Como se había anticipado, así que no hubo sorpresa alguna, ayer el Congreso local nombró por 47 votos a favor y sólo dos en contra al primero de la terna, Lorenzo Antonio Portilla, como Auditor General del Órgano de Fiscalización Superior (Orfis) para los próximos siete años.
Consumada su designación y la rendición de protesta al cargo, ahora Portilla tiene ante sí y frente a los veracruzanos la responsabilidad de llevar a la realidad los proyectos anunciados para mejorar las actividades sustantivas del Orfis, la supervisión y comprobación de la gestión financiera –ingresos y gasto– de todo el sector público estatal –los tres poderes del estado, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, los organismos descentralizados, paraestatales y autónomos y los 212 ayuntamientos. Pero sobre todo, hacer efectivos los criterios que deben regir su actuación de autonomía, transparencia y legalidad, que han sido en gran medida palabras huecas, pura retórica, vista la gestión corrupta, oscura, encubridora y de tráfico de negocios de su antecesor Mauricio Audirac, principal responsable de la imagen desacreditada y de la falta de confianza en la rendición de cuentas en que se encuentra hoy el Orfis.
No es simple ni fácil la tarea. El Orfis es un poderoso instrumento de control del uso de los recursos públicos, de la legalidad y eficiencia en su captación y ejercicio, así como de la prevención o sanción de los desvíos e ilícitos. Pero hasta ahora ha sido un negocio privado de su titular y de sus cuadros incrustados en la institución. Además el Orfis ha sido una estructura penetrada por los acuerdos políticos y, no pocas veces, para el acomodo de recomendados por cuotas de influencia.
La primera prueba de autonomía está en puerta y en Portilla. De inmediato, la toma de distancia institucional de su hoy ex jefe, el contralor del estado, Iván López, conocida la propensión de éste a tratar de controlar y subordinar al titular del Orfis; por cierto que mal visto que el auditor interino designado tras la salida de Audirac, fuese llamado a acordar por Iván a la Contraloría y todavía lo tuviera esperando en la antesala. Igualmente se verán los signos o no de autonomía en los nombramientos que haga Portilla de sus principales colaboradores, en los que debe reflejar su propio carácter y afirmar su libre decisión, sin ceder posiciones a grupos de influencia que pretenden colocar, incluso a varios de los que compitieron con él por el mismo cargo. También se observará en la limpia o permanencia de la negra herencia de Audirac. No menos en la depuración de los despachos que contratan discrecionalmente y en la oscuridad, varios de ellos creados al vapor y a modo por el anterior titular, y la red de empresas contables y de obras, colocadas en las dependencias que el Orfis supervisa.
Ya hay materia de trabajo para el nuevo titular; debe fiscalizar las cuentas públicas del ejercicio 2011, que fueron entregadas por los entes fiscalizables en mayo pasado y rendir el informe del resultado a la Comisión de Vigilancia del Congreso a fines de este año.
Portilla tiene hoy la confianza, avalada por sus antecedentes personales y profesionales, en que hará un mejor trabajo que sus antecesores para construir la credibilidad en la rendición de cuentas en Veracruz. Se terminó el tiempo de las candidaturas y los proyectos, llega la hora de la demostración.
Los Cambios de Amadeo
Se esperaban desde hace unos meses cambios al nivel de subprocuradores de justicia del estado, pero los ayer efectuados por el procurador Amadeo Flores Espinosa sorprendieron a muchos. Sustituyó a 4 de ellos, y de pasada al director de la Agencia Veracruzana de Investigaciones (AVI). De este paquete, los que causaron desconcierto fueron los nombramientos de Fernando Vásquez Maldonado como subprocurador en la zona de Veracruz y de Julio Muñoz Díaz subprocurador para la Atención de Asuntos Indígenas. A nadie, salvo a Amadeo, se le hubieran ocurrido esos nombramientos. El perfil de ambos es político, aunque despachaban uno como director del Archivo de Notarías y del Registro Público de la Propiedad en la Secretaría de Gobierno, y el otro ahí mismo, como segundo de a bordo. Ninguno de ellos tiene antecedentes en la Procuraduría ni en el Poder Judicial, al contrario, han sido militantes de la organización política fundada por Amadeo, Vía Veracruzana, filial del PRI, y participado, especialmente Vázquez Maldonado, en la Secretaría de Elecciones del PRI y como representante de este partido en los organismos electorales. En la perplejidad surgió la pregunta de su misión: ¿habrá una subprocuraduría de grilla electoral?
Reaparece Salvador Sánchez
Entrados en las sorpresas del día, no pocos se preguntaron ayer qué hacía el ex secretario de Finanzas de la anterior administración, Salvador Sánchez, en la junta de gabinete convocada por el Gobernador del Estado, Javier Duarte de Ochoa. Antes de esa junta, Salvador se reunió en privado con el gobernador y al parecer su presencia obedece a una invitación para reincorporarse al Gobierno de Veracruz, del que fue unos meses representante en el DF, después de haber dejado la Sefiplan. En su nueva encomienda Sánchez participará en la Oficina del Programa de Gobierno, donde el aún titular, Ranulfo Márquez, oye los susurros para ahuecar el ala.
No se sabe si el retorno de Sánchez es temporal, para reforzar la integración del segundo informe del gobernador, ya que, por su amplio currículum y sus nexos familiares y políticos con el presidente de la Mesa Directiva de los diputados, el priista Manlio Fabio Beltrones, podría tener otras opciones en la administración federal al cambio de gobierno el primero de diciembre.
vacantes
Los recientes movimientos abren lugares en el Gobierno del Estado. En la Contraloría del Estado, la vacante de Director General de Control y Evaluación que deja la renuncia de Lorenzo Antonio Portilla, designado en el Orfis. Y en la secretaría de Gobierno, la Dirección y la Subdirección del Archivo de Notarías y del Registro Público de la Propiedad, por el rescate de sus correligionarios que hizo el procurador Amadeo Flores Espinosa.