La bomba político-noticiosa del momento es la detención ayer por la tarde de la profesora Elba Esther Gordillo Morales, presidenta nacional del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), jefa absoluta y vitalicia del mayor sindicato magisterial del país, acusada por la Procuraduría General de la República de uso en su beneficio personal de dinero de procedencia ilícita –desvíos de su objeto de fondos sindicales– por un monto hasta ahora de 2 mil 600 millones de pesos.
Su captura y encarcelamiento, por la coyuntura en que se da, constituye un tema no sólo de conversaciones y opinión, sino de alto impacto en las relaciones de poder nacional y regional, en el que se mezclan aspectos de gobernabilidad, cumplimento de la ley y combate a la corrupción, con pugnas entre grupos y ajustes de cuentas al interior de la clase política mexicana.
Concurren en el caso la enemistad política de la lideresa sindical con el actual grupo priista en el poder, marcada desde su salida de este partido en 2003 para aliarse con los gobiernos del PAN –primero con Fox y después con Calderón–, reactivada recientemente con su resistencia y desafío a la Reforma Educativa, promulgada hace dos días por el presidente Enrique Peña Nieto, con claros elementos de corrupción, nada nuevos, pero ahora sí, con determinación y poder para sancionarla.
Señalada en muchas otras ocasiones del manejo discrecional y sin rendición de cuentas de los multimillonarios recursos del sindicato, tanto para financiar campañas políticas y formar su propio partido político, Nueva Alianza (Panal), como de llevar un estilo de vida opulento y fashion, sin correspondencia con sus ingresos, el gobierno de Enrique Peña Nieto, antes de cumplir su tercer mes en el mando, la ha encarcelado y la llevará a juicio por lavado de dinero.
Seguir la pista al dinero
En su conferencia de prensa de ayer, el procurador Jesús Murillo Karam proporcionó los detalles de la denuncia y averiguación abierta, en la que se aprecia la triangulación de fondos del sindicato a cuentas bancarias de empresas, en el país y en el extranjero, y pagos de servicios y de tarjetas de crédito vinculados al beneficio de Elba Esther Gordillo. El mapa mostrado y explicado del movimiento de dinero hace presumir la responsabilidad de la Señora Gordillo. En él aparece, entre otros, como prestanombres, su difunta madre, y los bienes comprados, propios de su fastuoso estilo de vida: residencias en USA, aviones de su uso personal, cirugías estéticas y consumos suntuarios en tiendas de lujo en el extranjero.
Podrá decirse que hay revanchismo en la detención o que Enrique Peña Nieto busca un golpe espectacular para legitimarse e imponer su autoridad en la clase política, o someter al sindicato magisterial en rebeldía, pero lo cierto es que es que nadie podría meter las manos al fuego por la honestidad de Elba Esther Gordillo. En el tema del blanqueo o lavado de recursos de procedencia ilícita, el aforismo de la investigación, popularizado por el Watergate, «sigue el dinero», parece haber dado resultado al gobierno de Peña Nieto.
Desconcierto en el sindicato
Con el golpe de ayer, el SNTE y su dirigencia afín a la maestra se quedaron pasmados. No podían creerlo, sobreestimando el poder de su presidenta, quien mangoneó el sindicato desde 1989, cuando en el tiempo de Salinas de Gortari, fue escogida por éste para relevar al viejo cacique magisterial Carlos Jonguitud Barrrios, considerado por entonces disfuncional al régimen salinista.
Todavía están a puerta cerrada, deliberando cuál será su estrategia política de respuesta. Hoy se sabrá de su posición y si algo harán frente a la fuerza legítima del Estado aplicada por el presidente Peña. Esperemos que no revuelvan la corrupción y el asunto penal de su jefa con su actividad profesional como docentes. Asimismo, habrá que ver las repercusiones del descabezamiento del SNTE en la estructura sindical nacional y en los estados, al igual que las alianzas del Panal con el PRI en algunos estados, entre estos, Veracruz.
Por cierto, aquí se hicieron ojo de hormiga los dirigentes locales del SNTE, nadie pudo contactar ni a Manuel Arellano, de la 56, ni a Juan Nicolás Callejas Roldán, de la 32. Mientras tanto, la soberbia Elba Esther Gordillo se hospeda en el reclusorio de Santa Marta Acatitla en el DF, desde donde tendrá que enfrentar el proceso penal. Se le acabó el fuero y la impunidad.
Vidas paralelas
Inevitablemente, la detención de Elba Esther Gordillo trajo a memoria política el quinazo, como se le conoce al encarcelamiento ejecutado por el Ejército e instruido por el presidente Carlos Salinas de Gortari en enero de 1989, al segundo mes de su gobierno, del líder moral vitalicio del sindicato petrolero Joaquín Hernández Galicia, La Quina, junto con la cúpula de dirigencia sindical. El sindicato de Pemex se había constituido en un poder económico derivado de onerosas prestaciones contractuales y también político, que incluso retaba al Presidente de la República y le jugaba las contras al PRI. La Quina se enfrentó a Carlos Salinas y el sindicato no sólo apoyó a Cuauhtémoc Cárdenas, desertor de las filas del PRI, en aquella controvertida elección de 1988, sino que atacó al candidato Salinas con un libelo que recordaba un crimen imprudencial cometido en la infancia. Hernández Galicia fue acusado de homicidio calificado, acopio y almacenamiento de armas, evasión fiscal y de atentar contra la seguridad nacional. Tras el descabezamiento de La Quina y su camarilla sobrevino una renovación de la dirigencia y se rehabilitó como líder máximo a uno de sus rivales, Sebastián Guzmán Cabrera, de origen oaxaqueño, que estaba jubilado y que tenía su base en Minatitlán, Veracruz. Otro personaje afín a La Quina de los que salvaron el bote falleció en circunstancias trágicas, Francisco Chico Balderas, líder en Nanchital, de quien dicen se suicidó. El quinazo se interpretó como un acto mediático en busca de legitimación en los hechos –por la cuestionada elección, origen de la presidencia de Salinas– y aprovechando el descrédito del sindicato de Pemex, a la vez que como un ajuste de cuentas, por el antagonismo político. Aunque similitudes en los hechos, ambos, Elba y La Quina, poderosos líderes sindicales vitalicios, con imagen pública de corruptos y confrontados con el poder presidencial, equivocaron sus cálculos políticos, las diferencias no faltan. El régimen político autoritario de entonces no es comparable al de ahora, entre otras, por la pluralidad de fuerzas políticas, la mayor independencia del Poder Judicial y una sociedad más informada. Entonces era factible «armar un caso judicial», por ejemplo, se dijo que el cadáver por el que acusaron a La Quina de homicidio lo llevaron «congelado» de otra parte y que las armas las sembraron. Ahora tienen las cuentas y las triangulaciones del lavado de dinero, las pruebas y la defensa será pública, el Poder Judicial federal ha ganado autonomía y ya no es incondicional ni subordinado del Presidente de la República. Además, aunque le viene como anillo al dedo a Peña dar una muestra ejemplar de castigo a la corrupción con Elba Esther Gordillo, abrir el espacio a la renovación en el SNTE, y allanar el camino a la reforma educativa, las condiciones son diferentes.
No hay que olvidar Peña que es un presidente legítimo, producto de una elección calificada, no obstante la inconformidad del candidato perdedor. Con todos los paralelismos entre La Quina y Elba Esther y Salinas y Peña Nieto, el sistema político mexicano, sus instituciones públicas y la sociedad nacional, no son la misma.
La Quina, sentenciado a 15 años de prisión, salió en 1997, con libertad preparatoria, habiendo purgado 11 años de pena. Elba Esther quién sabe cuando vaya a salir.