+Escrito por Eduardo Coronel Chiu, publicado en Diario AZ
Zona Centro
Eduardo Coronel Chiu - 2013-04-26
Los ataques recibidos por el Gobierno del Estado de sus adversarios políticos en el marco del proceso electoral que se vive en la entidad para renovar los 212 ayuntamientos y el Congreso local –especialmente del PAN–, como se sabe, amplificados mediáticamente por obvios intereses de hacer el caldo gordo, por previsibles, ya que la lucha por el poder, más allá de la ética, no es cosa de santos y monjas, no dejan mostrar las deficiencias en el equipo de gobierno.
En el incipiente proceso, cuando aún no empiezan las campañas electorales y apenas se están formalizando las candidaturas, no obstante las ventajas objetivas con que cuenta el PRI, su enemigo pequeño le ha podido meter zancadillas y colocarlo contra las cuerdas.
El análisis del tablero concede al PRI una posición fuerte, de claras perspectivas de triunfo para refrendar su lugar como primera fuerza política: detenta el Gobierno en el estado, es mayoría en el Congreso y controla los principales municipios y tiene a su favor el plus de su retorno a la Presidencia de la República. La posición de sus principales rivales es débil. El PAN quedó disminuido en su padrón de militantes y fuera del Gobierno Federal, y escindido por la presencia dominante del desacreditado político Miguel Ángel Yunes Linares y su familia; y el PRD, pulverizado por su división interna y con el hoyo de la salida de las huestes de López Obrador, además haberse frustrado la pretendida coalición entre estas fuerzas.
Sin embargo, el pequeño rival se quiere trepar a las barbas. Ya se vio que los tiempos de guerra se han adelantado y no ha resultado una buena estrategia aplazar la ofensiva y colocarse en el plano «propositivo», cuando en la naturaleza de la pelea los adversarios recurren a los golpes bajos y a la descalificación, y por su importancia política colocan al gobernador del estado como objetivo central de ataque.
OPERACIÓN ELECTORAL DEFICIENTE, GOBERNACIÓN NULA
Los madruguetes de los rivales han puesto al descubierto deficiencias de operación política electoral en la áreas del partido, donde se han cometido errores elementales de organización de actos, faltos de cautela y sin filtros de lealtad, que han favorecido abrir puntos vulnerables al ataque enemigo. Sólo por descuido se les permitió a los panistas ocupar el tema del uso electoral de programas federales y que presionaran al Presidente de la República con su salida del Pacto por México, metiendo al estado y al gobernador como una piedra en el zapato para la Presidencia. Pero también la imprevisión de ataques muestra fallas graves de prospectiva e inteligencia en el Gobierno del Estado.
En el área del partido, corregido el traspié de la reaparición del ex gobernador y removido por la fuerza de las circunstancias uno de sus cuadros en la Sedesol, impondría una depuración de las líneas de mando en la estructura electoral, más allá de los afectos, recurrir a los profesionales de esa tarea, que seguramente los hay en el estado.
Y por el lado de la gobernación, no se entiende a estas alturas la permanencia inútil del secretario de gobierno, Gerardo Buganza, de extracción panista y sin luces para la estrategia política. Aparte de no visualizar los escenarios políticos de la entidad, ni siquiera ha conseguido atraer a una militancia significativa del PAN y, muestra de ello, su fracaso en su natal Córdoba. No parte el PAN más que para comer. Su excesiva compensación por el supuesto apoyo electoral de 2010 ya estaría pagado de sobra.
Menos se justificaría la permanencia del subsecretario de Gobierno, Enrique Ampudia Mello, un funcionario vinculado afectiva y profesionalmente por largo tiempo a Miguel Ángel Yunes Linares, hasta el supuesto distanciamiento entre ellos, no es de la esfera del gobernador, sino de su principal enemigo. Pero lo más importante, Ampudia se ha visto incapaz de contrarrestar eficazmente alguna vez a Yunes Linares y sus hijos.
Recomendado del grupo de Hidalgo –el procurador Jesús Murillo Karam y el secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong–, su posición es también de conflicto de lealtades, ya que los intereses políticos nacionales de sus padrinos no necesariamente tendrán una coincidencia con los del gobernador. Incluso aquellos, al igual que Ampudia, han tenido relación cercana con Yunes Linares. Murillo Karam, subsecretario de Gobernación, rescató a Yunes Linares luego de su debacle en las elecciones municipales de Veracruz en 1997 y lo designó director de las prisiones federales en el régimen priista de la presidencia de Ernesto Zedillo, y Osorio Chong, como gobernador de Hidalgo, se sabe mantuvo relaciones con Yunes siendo este director del ISSSTE. Entre otras que se le saben, contó con apoyo de Yunes para incorporar a la burocracia de Hidalgo al régimen pensionario del ISSSTE.
Ampudia no ha acreditado su valor político en la subsecretaria de gobierno; en cambio la llenó de ex colaboradores de Yunes Linares; para atender y negociar protestas de grupos no hacía falta incrustar al equipo canino en el Gobierno del Estado; a estas alturas se les ve con desconfianza.
El control de daños permitido aún por la etapa temprana del proceso electoral, todavía a más de dos meses de las votaciones, obligaría a una reevaluación de los cuadros políticos, tanto de operación electoral como de la gobernación del estado.
La señal de alerta para la depuración ya sonó. Es ahora cuando los montajes y escándalos todavía no se traducen en votos en contra.