Ya no está Felipe Calderón en la Presidencia de la República, pero su escuela de montajes mediáticos con fines político electorales sigue vigente en el Partido de Acción Nacional (PAN) y son estrategia dominante en los procesos electorales que se desarrollan en 14 estados, especialmente en Veracruz, donde el dueño local de la franquicia, el ex priista Miguel Ángel Yunes Linares, derrotado candidato a la gubernatura en 2010, quema sus cartuchos en infiernillos ante la expectativa de baja competitividad del PAN veracruzano hacia los comicios de julio próximo.
Para su mala fortuna, los panistas ahora no son gobierno, sino oposición, y por ello sus ataques de lodo contra sus villanos favoritos, el PRI y las autoridades emanadas de este partido, generalmente armados para escandalizar en la opinión pública sin evidencias sólidas, luego de la humareda se desvanecen ante la incapacidad de demostrar jurídicamente sus acusaciones.
No son nuevos en el PAN en la práctica de la simulación y escenificación falsa de supuestos hechos presentados en los medios como la verdad, versiones en las que asumen alternadamente a conveniencia los papeles de héroes de la película o víctimas de abusos de autoridad. Tampoco lo es Yunes Linares, ya montaba shows desde su era priista, como cuando en los noventas le colgó un grupo de travestis al entonces candidato a la Presidencia, Cuauhtémoc Cárdenas, en un café de Veracruz para desprestigiarlo, o las acusaciones hechas en la campaña electoral de 2010, la que para su frustración que aún no supera perdió, pese a que «reveló» supuestas grabaciones que involucraban al gobernador Fidel Herrera en presunta «operación electoral», evidencias que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación desechó por amañadas.
Pero su larga cadena de fracasos teatrales les ha minado la credibilidad tanto al PAN como a Yunes Linares. No sólo cayeron sus escenificaciones falsas durante el gobierno de Calderón –del Michoacanazo, la acción penal contra el gobierno del PRD en Michoacán a los que acusaron de complicidad con la delincuencia organizada, todos salieron absueltos por el Poder Judicial federal, y Yunes Linares no consiguió demostrar la intervención gubernamental en las elecciones de 2010. Los fracasos teatrales siguen aún tras la salida del PAN del Gobierno Federal. Se recuerda la reciente liberación –tras 7 años de encierro– de la francesa Florence Cassez, sentenciada a 30 años de prisión por el delito de secuestro, ordenada por una sala de Suprema Corte de Justicia de la Nación. Ante la imposibilidad de conocer la verdad, ya que el proceso fue viciado por la escenificación falsa de su captura hecha por la Policía Federal. Igualmente, hace unos días fue liberado por un juez federal Noé Mandujano, ex subprocurador de la Siedo, acusado de delincuencia organizada por una declaración con falsedad de un «testigo protegido». Y para más, el sonado caso de los generales acusados de colaboración con la delincuencia organizada, montado en el último año de gobierno, en plena campaña electoral, también se desvaneció. Ayer un juez ordenó la liberación del general retirado Tomás Ángeles, ex subsecretario de la Defensa, ante la falta de solidez de las pruebas (otra vez los testigos protegidos), tan espurias que ni la misma PGR se atrevió a formular conclusiones acusatorias, situación que abre la puerta para que igualmente salgan los otros tres militares acusados con endebles bases similares.
Teatro perruno
Con esos antecedentes de falsas escenificaciones, son poco creíbles los números de la actual temporada electoral, ya se sabe, la guerra sucia busca señalar negativamente a los adversarios aún sin pruebas contundentes, pero sirve para confundir al electorado poco informado e influir en la votación. A falta de ofertas electorales propositivas, desgastado por su corrupto e ineficaz paso por el poder en dos sexenios y con el electorado en contra, como se vio en las pasadas elecciones en que fue echado de la Presidencia de la República, el PAN apuesta a la guerra del lodo y a los escándalos mediáticos, que no son sino flor de un día en los medios en los que aún tienen capacidad de meterse. Pero judicialmente no tienen ninguna opción real de procedencia.
El disminuido PAN veracruzano, de cuyas ruinas se ha apoderado Miguel Ángel Yunes Linares, de pésima fama de corrupto, represor y enriquecido en los cargos públicos, ha hecho del ataque mediático y los montajes falsos su estrategia de campaña. No pierden ocasión para acusar al gobernador Javier Duarte, a quien han colocado en el centro de sus ataques. Hace poco presentaron una denuncia en la PGR por presunto daño patrimonial, la que claramente es improcedente, ya que el proceso de fiscalización aún está en curso. En días pasados, se quejaron de intromisiones en su proceso interno, no obstante que en las versiones periodísticas se registró, entre ellos, la compra de votos y la violencia (ahí está la agresión de Yunes Linares al ex dirigente estatal del PAN, Pipo Vázquez, y la foto donde los guaruras de aquel lo llevan haciéndole manita de cochino).
El de ayer fue un teatro más, una reedición del montaje que Yunes Linares hizo en la campaña electoral de 2010, la que perdió con todo y sus supuestas grabaciones, que resultaron falsas, de intervención del Gobierno del Estado en el proceso electoral.
Como se les hace fácil pedir lo imposible, se aventaron la puntada que secundó el decadente presidente del PAN nacional, Gustavo Madero, de pretender la separación del cargo del gobernador, la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, y de una lista de casi 60 funcionarios entre estatales y federales. Ahora se duelen de que el priismo pretende «usar» los programas sociales con fines electorales y ha creado una «estructura paralela», cuando es de todos sabido cómo en los dos sexenios previos, precisamente el programa que denuncian, ellos sí lo usaron en forma clientelar.
El Gobierno del Estado rechazó las acusaciones y pidió se presenten las denuncias y sus pruebas y que sea la autoridad competente quien resuelva el tema. Seguro no olvidan los panistas que ya no tienen de su lado a una procuraduría facciosa, así que la denuncia no busca sino ganar un fugaz espacio noticioso.
El clima electoral es propicio para la guerra sucia, y las acusaciones entre unos y otros, característica y folclore de la temporada. Nada nuevo, hasta el siguiente show.