Al cierre del sexenio de Felipe Calderón, el tema más recurrente para englobar su gobierno es que ha sido el más violento en la historia del México post moderno, en donde el fenómeno de la violencia fue promovido a través de los medios informativos como una acción recurrente para proteger al Estado del crimen organizado, aunque aún no queda en claro si esto ha servido de algo socialmente y radicalmente es difícil dar una calificación cuando se habla de personas afectadas física y psicológicamente con éste hecho.
El monopolio de la violencia es un término usado en Europa para definir hasta dónde algunos grupos que lucran con la violencia deben ejercer presión entre gobierno y ciudadanos para modificar conductas sociales, pues esto deja de ser un tema moral para convertirse en una cuestión de táctica, “el fin justifica los medios”.
Así entonces, es importante tener identificados a quienes ejercen tal poder a través de la violencia que luego se desencadena en crueldad, si hablamos de narcotraficantes, debido a que sus mensajes sobre el ejercicio e imposición de su propia ley tiene que ser la más atroz. Y ¿por qué es así? Porque los ejecutores de la violencia, a expensas de defender su mercado de drogas, legalmente no tienen manera de mantener en orden sus operaciones y negociaciones a través de un sustento jurídico, como cualquier otro ciudadano bajo la protección de ley que el Estado le confiere cuando actos son totalmente legales. Ergo, impera la “Ley de Herodes”.
Con este argumento, se intenta de manera clara tener una línea estratégica y lógica en la toma de decisiones ante la posibilidad de aprobar o permitir la producción, distribución y consumo de drogas, que al parecer en este momento podría ser la Mariguana, pues si uno de los detonantes de la violencia es la lucha por el mercado y plazas de distribución de mercancía ilegal, en apariencia legalizar tal droga reduciría el tráfico y metodologías de ataque frontal con las dependencias de seguridad y entre los mismos comerciantes.
No obstante, y según observaciones internacionales, México aún no está preparado para legalizar el consumo de drogas, no tanto por falta de demanda, que claro está ha ido en aumento, pero a la par de éste tipo de patologías sociales se deben buscar las alternativas sanitarias y de seguridad social para este tipo de enfermos (y no delincuentes) que ahora representan un reto para las instancias gubernamentales competentes. La medida razonable es que a mayor consumo, también deben de crearse más centros de rehabilitación para disminuir el consumo y la demanda en el mercado.
Con esta media, los actores políticos que busquen legalizar las drogas en México, deben de manifestar que lo que se buscar un encausar todo el antecedente de la narcoguerra para por fin mantener un orden y certeza de que existe un Estado proteccionista que busca garantizar la libertad de todo individuo, así como ver los alcances que ello presupone, pues también se debe contemplar que no todas las entidades federativas estarán a favor de ésta medida.
Y también es importante destacar la resistencia que ponga el monopolio que propaga la violencia, pues debido a la par de que se tiene que cuidar la mercancía, surgió otro negocio con intereses internacionales como lo es el mercado de las armas.
Sin duda, el reto que viene para los líderes y representantes gubernamentales es poder, de cierta forma, pactar o negociar hasta dónde los señores de la violencia podrán actuar o intervenir acorde a sus intereses, sin intervenir o filtrarse en los asuntos del Gobierno y de la sociedad civil, y mucho menos ejercer un control absoluto a través de miedo y arbitrariedad con la que se conducen.