+ Escrito por Eduardo Coronel Chiu, publicado en Diario AZ
Zona Centro
Eduardo Coronel Chiu - 2013-04-29
Muy quitados de la pena por las presiones de la oposición que exigen al Presidente de la República sacrificios de alto nivel político para permanecer en el Pacto por México, y más metidos en los suyo, el proceso electoral en marcha, los priistas de Veracruz ayer celebraron la rendición de protesta de sus candidatos a las presidencias municipales y a las diputaciones de mayoría, ante la presencia del gobernador Javier Duarte, en su calidad de consejero, y del presidente nacional de ese partido, César Camacho Quiroz.
En el multitudinario Consejo Político Estatal realizado en Boca del Río –las notas hablan de un mitin de 20 mil personas- prevaleció un ambiente festivo que enfatizo la fortaleza y unidad del priismo y su preparación para la victoria en los comicios del 7 de julio.
Los discursos coincidieron en rechazar el uso indebido de los programas públicos para fines electorales y en su acuerdo para que éstos se blinde en el actual proceso electoral, como lo pide la oposición, y aseguraron que los priistas no necesitan <> para ganar.
Con todo, no faltaron las alusiones a la doble cara de sus adversarios, particularmente al PAN, para quien se ven dirigidas las palabras de César Camacho: <>.
Por su parte, el gobernador Javier Duarte, en el ojo del huracán de las acusaciones de los panistas, refutó las imputaciones y puntualizó que <>, sino que la única demanda ha sido <>.
Además, pidió Duarte a Camacho transmitirle al presidente Peña que aquí el priismo unido por un interés superior ganará la confianza mayoritaria de la gente bajo el compromiso de ser la fuerza que mueva a México.
Del tono de los discursos, tanto del gobernador Duarte como del presidente nacional del PRI, César Camacho, se desprende la percepción de que no pasará a más el affaire de la Sedesol. Se ha fijado la posición del Gobierno Federal de instrumentar controles y supervisión compartida a los programas sociales para evitar su uso electora, además de darle cause a las denuncias presentadas; ahora por varias partes, pues en la semana el PRI exhibió a los panistas. Pero que no cederá a la exigencia capricho de que entregar más funcionarios públicos a la piedra del sacrificio de la oposición.
Hoy se verá qué hacen los del PAN, cuando su dirigencia delibere y tome decisiones acerca de su permanencia o no en el Pacto por México. El liderazgo panista está dividido y una de sus alas radicales clama por sangre inmediata; tendrán que valorar si les conviene seguir en el Pacto como oposición leal, o perredizarse, a estas alturas en que carecen de respaldos en la población y se han quedado fuera del gobierno tras la pérdida de confianza por sus dos sexenios en el poder.
Mientras tanto, para el PRI en Veracruz, el proceso político electoral se orienta a persuadir a la sociedad de que sus candidatos son la mejor opción de gobierno, en ganar las votaciones.
MÁRTIRES Y MITO
Ayer se conmemoró un año del asesinato de la reportera del semanario Proceso, Regina Martínez, y aunque la Procuraduría de Justicia del Estado determinó esclarecido su crimen, cuyo móvil fue el robo, y uno de sus homicidas, Jorge Antonio Silva, sentenciado en abril pasado en primera instancia a 38 años de prisión, un sector de la prensa local y nacional, y algunas agrupaciones civiles, insisten en desacreditar el caso judicial.
Si bien es cierto que aún faltan de capturar otros de los homicidas. José Hernández Domínguez, El Jarocho, y que alcance definitividad la sentencia de El Silva (está en apelación en segunda instancia, y luego puede irse al juicio de amparo), se ve exagerado y tendencioso el movimiento para convertir a la difunta Regina en un mártir del periodismo.
Con todo respeto a su memoria y sin dejar de reconocer el valor periodístico de su trabajo, no hay evidencia de que su homicidio haya sido un ataque a la libertad de expresión o al ejercicio profesional del periodismo. Los hechos y las pruebas –confesión, testimonios y objetos robados- en el proceso penal han establecido la responsabilidad conjunta de El Silva y El Jarocho, dos maleantes de barriada, conocidos de la reportera, descartando las hipótesis mediáticas de presuntos ataques de los poderes fácticos o del poder arbitrario y represor, más a modo para quienes pretenden fabricar una mártir del periodismo.
Los intereses de tiraje del semanario Proceso (que en vida de la reportera retribuían precariamente su trabajo y que ni siquiera costearon su funeral), y su escepticismo sin fundamento, proclive a la teoría de la conspiración, que atrae no pocos ingenuos, no dejan descansar la memoria de Regina.