Asuntos Públicos: LAGUNA VERDE Y CFE

+ Publicado en Diario AZ Xalapa y Veracruz

Zona Centro

Eduardo Coronel Chiu - 2012-10-17

Más político que otra cosa, pero prematuro, se vio el reconocimiento hecho ayer en el Puerto de Veracruz por el gobernador Javier Duarte y el director de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), Jaime González Aguadé, a la trayectoria del hoy «jubilado» y ya ex gerente de la planta nucleoeléctrica Laguna Verde, Rafael Fernández de la Garza.

Entendible la postura institucional del gobernador, en su calidad de presidente de la Comisión de Energía de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), y debido al apoyo que asegura haber recibido de la CFE para extender la electrificación al estado, no se corresponde, sin embargo, con la percepción de la población sobre los beneficios de la paraestatal y tampoco con la trayectoria del homenajeado.

Tanto la planta nuclear como la CFE tienen deudas pendientes con la población de Veracruz. Una en relación con el riesgo señalado en diferentes ocasiones por los habitantes de la zona enclavada en su radio de acción, así como por organismos civiles y expertos, y la otra, por las elevadas tarifas industriales y domésticas que cobra, más caras en comparación con los estándares internacionales, además de sus abusos en el servicio, lo que ha dado lugar a una vieja demanda y movilización eventual para buscar una reclasificación tarifaria, justificable por la contribución del estado a la generación nacional de energía eléctrica –sólo Laguna Verde aporta el 5.5% del total– y por los riesgos en que se ha involucrado a la población.



IMPOPULARES

Apenas en los primeros días de este mes, la CFE dispuso arbitrariamente la suspensión generalizada de la energía eléctrica en un municipio vecino a Xalapa donde hay, entre otros municipios, población que se ha negado a pagar el servicio, afectando tanto a morosos como a quienes habían pagado puntualmente por el servicio. El bloqueo de la carretera a Veracruz a la altura de Cerro Gordo obligó al Gobierno del Estado a mediar en el conflicto y a la CFE a reconocer el error de haber agarrado parejo en el corte de la luz. Obviamente la CFE no es de las simpatías de la población del estado.

Por otro lado, la renuncia de Rafael Fernández de la Garza (dicen que por jubilación) se da en medio de otra presunta crisis de la nucleoeléctrica, esta vez por la desactivación inusual desde hace dos meses de sus dos reactores, y la consecuente pérdida económica por falta de producción de electricidad, calculada en 2 millones 400 mil dólares diarios, según estima uno de los detractores antiguos de Fernández de la Garza, el físico de la UNAM y ex trabajador de esa planta, Bernardo Salas Mar. Esta situación, reconocida hasta ayer, fue minimizada por el gerente sustituto, Everardo Ortega Wright, refiriendo que se trata de un trabajo de mantenimiento mayor que ya era necesario, negándose a admitir las pérdidas, con la falacia de que no hubo tal, pues no se compró la energía para compensar la falta de producción.

Por su parte, la gestión de Fernández de la Garza no ha estado exenta de señalamientos de corrupción; concretamente se le ha mencionado como beneficiario de una red de servicios concesionados u otorgados por la planta a empresas con las que se le relaciona. No se sabe qué tanto hay de cierto en esto, pero lo que no se puede ocultar es su estilo de vida opulento y ostentoso, por demás conocido en el Puerto de Veracruz, de lo que sólo es una muestra su palacio en el lujoso fraccionamiento Costa de Oro.

La CFE tiene ya varios casos de corrupción en curso. El más conocido, el del grupo de altos funcionarios encabezados por el ex director de operaciones Néstor Moreno (ahora en prisión), detectados en una investigación de la justicia americana a empresas por sobornos a funcionarios mexicanos –el yate y el Ferrrari– entre otros, retomado aquí por la Secretaría de la Función Pública y la PGR por un daño patrimonial de mil 300 millones de pesos.

No vaya a ser que al cambio de gobierno, la cruzada anticorrupción alcance en su jubilación a Fernández de la Garza. Con todo y su galardón.



HIPERSENSIBLE A LA CRÍTICA

Extraño comunicado de la Universidad Veracruzana (UV) en el que se duele de la crítica pública y lamenta la falta de reconocimiento en los medios de su época de oro. Con el encabezado «La UV ha superado todos sus números», el texto realiza una oficiosa apología del rectorado de Raúl Arias Lovillo, que se condensa en calificar de «exponencial» su crecimiento de los últimos años en desarrollo académico, modelo educativo, tecnología; y no sólo eso, sino que lo hace en el momento de «mayor madurez política y académica de toda su historia»; «la mayor inercia democratizadora en toda su historia», dicen en otra parte del texto, frases que nos dejan históricamente estupefactos.

Reconociendo que no han alcanzado la perfección –aunque no les falta mucho– y que no se soslayan los pendientes de primera importancia que aún se deben atender, el comunicado da un giro para arremeter contra la crítica. Bajo el escudo de un personaje colectivo anónimo «el número de profesores, investigadores y estudiantes que se han manifestado», combaten a la «sistemática publicación en los medios de información tergiversados por motivos evidentemente extraperiodísticos (con segundas intenciones, dicen en otra parte) y que van del yerro en las siglas del MEIF a la constante descalificación de logros y de la misma comunidad universitaria».

En vez de mostrar las cifras históricas «exponenciales», la UV se limita a enunciarlas y a descalificar al enemigo de paja, embozado en los medios de información, en vez de señalarlo concretamente y refutar sus supuestos argumentos «tergiversados». Suena más a intolerancia a la crítica que a un debate de nivel universitario. Si no reconoces mi crecimiento exponencial y mi época de oro e inercia (sic) democratizadora, la mayor en la Historia (con H mayúscula), tienes motivos «extraperiodísticos» y «segundas intenciones». Heil Raúl, ¿qué pasó?

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