciembre próximo en que serán limpiados de las delegaciones federales una de sus fuentes principales de inducción de votos.
En la pasada elección, benefició al grupo de Yunes Linares que el PRI no haya desplegado una estrategia más agresiva en contra del PAN, y le hayan permitido que su hijo Miguel Ángel operara como delegado estatal el programa Oportunidades, pero aún así lo superó en la elección al Senado y en 11 distritos de 21 en los que disputaron la diputación federal.

En realidad el mejor año electoral del PAN en elecciones federales es en 2006, en la que Yunes no fue el responsable de la operación electoral, ya que aún abajo en la presidencial, obtiene un puesto en el Senado por primera minoría –al igual que esta vez– y 11 diputados de mayoría, 6 más que ahora. Así que ahora no tiene nada que presumir.

El ciclo electoral del PAN se ha cerrado. Subió con Fox en 2000, y luego, dos veces, ya bajo el Gobierno Federal panista en 2004 y 2010, estuvo cerca en la competencia al Gobierno del Estado. Fuera del gobierno y sin los apoyos oficiales a su favor en los programas clientelares, el próximo año de elecciones locales para diputados y ayuntamientos volverá a sus niveles de competencia sin vejigas para nadar.

Por lo pronto, la rapiña por los despojos del partido, que en el plano nacional protagoniza Calderón y su grupo –entre ellos su hermana Luisa María, Ernesto Cordero, Roberto Gil, Max Cortázar y Javier Lozano– tiene su parangón en Veracruz en el buitre Miguel Ángel Yunes Linares. Como estará la corrupción en el PAN que aquí lo quiere «refundar» un ex priista que ha traicionado a todos sus circunstanciales y convenencieros aliados. Seguramente lo va a refundir. Pero los huesos federales se van a acabar, y no habrá mucho de donde roer.

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