ASUNTOS PÚBLICOS: AMLO: partido de la desobediencia civil
Escrito por Eduardo Coronel Chiu
Zona Centro
Eduardo Coronel Chiu - 2012-09-10
Como epílogo del proceso electoral en el que ya se declaró Presidente de la República Electo a Enrique Peña Nieto, el candidato derrotado, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), que como se sabe se niega a aceptar el resultado legal e irreversible, definió ayer su aventura política inmediata.
De su discurso en el Zócalo del DF, adonde convocó a sus simpatizantes para reflexionar sobre lo que sigue, bajo el lema «lo nuestro es cuestión de dignidad», en el que se comparó, sin rubor, con los mejores héroes de la Patria, queda en síntesis: su plan para convertir su Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en partido político (aunque dijo que habrá consulta, será mero trámite), dicho partido será su instrumento para desplegar, hasta que pueda, una estrategia nacional de desobediencia civil y su claro deslinde de los partidos políticos que lo postularon, el PRD, PT y Movimiento Ciudadano, antes Convergencia.
Su elección política no es una sorpresa. La ruptura con los partidos integrantes de la Coalición Progresista se veía venir. La intransigencia de AMLO al fallo del Tribunal Electoral, que estimó infundada su demanda de nulidad de las elecciones, en cuyo juicio no pudo probar las graves violaciones invocadas, colocó a sus aliados en un dilema; aislarse otra vez, como lo hicieron en las elecciones de 2006, y de sumarse de nuevo a las protestas de AMLO, recibir el costo político de aquella ocasión; por ello, esta vez, sus aliados partidistas, PRD, PT y MC no lo siguieron, optaron por el «reconocimiento institucional» del Enrique Peña Nieto como Presidente Electo, lo que preparó la separación que ahora se ventila.
Por otro lado, la personalidad combativa de AMLO, su invariable actitud a no reconocer las derrotas electorales y acusar de fraudes y complots a mafias políticas y oligarquías anti populares, combinadas con su liderazgo personal innegable, un capital político constituido por cerca de 16 millones de votos a su favor en la reciente elección, dos veces segundo lugar en elecciones presidenciales, sin duda le llevó a concluir de su valor político independiente. Por ello, tiene lógica la fundación de su propio partido político, a partir del núcleo duro de sus simpatizantes y fanáticos, como el juvenil #yo soy 132, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), la asociación civil que el mismo formó para ganar la postulación del PRD y las demás organizaciones de izquierda.
Sostener la disidencia radical
No se cree vaya a tener dificultades para formalizar la creación de un nuevo partido político nacional, que entre otros requisitos, se cuentan acreditar tres mil afiliados en por lo menos 20 entidades federativas, o bien 300 afiliados en por lo menos 200 distritos electorales. Así que pronto el partido Morena de AMLO tendría su registro, el acceso a las prerrogativas de que gozan los partidos, financiamiento público y publicidad, del mismo modo que su obligación de participar en elecciones, pero deberá alcanzar, cuando participe, cuando menos el 2% de la votación nacional para mantener el registro.
La próxima incorporación al sistema de partidos adelanta los escenarios de competencia por el mercado electoral, sobre todo, el de izquierda, en principio sobre el reparto de cuadros, quiénes se irán con AMLO y quiénes se quedarán con los demás partidos, y la incógnita de si su futura participación electoral restará votos al PRD, partido de origen de AMLO, o si eventualmente podrán construir nuevas alianzas.
En el corto plazo, se observarán, en el nuevo partido de AMLO-Morena, las consecuencias de la política de desobediencia civil anunciada como eje de su acción política y si éstas podrán sostenerse por mucho tiempo. Esta política es un tanto ambigua, pues al mismo tiempo que enfatiza la «desobediencia civil» –una forma de violar la ley, apelando a superiores principios éticos y morales– precisan que su lucha es no violenta, sin caer en provocaciones, sin afectar a terceros (hay que verlo). También anuncian que se opondrán por medios pacíficos a la aplicación de las reformas estructurales (laboral, fiscal y energética).
Como disco rayado, seguirán con el tema del fraude. Todos los fines de semana en las plazas públicas montarán algún espectáculo. Crearán, además, un tribunal popular electoral, con sucursales en los estados, para hacer un juicio alternativo de las pasadas elecciones, insistiendo hasta el cansancio en las lamentaciones. Igualmente habrá todavía más contra los medios de comunicación («cómplices de Peña Nieto») y seguirán promoviendo su democratización. Y por supuesto, el 1 de diciembre, el día en que tome posesión como Presidente de la República Enrique Peña Nieto, celebrarán en todas las plazas públicas del país actos contra la imposición.
Con algunas variantes, es la misma película de hace seis años.