Asuntos Públicos: EL RIESGO FIDEL

Escrito por Eduardo Coronel Chiu

Zona Centro

Eduardo Coronel Chiu - 2013-02-14

La reaparición del controvertido ex gobernador Fidel Herrera Beltrán la semana pasada en dos ocasiones especiales al lado del gobernador Javier Duarte, obviamente a invitación de éste, desató una oleada de rumores y versiones acerca del significado e implicaciones de su inesperada presencia en la coyuntura política, marcada por el proceso electoral en marcha en el que en julio próximo se renovarán el Congreso local y 212 ayuntamientos.

Son anecdóticas las dos apariciones recientes de Fidel, ambas junto al gobernador Duarte, la primera en Xalapa, en la Casa Veracruz el pasado miércoles, en una comida con diputados locales del PRI, y la segunda en el Puerto de Veracruz, en el palco oficial en el desfile dominical de Carnaval.

Después de dos años de ausencia, en los que el gobernador Javier Duarte batalló para arrancar y lanzar su administración ante los graves problemas financieros, el disparo exorbitante de la deuda pública y los cuantiosos pasivos; de inseguridad por el asentamiento y arraigo de la delincuencia organizada; la pobreza creciente y no pocos señalamientos de corrupción heredados, Fidel regresa –mas no devuelve– como si nada hubiera pasado y la memoria ciudadana ya lo hubiese borrado.

Entendible la conveniencia para el gobernador Duarte de sumar a todas las corrientes del priismo, y sin duda Fidel representa a una de ellas, para fortalecer el frente contra la alianza partidaria del PAN y el PRD, formada por primera vez en Veracruz, otra cosa muy distinta y que suena descabellada es la versión de que el ex gobernador tendría de nuevo un papel protagónico en la política local. Algunas fuentes cercanas a las cúpulas del poder priista, que se dicen enterados, aseguran que Fidel, como en los viejos tiempos, sería el principal operador electoral de ese partido y no sólo eso, sino que además estaría destinado a ser diputado plurinominal, jefe de la bancada priista y presunto líder del Congreso. En una lógica absurda, el llamado de emergencia a Fidel sería una sobre reacción al acalambramiento que se dice ha provocado en el grupo gobernante local la coalición PAN-PRD y la muy probable inclusión de Miguel Ángel Yunes Linares, igualmente sobre dimensionado en su eventual papel parlamentario como diputado plurinominal del PAN.

Negativo en campaña y contra la imagen del gobernador
Aunque no se ha confirmado que ése sería el rol del reaparecido Fidel, hay suficientes elementos en la situación que permiten argumentar que el PRI y el grupo gobernante –en Veracruz y en el centro–, que ya no es ajeno a la política local, cometerían un error garrafal que afectaría el proceso electoral y además la imagen del gobernador Javier Duarte en lo que resta de su mandato.

Si bien tras bambalinas, mas no hegemónico, y alineando a su grupo a las directrices del partido, podría ser útil a la campaña electoral. Exhibirlo y colocarlo de candidato a diputado sería altamente negativo. El apretado resultado con que el PRI ganó las elecciones de 2010 fue en parte un costo del descrédito con que Fidel cerró su administración. Es más que previsible, sería un tema en bandeja, que una fuerte línea de propaganda de la coalición PAN-PRD estuviera centrada en todo lo cuestionable, que no es poco, del gobierno de Fidel Herrera; obviamente, entre ellos, la deuda pública, la inseguridad y la delincuencia organizada, la pobreza y sin duda la corrupción y el enriquecimiento del ex gobernador. En estos momentos, Fidel es a Veracruz lo que Humberto Moreira es a Coahuila; son impresentables como valores políticos del PRI.

Inevitablemente se asociaría la figura de Fidel con el actual gobernador, y seguramente aparecerían en el discurso opositor, como ya se ha utilizado antes, el tema del encubrimiento, trasladando la carga negativa a los candidatos del PRI y sus aliados. No se le ve el rendimiento político para el PRI, sino todo lo contrario, en convertir a Fidel Herrera en uno de los ejes temáticos de la campaña electoral.

Por otro lado, se percibe exagerado el presunto temor a la alianza opositora PAN-PRD, en principio, es equivocado sumarles en automático sus votaciones en elecciones pasadas, como si tuvieran un bono de los electores abierto, cada elección es particular; más aún cuando ambos partidos viven aún secuelas de crisis por la derrota electoral del año pasado, pugnas internas y desbandadas de militantes, cuando el PAN ha perdido el control del gobierno federal y le restará en el clientelismo, y el PRD padece la reducción por la salida de su mayor líder, Andrés Manuel López Obrador, y además localmente rompió su alianza con los dos partidos antes asociados, el PT y MC, antes Convergencia.

El PRI lleva a su favor, además de que es gobierno estatal, el retorno a la Presidencia de la República y a sus recursos. El objetivo político central, ganar la mayoría en el Congreso local y en los municipios, especialmente en las cabeceras distritales, no requiere de la candidatura de Fidel, por el contrario, no es remoto que lo pusiera en riesgo y mucho menos que vaya al Congreso «a debatir» con Miguel Ángel Yunes Linares. Cualquiera sabe que las decisiones en el Congreso no se toman por capacidad o argucias oratorias, sino por la construcción de una mayoría decisoria.

La sombra del maximato
El esfuerzo realizado por el gobernador Duarte para levantar el desorden heredado por Fidel –no por casualidad uno de sus temas discursivos ha sido el orden–, la reestructuración de la deuda, que su antecesor elevó de 3 mil 500 a 35 mil millones, sin considerar los pagos no efectuados, y la recuperación de la seguridad pública, y no menos en poner distancia a la pretendida injerencia de aquel, se vería mermado por la reinserción protagónica en la política activa del ex gobernador. Fuera o no cierto, el imaginario popular y el discurso opositor tendría elementos para cuestionar quién es el que manda en Veracruz. Evidentemente no conviene al gobernador Javier Duarte al inicio de su tercer año de gobierno y en ningún otro momento enviar un mensaje de debilidad de su autoridad, de poder compartido y menos de subordinado a quien alguna vez fue su jefe. Aún en las reglas no escritas de la política, en las transmisiones del poder al interior del mismo grupo político, el sucesor cumple con el antecesor cuidándole las espaldas (lo que Duarte ya habría hecho), otras han terminado en cacería, como la de Zedillo con Salinas; pero sin permitirle alguna intromisión y menos sombra. El poder no se comparte, dice la máxima. El último maximato en el sistema político mexicano, se recuerda, se acabó en 1936, cuando el presidente de la República, Lázaro Cárdenas exilió a Plutarco Elías Calles, ex presidente y jefe máximo de la Revolución, que había mangoneado a los tres antecesores de Cárdenas. En política, dijo el clásico Jesús Reyes Heroles, la forma es fondo. Por observancia de las formas, tampoco habría hoy lugar aquí para Fidel.

Finalmente, en el reacomodo del sistema político –con el ascenso jerárquico de Enrique Peña Nieto y su grupo– la autonomía de los gobernadores del PRI estaría reducida.

Se sabe que Fidel no cuenta con las simpatías del presidente Peña, aparte de aquel incidente en que sus familiares fueron víctimas de un ataque armado en el bulevar del Puerto, Fidel, que se sentía presidenciable, desdeño su precandidatura.

Obviamente el centro estará pendiente del proceso electoral. ¿Aprobaría Peña Nieto –y el PRI nacional– la participación protagónica del ex gobernador Fidel Herrera en Veracruz?

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