Asuntos Públicos: CRUZADA CONTRA EL HAMBRE

Escrito por Eduardo Coronel Chiu

Zona Centro

Eduardo Coronel Chiu - 2013-01-22

No hay nada nuevo bajo el sol de la política social, aunque se rebauticen los programas para intentar paliar los crecientes niveles de pobreza en el país. Hace ya mucho tiempo que los gobiernos asumieron discursiva y presupuestalmente combatir, atenuar o erradicar la pobreza, preferentemente en su grado extremo, sin que los resultados de la gestión nacional o estatal hayan sido suficientes.

El tema, ante la evidencia ofensiva de la pobreza en que vive gran parte de la población nacional, ineludible en el debate político y en las campañas electorales, se vuelve materia obligada del nuevo gobierno y se traslada a la formulación de las políticas públicas. Del perdón solicitado a los pobres por López Portillo al Programa Nacional de Solidaridad de Salinas de Gortari, del Progresa de Zedillo a Oportunidades de Fox y Calderón, a la nueva Cruzada Nacional contra el Hambre, también llamada Estrategia Integral de Inclusión y Bienestar Social.

Los balances del pasado sexenio en materia de pobreza mostraron la incapacidad de contenerla pese a los incrementos constantes en los presupuestos asignados. Las últimas estimaciones del Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval), organismo dedicado a la evaluación y medición de la pobreza en el país, registró que entre 2008 y 2010 la población en pobreza pasó de 44.5% a 46.2%, lo que representa un incremento de 48.8 a 52.0 millones de personas. En el mismo periodo, la población en pobreza extrema pasó de 10.6% a 10.4%; en términos de número de personas 28 millones padecen carencias de alimentación y en situación de pobreza extrema se encuentran 11.7 millones.

La nueva estrategia del gobierno de Enrique Peña Nieto plantea enfocarse a una población de 7.4 millones de personas –las de mayor urgencia de falta de alimentos, localizadas en 400 municipios del país–, y concentrar en ellos una serie de programas (60) en el que participan las distintas secretarías con incidencia en la política social. El Programa de Peña Nieto pretende distinguirse de sus antecesores en que tiene una orientación focalizada y de corresponsabilidad entre dependencias y gobiernos estatales y municipales y, además, supuestamente no será asistencialista sino que fortalecerá las capacidades productivas y la inclusión de sus beneficiarios, a los que impulsará para que desarrollen «la energía comunitaria y social». No faltó el pomposo término de «cambio estructural».

El programa tiene también como objetivos reducir la desnutrición infantil, aumentar la producción de alimentos y el ingreso de los campesinos y pequeños productores agrícolas, minimizar las pérdidas post-cosecha y de alimentos durante su almacenamiento, transporte y comercialización y promover la participación comunitaria y la movilización popular para la erradicación del hambre.

El lanzamiento de la Cruzada ayer, otro rito del estado mexicano, escogió uno de los municipios más pobres, Las Margaritas, en Chiapas, sede del arcaico movimiento Zapatista (EZLN), adonde convocó a gobernadores y ministros con escenografía de multitudes de indígenas pobres.

Parece un nuevo envoltorio para viejas políticas paliativas de la miseria ante la incapacidad de transformar el inequitativo sistema mexicano de crecimiento y distribución de la riqueza. Ya llegará el tiempo de evaluar sus resultados.

Veracruz en la cruzada
Dadas las condiciones de pobreza en el estado no sorprende que sea el cuarto lugar con mayor número de municipios (33) en el programa focalizado en 400 municipios.

La herencia de pobres que recibió el gobernador Javier Duarte de Ochoa es más que considerable. De acuerdo a las últimas mediciones del Coneval, a 2010, en cifras totales, Veracruz es el segundo estado con más pobres del país con 4.5 millones, el 58.3 por ciento de su población, sólo superado por el Estado de México que tiene 6.5 millones de pobres; porcentualmente ocupa el séptimo lugar, el primero es Chiapas con el 78.4% de su población, a quien le siguen Guerrero (67.4%) y Oaxaca (67.2%). Los resultados medidos de 2008 a 2010 mostraron que en la entidad fue de los estados donde más creció la pobreza en términos absolutos, sumando en ese periodo 600 mil nuevos pobres. La población con carencias de alimentación subió de 25.6% a 26.5%, de 1 millón 991 mil a 2 millones 24 mil personas.

Como es sabido, desde el inicio de su gobierno, Javier Duarte diseñó e implementó el programa Adelante, por cierto, con estrategia focalizada en pobreza extrema en 53 municipios, con la concurrencia de diversos programas (300) de las dependencias estatales y participación social, muy parecido a lo que ahora plantea la Cruzada Contra el Hambre. Aunque todavía no se conoce la medición del Coneval para los dos años de su gobierno, en su pasado informe y en declaraciones recientes ha manifestado que se aplicaron 45 mil millones de pesos y que se han incorporado miles del familias a sus beneficios. La meta es bajar al 50% la pobreza extrema en el estado.

El componente de corresponsabilidad, como le llaman a la coordinación y concurrencia de acciones, en la Cruzada Contra el Hambre podría potencializar los resultados. Esperemos que así sea.

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