Asuntos Públicos: MEA CULPA POR EL PAN

Escrito por Eduardo Coronel Chiu

Zona Centro

Eduardo Coronel Chiu - 2013-01-21

Seis meses después de su debacle en las elecciones federales, en las que fue desalojado de la Presidencia de la República tras 12 años de ejercer el poder, lo que queda del PAN, liderado por Gustavo Madero, todavía sigue relamiéndose las heridas.

El Consejo Nacional panista celebrado este fin de semana, ya sin la hegemonía y sombra del ex presidente Felipe Calderón, volvió a examinar, ahora de modo más formal, las causas de su derrota, la falta de apoyo del electorado, no sólo en la Presidencia de la República, sino también en la estructura de las entidades federativas y municipios.

La autocrítica de los panistas, aunque con asomos de sinceridad, les pinta un panorama poco favorable para enfrentar los 14 procesos electorales que se llevarán a cabo este año en los estados de la República; en su mayoría de ayuntamientos y congresos locales, sólo 1 de gobernador (Baja California).

No les falta razón al reconocer que fallaron como gobierno, en 12 años que tuvieron la oportunidad de conducir al país –aunque no detallaron sus pésimos resultados en seguridad, desarrollo económico, empleo y pobreza– y que incurrieron en prácticas que habían criticado en otros partidos, como el clientelismo, el autoritarismo y la corrupción –que tampoco precisaron, ni dieron nombres–; y que no tuvieron la capacidad de generar una cultura democrática.

Asimismo, volvieron a aceptar los conflictos internos como otra de las causas, y no obstante mencionar la extrema judicialización (el 70% de los juicios del Trife por problemas internos son del PAN), no abundaron en la colonización que recibieron de lacras de otros partidos, a los que concedieron candidaturas y cargos directivos, situación aplicable a Veracruz, donde los jefes nacionales del PAN alentaron que el grupo del ex priista Miguel Ángel Yunes Linares, un prototipo de corrupción, se comiera a los cuadros locales.

Decadencia evidente
Lo cierto es que en sus datos duros mostraron su decadencia electoral, incluso en el periodo en que fueron gobierno federal. Por ejemplo, además de referir que cayó su votación en más de 3 millones entre 2000 y 2012, reconocieron que no son capaces de prorrogarse ni en gobiernos municipales, ni estatales. Sólo se refrendaron en uno de cada tres municipios que gobiernan y su alternancia en gobiernos estatales no duró más que un periodo. De las 17 entidades que han gobernado de 1989 a la fecha, hoy sólo cuentan con 4 con gobernador panista y 3 en alianza con el PRD, de 32 mandatarios. Chihuahua, Nuevo León, Nayarit, San Luis Potosí y Tlaxcala sólo duraron un sexenio. Y en Jalisco, ya van de salida.

Esta falta de consistencia electoral igualmente se observa en Veracruz; aquí, como se sabe, nunca consiguieron la alternancia en el Gobierno del Estado, si bien en dos elecciones, 2004 y 2010, estuvieron competitivos, la siguiente, quién sabe. En el Congreso local también vienen de bajada. En 2004, su mejor momento, alcanzaron empatar fuerzas con el PRI, con 20 diputados cada uno, formando un congreso dividido que actuó de contrapeso al gobernador, pero después se desplomaron y ahora sólo tienen la primera minoría, 13 de 50. Aquí tampoco han podido consolidarse en los gobiernos municipales y las plazas importantes que llegaron a controlar ya las perdieron. No tienen ya Veracruz Puerto, ni Boca del Río, Córdoba y Orizaba, alguna vez ayuntamientos bastiones del blanquiazul. En las pasadas elecciones federales sólo ganaron en 5 distritos (dos en Veracruz, Cosamaloapan, Córdoba y Huatusco) de 21.

Vista la tendencia decadente, parecen remotos los objetivos que se plantea el PAN para los próximos procesos electorales. Pretenden lograr la alternancia en aquellas entidades que no han tenido un gobierno diferente al PRI, y convertirse en «contrapeso real» en los congresos para los gobernadores. No los alcanzaron con el gobierno federal de su lado –pese a controlar la Presidencia de la República, la presencia panista en los estados siempre ha sido minoritaria–, menos ahora que están fuera del poder.
Cuando eran oposición, se les concedía la duda en que podrían ser mejores en el gobierno. Una vez observada y padecida su transformación en el poder –por ellos mismos aceptada, de haber actuado con ineficacia, clientelismo, autoritarismo y corrupción–, dejaron de ser una alternativa. Ya están muy vistos. No es casual la desbandada en el PAN en el refrendo a su padrón de militantes, efectuado el pasado mes de diciembre, perdieron el 80% de sus afiliados. La pregunta es si ya tocaron fondo, o todavía hay piso más abajo. En julio próximo lo sabremos.

Asomando a los candidatos del PRI
A unos días de que se publiquen las convocatorias a los procesos internos de selección de candidatos a ediles de ayuntamiento y diputados al congreso local, en el PRI avanzan en el muestreo de prospectos y arreglos de conflictos entre los grupos locales.

Obviamente que llevan mensaje las reuniones del gobernador Javier Duarte de Ochoa y el líder estatal del PRI, Erick Lagos, con los visibles aspirantes.

en la zona Veracruz-Boca del Río es más que un café de amigos el encuentro del gobernador con Salvador Manzur, el Pepín Ruiz, Raúl Zarrabal, Sergio Pazos y Tonatiuh Pola. Por el mismo tenor, la reunión de Erick Lagos con los políticos cordobeses el PRI (Buganza incluido) para acuerpar a Marco Aguilar Yunes y a Juan Manuel del Castillo, presuntos candidatos a la presidencia municipal y a diputado local, respectivamente.
Más todavía, ayer el desayuno en Coatzacoalcos con todos los grupos políticos, donde el gobernador –presentado como militante– se reunió con los grupos enfrentados, en una esquina, el alcalde Marcos Theurel y su esposa (la candidata de éste para sucederlo), y en la otra, el aspirante a presidente municipal Joaquín Caballero Ruiseñol, actual diputado federal, y Marcelo Montiel. Si limaron asperezas y pactaron la unidad ya se sabrá pronto.

Tanto Córdoba como Veracruz son distritos en riesgo para el PRI, en ambos las votaciones fueron desfavorables en las pasadas elecciones federales. En Coatzacoalcos la división y el juego abierto o soterrado de las contras lo haría vulnerable.

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