Un inesperado giro –positivo, debe decirse– se produjo ayer la escena política en torno de la inminente renovación del Auditor General del Órgano Superior de Fiscalización (Orfis), responsable de la revisión de las cuentas públicas de toda la estructura del Estado.
Cuando parecía que ya todo estaba arreglado en el Congreso del Estado para reelegir inmerecidamente en el cargo, que vence el próximo 18 de agosto, por siete años más, al desacreditado contador Mauricio Audirac Murillo, que está por cumplir seis años, pues así lo había anticipado el presidente de la Comisión de Vigilancia, el priista Américo Zúñiga, secundado por diputados tanto del PAN como del PRI, y sólo faltaba el dictamen de propuesta y su votación en el pleno del Congreso, han aparecido signos de una posible reconsideración.
En paralelo a la campaña reeleccionista de Audirac, incluidas innumerables inserciones pagadas en medios, ha venido creciendo el desacuerdo en distintos sectores, con el desaseado procedimiento para prorrogarlo, que aunque legal es inequitativo, ya que omitiría la convocatoria abierta, excluyendo de toda oportunidad de participación a otros aspirantes; y más aún por la ausencia de méritos y sobra de manchas en el cuestionado Auditor, en cuyo expediente público no dejan de mencionarse entre otros atributos, su enriquecimiento personal, el maquillaje de cuentas, la extorsión a alcaldes, el tráfico de contratos con despachos contables, y de obras y servicios en los entes que debe fiscalizar.
Consenso de partidos políticos contra la reelección
Pero lo más significativo de este giro, ahora observado, es el nuevo consenso entre dirigentes de partidos políticos, cada uno por separado y en tiempos diferentes, para abrir la convocatoria para elegir auditor general y transparentar el proceso de evaluación de aspirantes y la decisión del nuevo nombramiento.
La oposición a la reelección sin más del actual auditor ya había sido manifestada desde hace algunos días por algunos dirigentes de partidos políticos, entre ellos, del PRD, PT y Movimiento Ciudadano, respectivamente, por voz de Juan Vergel, Juan Carlos Dueñas y Cuauhtémoc Pola, e incluso, por un miembro de la dirigencia del PAN, su representante jurídico Víctor Salas. Sin embargo, el remache lo dieron ayer los dirigentes del PAN, Enrique Cambranis, y sobre todo, por la connotación de su posicionamiento, el presidente del PRI estatal, Érick Lagos.
El dirigente estatal del PAN, Enrique Cambranis, en su conferencia de prensa de ayer, expresamente se pronunció en contra de la reelección de Audirac porque no ha hecho bien las cosas, dijo, y refirió acciones de presión del auditor general sobre alcaldes de su partido, calificándolo de grillete, pero le venía mejor «grillote». Admitió Cambranis la existencia de puntos de vista distintos de los diputados de su partido, donde varios de ellos están abiertamente sumados a la cargada, pese a que hace unos meses reprobaban al auditor, y aunque reiteró que todavía no se ha fijado una postura oficial del PAN sobre el tema, adelantó que él está a favor de que haya «aires nuevos» en el Orfis. Pero la más sintomática fue la posición del líder del PRI estatal, Érick Lagos, cuyo partido tiene la mayoría absoluta en la Comisión de Vigilancia y en el Congreso, donde sus diputados han actuado como la principal corriente promotora del nuevo periodo de Audirac.
Erick Lagos «exhortó» a la Comisión de Vigilancia para que expida la convocatoria de ley que permita la inclusión de más propuestas en la designación del titular del Orfis, y se pronunció por un proceso transparente que dé certeza a los veracruzanos y garantice el mejor perfil para la fiscalización de recursos.
¿Rectificación?
Más importante que su posición formal como dirigente del partido mayoritario en Érick Lagos, es su cercanía con el gobernador Javier Duarte, así como su conocido rol de operador político de éste. Por ello, su mensaje es revelador entre líneas de que no todo está consumado en favor de Audirac, que se ha detenido la aplanadora unilateral para imponerlo sin adversarios, y que no es remoto que se haya reconsiderado el costo político que ocasionaría el descrédito de mantenerlo en el cargo. En primer término, erosionaría la comunicación y los acuerdos con los partidos y sería una abolladura al inédito consenso logrado recientemente entre todas las fuerzas políticas de Veracruz con motivo de la aprobación del nuevo Código Electoral. Por otro lado, frente a las elecciones del próximo año, de diputados y ayuntamientos, en nada ayudaría para la percepción de los gobernados mantener a un personaje tachado de corrupto como Audirac en un área que debe garantizar la honestidad y la eficiencia de la gestión pública.
La convocatoria pública a aspirantes al cargo de Auditor General no impide la participación de Audirac, pues éste, por disposición de la ley, tiene derecho a una reelección; pero de entrada, abrir el proceso selectivo cuando aquel ya se la había comido sin rivales ni evaluación, democratiza en la forma el procedimiento. Ahora que, una vez abierta la competencia, si es que se apunta Audirac, lo mejor será renovar al Orfis. Reelegir a Audirac sin convocatoria ya es una burla, hacerlo con simulacro de competencia sería una burla con exponente