Presidente Electo, nuevo Congreso y último Informe

+ Asuntos Públicos, por Eduardo Coronel Chiu

Zona Centro

Eduardo Coronel Chiu - 2012-09-03

La declaratoria de Presidente de la República Electo en favor del candidato del PRI-PVEM, Enrique Peña Nieto, resolución definitiva e inatacable hecha en la víspera por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y el inicio, éste sábado, del periodo de sesiones del Congreso de la Unión, ambas representaciones políticas emanadas de los comicios de julio pasado, opacaron el sexto y último informe del declinante gobierno de Felipe Calderón Hinojosa.
El interés del entorno político y de los grupos legislativos que iniciaron sus trabajos, se observó, por un lado, más centrado en el nuevo gobierno que inicia la transición al mando y, por el otro, en las acciones de resistencia de los que quedaron inconformes con el fallo electoral, así como en el reacomodo de las fuerzas en el naciente congreso dividido, con el PRI de primera fuerza, pero sin mayoría absoluta, y por tanto, obligado a negociar acuerdos, y en las agendas que impulsarán; en un nivel inferior quedó la evaluación y los posicionamientos sobre la administración que acaba en menos de 90 días.
Afuera, la oposición a Enrique Peña Nieto, encabezada por el perdedor Andrés Manuel López Obrador, anuncia la «resistencia civil» –la reedición de las protestas de hace seis años– convocando a sus simpatizantes para el 9 de septiembre al Zócalo del DF, donde definirán las acciones que van a seguir hasta que se desvanezca el movimiento por infructuoso. Dentro del Congreso, los simpatizantes de AMLO, los legisladores del PRD, PT y MC juegan en dos pistas. En una de ellas, resuenan aún las lamentaciones por la elección perdida en las urnas y la descalificación a las autoridades electorales –IFE y Trife–, hacen duelo teatral por la «muerte de la democracia» y amenazan, sin perspectiva de éxito, con instaurar juicios políticos a los funcionarios y magistrados electorales; en la otra, la de sus funciones legislativas, dejan abierta la puerta institucional, e incluso ocuparon los cargos en los órganos de gobierno camaral para promover y negociar sus agendas legislativas.
El PRI en el Congreso, de entrada, cedió posiciones tanto al PAN como al PRD, pretende dejar atrás el proceso electoral –ya hay presidente electo– y se muestra dispuesto a llegar a acuerdos para construir la agenda de reformas que apoyen el programa de gobierno de Enrique Peña Nieto, de las cuales se destacan la creación de una comisión anticorrupción, la ampliación de la transparencia y la regulación de la publicidad gubernamental en medios de comunicación, además de las atoradas reformas energética, fiscal, laboral y de seguridad pública. Por su parte, el PAN, aunque defiende los logros de sus gobiernos –«no se explica» cómo siendo tan buenos los echaron de Los Pinos–, se prepara para jugar el rol de la «oposición leal», avalan la legalidad de la elección y dejan solo a AMLO, e insisten en que no permitirán la regresión autoritaria, tratarán de destrabar las reformas estructurales y promoverán la democratización y la transparencia. Para empezar, hicieron propias las iniciativas preferentes enviadas por Calderón para reformar la Ley Federal del Trabajo, presuntamente para fiscalizar a sindicatos y flexibilizar las relaciones laborales y la ley de contabilidad gubernamental, que busca transparentar las cuentas de gobiernos estatales y municipales.
El pasado y el futuro próximo
Es explicable la jerarquía de los temas. El Congreso inicia y el nuevo gobierno asume el 1 de diciembre. Calderón ya está agotado y salvo la rendición de cuentas que se le exija, el fracaso de su gobierno en seguridad, crecimiento económico, empleo y pobreza es cosa sabida. No hay mejor prueba que la votación en contra del partido en el poder, que cayó al tercer lugar; a estas alturas nadie cree en los informes justificatorios de las políticas aplicadas en seis años, en sus argumentos y cifras, emitidos sin autocrítica, con vuelo publicitario para intentar maquillar la imagen del presidente de salida. Como protocolo, el VI Informe de Calderón fue turnado a las cámaras, donde en breve habrán de empezar su glosa, mientras que hoy, el aún más chico presidente montará en Palacio Nacional un breve acto en el que dará un mensaje de balance y despedida. Ya vamos por menos días.
No se ven aún los veracruzanos
Escasa participación en el nuevo ciclo político han tenido hasta hoy los veracruzanos.
Los 28 nuevos diputados federales y 3 senadores de Veracruz, emergidos de todos los partidos políticos, todavía no figuran. Ninguno de ellos fue considerado por su partido para fungir en los liderazgos de los grupos legislativos, ni para integrar los órganos de gobierno en ambas cámaras. A ver qué les toca en el reparto de las comisiones legislativas, próximas a constituirse.
Los priistas de Veracruz tampoco aparecen en el equipo cercano del hoy presidente electo Enrique Peña Nieto. No estuvieron en el grupo central de su campaña electoral (sólo en la coordinación en el estado) ni en el primer grupo de colaboradores designado para la realización de tareas y formulación de políticas públicas. Esta semana Peña Nieto nombrará al equipo de la transición, el que comenzará a recibir en su nombre las dependencias de la administración pública federal y aún es incierto si entre ellos habrá algún veracruzano, o como parece ser, ese paquete se lo comerán el grupo del Estado de México y los hidalguenses. ¿Qué pasó?

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