No puede pensarse en ingenuidad, pues todos están bastante grandecitos, y malicia no les debe faltar, así que bajo notoria presunción de deslealtad al Gobernador y apoyo político al «invitado de honor», hay que leer el escenario de lucimiento que le concedieron ayer al señaladamente corrupto Miguel Ángel Yunes Linares, varios magistrados del Poder Judicial, incluido su presidente Alberto Sosa Hernández.
sin importarles la rivalidad manifiesta con el Gobernador del Estado, Javier Duarte de Ochoa, a quien es de todos sabido no pierde ocasión de atacar el ex director del ISSSTE, Miguel Ángel Yunes Linares, y menos los cuestionamientos a su enriquecimiento ilícito en los cargos públicos recreados de nuevo recientemente, con la exhibición de sus mansiones y otras propiedades familiares, los del Poder Judicial, haciendo gala de su autonomía política y servilismo, le brindaron al controvertido político, hoy en el PAN, el espacio para otra reaparición mediática. Sirvieron claramente a sus propósitos de desafío e insulto al Gobernador al permitirle colocarse en los reflectores políticos.
El pretexto fue la rendición del informe de labores de la presidenta del Tribunal de lo Contencioso Administrativo, magistrada Irma Dinorah Guevara, al que se había invitado al gobernador Javier Duarte, quien decidió no acudir cuando fue enterado de que Yunes Linares ya estaba ahí –invitado por la magistrada Guevara con la obvia anuencia de Alberto Sosa, compadre y aliado político de Yunes– y era el centro de las atenciones y apapachos no sólo de los magistrados, sino también de algunos de los colaboradores del propio titular del Ejecutivo.
Pasaron al besapatas del perro los magistrados Irma Dinorah Guevara, Alberto Sosa, Julio Patiño, Fernando Charleston Salinas, Emma Rodríguez Cañada, José Luis Ocampo y hasta el Procurador General de Justicia del Estado, y por tanto, empleado del Gobernador, Amadeo Flores Espinosa. Parecía una estampa del pasado priista, los oldies de los noventas de la política de Veracruz, cuando, entonces secretario de Gobierno, Miguel Ángel Yunes era el jefe político de todos ellos debido a la desvinculación y ausencia constante del gobernador Patricio Chirinos Calero (1992-1998).
Pudo hacer lo que no permitía en el poder
Gracias a sus amigos del Poder Judicial que se quitan la careta y a la tolerancia del Gobierno del Estado, Yunes Linares, candidato del PAN derrotado a gobernador en 2010 y recrudecido enemigo de su vencedor Javier Duarte, luego de una breve tregua que obviamente traicionó, pudo placearse a sus anchas. Declaró otra vez contra el Gobernador y alardeó de que el PAN y él ganaran las elecciones en 2013, acciones cívicas imposibles de ejercer cuando él ocupó la Secretaría de Gobierno. Cualquiera con memoria de esos represivos y antidemocráticos tiempos recuerda que los adversarios de Yunes, los que se mostraban con interés en la sucesión gubernamental del 98, tenían prohibido venir al estado. No acatar sus órdenes costaba caro, como fue el caso del ex secretario de Gobierno y ex Procurador de la República, Ignacio Morales Lechuga, víctima con su esposa de intercepción y hostigamiento policiaco en un tramo carretero próximo a Poza Rica, adonde se dirigía para dar una conferencia de proselitismo electoral, como dieron cuenta las noticias de aquella época. Lo mismo sucedía con los rivales del régimen priista, tal como le pasó a Cuauhtémoc Cárdenas en aquel sonado escándalo en el café de La Parroquia de Veracruz, en septiembre de 1993, en precampaña a la Presidencia de la República, en la que contendería contra el candidato del PRI, Ernesto Zedillo. Se atribuyó a Yunes, secretario de Gobierno, el boicot a Cárdenas, para desprestigiarlo, con un contingente de supuestos simpatizantes integrado por travestis, porros y teporochos que lo aclamaban como su «candidato». Esto aparte de la represión documentada a campesinos de la Huasteca –que ameritó recomendaciones de organismos de derechos humanos–, o el encarcelamiento por peculado que operó Yunes con evidentes móviles políticos contra el ex gobernador Dante Delgado en diciembre de 1996, cuando la acción penal había prescrito –como lo constató el Poder Judicial federal que lo amparó– para frenar la formación de un partido político y congraciarse con el presidente Ernesto Zedillo, con quien Dante se había enemistado.
Si Yunes quiere olvidar su pasado represor y pervertido (la pederastia en Cancún) y su trayectoria de corrupción, de todos conocida –todavía no libra por su enriquecido paso por el ISSSTE… y ya se verá– y retomar su posición política en Veracruz, ahora con el PAN fuera del poder, se asume que busca ser diputado local plurinominal, los magistrados del Poder Judicial se le ponen de alfombra; y no roja como de premiere, sino de alfombra azul panista.
Más de los oldies
Conocida la antigua alianza de negocios desde el gobierno con el empresario Valentín Ruiz y Gustavo Nachón, no extrañó la segunda aparición de ayer de Miguel Ángel Yunes Linares en la inauguración de la plaza comercial El Dorado en Boca del Río, de la que aquellos, junto con otros, son dueños.
Valentín Ruiz y sus asociados, en la agrupación de compañías constructoras (ACCSA) recibieron en el gobierno de Chirinos en 1994, por la intervención interesada de Yunes, la participación en la concesión para construir y operar la autopista Veracruz-Cardel, uno de los mayores negocios en Veracruz desde el poder. La operación fue refrendada por Miguel Alemán, con Nachón de secretario de Comunicaciones y extendida al libramiento de Plan del Río.
Dicen que la reaparición de los oldies se parece al juego del dominó; terminado un juego, todas las fichas vuelven a revolverse, se hace la sopa y reinicia el reparto de negocios y poder. Y el que no juega, nomás está de mirón.
Muchos de los participantes en la fiesta del Perro de ayer ya deberían estar jubilados. Esto evitaría que se quemaran más, ya los lamió demasiado el Perro.