ASUNTOS PÚBLICOS: De la selección del titular del Orfis

Escrito por Eduardo Coronel Chiu

Zona Centro

Eduardo Coronel Chiu - 2012-09-13

Que todavía no hay nada para nadie en la designación del Auditor General del Órgano de Fiscalización Superior (Orfis), dicen en el Congreso del Estado.

Cuando ya han desfilado para las entrevistas la mayoría de los 26 aspirantes al cargo, entre ellos varios de los considerados favoritos por sus méritos profesionales y relaciones, como Lorenzo Antonio Portilla, actual director de Evaluación y Control de la Contraloría del Estado, los 11 diputados integrantes de la Comisión de Vigilancia no dan aún color. Aseguran que no hay línea para nadie, que la evaluación de los aspirantes y la selección de la terna, en orden de prelación, que deben presentar al Congreso, serán transparentes. Tampoco en el resto de los diputados que votarán la terna hay quien suelte prenda. Los consultados dicen estar ajenos al tema, a la espera de que la Comisión de Vigilancia haga sus propuestas y se convoque a sesión extraordinaria del pleno en que será votada.

Alienta la versión de la ausencia de línea el hecho de que la Comisión de Vigilancia no cerró ayer la fase de entrevistas, como estaba previsto; reprogramaron las dos últimas para el próximo martes. El diferimiento significa para algunos observadores y aspirantes esperanzados la confirmación de que efectivamente la línea no ha llegado a los diputados –se atravesaron las fiestas patrias– y que por ello están ganando tiempo para tomar la decisión sobre los 3 finalistas y el que será elegido.

Los prospectos y el que será designado ya están en cubo, incluso ayer se presentó otro de los posibles para estar en la final, el contador Luis Andrade Sánchez, actual Director de Administración del Tribunal Electoral del Estado, quien entre otros cargos ha sido funcionario del Órgano de Fiscalización Superior, y por ello conoce este organismo desde adentro.

Esperando el humo blanco

Obviamente que deberá haber una deliberación, tanto en la Comisión de Vigilancia, donde el PRI es mayoría, como en el resto del Congreso, igualmente dominado por este partido, que con sus alianzas establecidas no tendrá dificultad para alcanzar votación de mayoría calificada que requiere el nombramiento del Auditor General del Orfis. En suma, el PRI tiene el sartén por el mango en la designación y por eso es de suponerse que si bien no prevalecerá un criterio de afinidad partidista en la selección, tampoco sería lógico pensar en que entregarán a alguien poco confiable o a un enemigo la poderosa función clave de comprobar el uso de los recursos públicos en el sector gubernamental de Veracruz. El Orfis revisa las cuentas de los tres poderes, organismos descentralizados y autónomos y los 212 ayuntamientos, a fin de comprobar que la gestión financiera esté apegada a la legalidad, prevenir y detectar desvíos, sancionar las irregularidades administrativas y denunciar los ilícitos cometidos por servidores públicos.

No obstante que la decisión es del Poder Legislativo, sería ingenuo pensar en que el gobernador Javier Duarte estará ajeno a ella. Menos cuando el titular del Orfis será electo para los próximos siete años (2012-2019) y le tocará revisar las cuentas del Poder Ejecutivo, prácticamente de toda la gestión del gobernador Duarte, que concluye en 2016, y además permanecerá cuando éste haya dejado el cargo.

Sin duda que el nuevo Auditor General deberá ser no sólo un técnico contable probado, sino también confiable. Hay que ver el antecedente del viraje político de René Mariani como titular del Orfis a la salida del gobernador Miguel Alemán. La rendición de cuentas de 2004, el último año de esa gestión, fue inédita. El equilibrio de fuerzas alcanzado por el PAN en el Congreso local y su fuerte presencia en la Comisión de Vigilancia, provocó que el entonces Auditor General súbitamente exhibiera infinidad de irregularidades que nunca observó cuando Alemán era gobernador. No se trata de encontrar tapaderas a la corrupción, pero tampoco entregar la Iglesia a un Lutero.

UN PILLINGRÍN EN LA LISTA

Un caso de cinismo y corrupción es el del abogado Antonio Gómez Pelegrín, aspirante al Orfis, que piensa que su actuación pública en Veracruz está prescrita y olvidada. Fue director de Administración de la Secretaría de Educación todo el gobierno de Miguel Alemán (1998-2004), al lado del titular de esa dependencia, Juan Maldonado Pereda, y nadie duda de que salió más enriquecido que su entonces jefe. Llegaron ambos (Maldonado y él) de capa caída, y si a Juanito no le fue mal, a Gómez Pillingrin le fue mucho mejor. Amasó una cuantiosa fortuna sexenal detrás del manejo del mayor presupuesto del estado; como riquezas de ese calibre no pueden ocultarse, le ha dado para vivir como potentado a ocho años de haber salido del negocio de la SEV. Pero no sin dejar huella. Se le tiene, entre otros, por propietario de numerosos bienes inmuebles, urbanos y ranchos, caballos de pura sangre, unos a nombre propio y otros de familiares en línea directa, es decir, prestanombres. Tan sólo en Xalapa se le conoce un inmueble de una hectárea en uno de los nuevos fraccionamientos de lujo, donde ha construido una magnifica infraestructura en la que funciona un plantel educativo, una inversión no menor de 15 millones de pesos, ¿ladronde?
Gómez Pillingrín ha hecho campaña de rumores, enfilado al Orfis, de que viene muy recomendado por los nuevos dueños del país, «la gente del Estado de México, cercanos a Peña Nieto», además de insertarse como un «buen elemento» en columnas y notas de algunos medios.

Después de su entrevista con la Comisión de Vigilancia, se dio baños de pureza en una nota que, se ve, fue pagada. Pontificó en las cualidades del auditor del Orfis, destacando «el deber legal y moral de cumplir estrictamente con la ley». No se atragantó hablando de honestidad, el titular del Orfis debe ser «honesto, tanto en su comportamiento ético personal como en el ejercicio de los recursos públicos a su cargo». Exactamente lo que no es. Y si no, de dónde se hizo riquísimo, si en 1998 vino a Veracruz con Maldonado, ambos con una mano atrás y otra adelante.

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