Asuntos Públicos: FUTURISMO DESCABELLADO

+ Por Eduardo Coronel Chiu, publicado en Diario AZ

Zona Centro

Eduardo Coronel Chiu - 2013-05-27

Sólo con una equivocada lectura de la situación política nacional y estatal, distorsionada por ingenuidad o por el interés político personal o grupal de promover una idea falsa que provoque inestabilidad, podría expresarse que la posición del gobernador Javier Duarte de Ochoa es sumamente crítica y que podría en el corto plazo dejar anticipadamente el cargo para el que fue electo, que corresponde al periodo 2010-2016.

Si bien es cierto que el gobernador del estado se ha visto expuesto en los últimos meses al golpeteo de la oposición PAN-PRD, y que éstos partidos, derrotados en las elecciones locales de 2010 y federal en 2012, han provocado el escándalo de la denuncia de los servidores públicos acusados en Veracruz de pretender usar programas federales con fines electorales, para demandar en el Congreso de la Unión juicio político a la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, y el gobernador del estado, Javier Duarte, cuya procedencia significaría la separación del cargo, en realidad casi nadie concede probabilidades a tales deseos partidistas. Es improbable esta procedencia, tanto por la falta de elementos probatorios de la presunta responsabilidad de ambos funcionarios, como por el balance de fuerzas en el Congreso de la Unión, favorable al PRI, donde se requiere una mayoría calificada, imposible de alcanzar por una alianza de fuerzas opositoras. Ganas no les falta de acusar inestabilidad y llevar agua a su molino en medio de los procesos electorales en curso, pero de eso a que estén dadas las condiciones hay un inmenso trecho.

Igualmente no se percibe, no obstante algunos signos de centralismo, la restauración en el gobierno de Enrique Peña Nieto de un presidencialismo autoritario al estilo del viejo régimen priista –el vigente hasta Salinas de Gortari (1988-1994), quien removió a 17 gobernadores; no de Zedillo(1994-2000), al que se le revelaron al menos dos gobernadores, el de Tabasco y el de Puebla. La nueva alternancia, con su dispersión de fuerzas propia del pluralismo existente y la consolidación de los poderes regionales de los gobernadores, son frenos a la restauración autoritaria.

Aunque la homogeneidad partidista del retorno del PRI a la Presidencia de la República acota la autonomía ganada por los gobernadores en sus estados durante los dos sexenios que ese partido estuvo fuera, no reconstruye en automático un poder presidencial que someta a las entidades federativas al capricho y pudiera volver a ejercerse esa facultad meta- constitucional, la práctica política de quitar gobernadores legítimamente electos; en principio, además de resistencias y desgastes políticos regionales.

El sacrifico que tuvo que hacer el gobernador de Salvador Manzur, al removerlo de la Secretaría de Fianzas para que fuera investigado, fuera de la estructura de gobierno estatal, por los hechos denunciados por la oposición, fue sin duda un golpe político para él, pero al mismo tiempo le permitió soltar lastres y seguir a flote. Por otro lado, la celebración del Pacto de Civilidad con los 9 partidos políticos afianzo su posición de contribuir a garantizar las condiciones de legalidad y equidad en el proceso electoral para renovar 212 ayuntamientos y el Congreso local que se lleva acabo en la entidad.

Javier Duarte fue electo gobernador para seis años por más de un millón 300 mil votos, no por el Presidente de la República y no se cree pudiera entreverse Peña a vulnerar la voluntad popular de los veracruzanos, intentarlo tendría un elevado costo político; menos cuando hay en Veracruz estabilidad, crecimiento y orden y se tiene otras prioridades nacionales; amén de que sólo pretenderlo echaría por la borda su discurso de ejercer una presidencia democrática y plural.

UN ASPIRANTE DESPITASO

Los deseos descabellados de la oposición, sin embargo, han encontrado algún eco mediático y no han faltado sus promotores que inclusive refirieron que hace unos días el gobernador Duarte estaba designado para abandonar la gubernatura y asumir la Procuraduría Federal del Consumidor a la renuncia de Papá Profeco, pero que fue salvado por la crisis del PAN, la pugna entre el presidente Gustavo Madero y el destituido coordinador de los senadores de ese partido, Ernesto Cordero.

Pero lo más asombroso es que algunos acelerados locales se tragaron el cuento y que incluso se enlistaron para la sucesión adelantada.

¿Alguien podría imaginarse al magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado, Alberto Sosa Hernández, él mismo señalado del trafique en la designación de la obra de edificios judicial de Xalapa por 182 millones de peos a una empresa sin experiencia y con la cotización más cara, como gobernador sustituto en remplazo de Javier Duarte de Ochoa?

Aunque parezca descabellada esa torpe especulación, el mismo magistrado Sosa no sólo se lo creyó, sino que la ha venido promoviendo. Uno de los espacios en que lo ha hecho es el Poder Judicial, su reino temporal. Seguramente lo ha hecho también en otros círculos, pero en el Poder Judicial, son varios los magistrados que pueden testimoniar que Alberto Sosa les expresó sus aspiraciones y posibilidades.

En su discurso de proselitismo, aseguran, tras exponer la debilidad del gobernador Duarte, resaltaba que él –Sosa – reunía las cualidades que se requieren hoy en Veracruz para conciliar con las fuerzas de oposición, especialmente con el PAN, donde tiene muy buenas relaciones con algunos neopanistas.

Sosa fue electo presidente del Tribunal Superior de Justicia en 2010, y aunque tiene en la mira reelegirse en noviembre próximo alguien lo debe haber acelerado para que se metiera en la imaginaria sucesión anticipada de Javier Duarte.

No es difícil ubicar al que lo encuerdó. Así que tendría dos votos para gobernador sustituto. Además del suyo, el de su compadre Miguel Ángel Yunes Linares, el candidato del PAN derrotado en 2010 y hoy el más interesado en hacer ver mal al gobernador Duarte. ¿Alberto Sosa para gobernador? Ni el Club de Leones. Por lo descabellado de su idea se le va a caer el poco pelo que le queda en la cabeza; su sueño guajiro no se hará realidad.

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