+Escrito por Eduardo Coronel Chiu, publicado por Diario AZ Xalapa y Veracruz
Zona Centro
Eduardo Coronel Chiu - 2013-07-03
A cuatro días de la jornada electoral en la que se recibirá el voto de los ciudadanos del estado para elegir 212 gobiernos municipales e integrar el Congreso local, con 30 diputados de mayoría y 20 de representación proporcional, prevalecen percepciones no sólo diferenciadas sino hasta antagónicas de las actuales condiciones políticas y sociales –en especial en materia de seguridad ciudadana– bajo las cuales se desarrollarán las votaciones el próximo domingo.
Veracruz es parte de un grupo de 14 estados de la República que celebrarán elecciones este 7 de julio, la mayoría renovarán ayuntamientos y congresos locales y sólo uno, Baja California, también elegirá gobernador, y por ello, el proceso local ha tomado dimensiones nacionales; además de que se trata de la primera elección después de la gran contienda nacional por la Presidencia de la República y el Congreso de la Unión, de cuyo resultado conocido emergió una nueva correlación de fuerzas en el país, que en las inminentes elecciones volverán a medirse frente al electorado para mantener o acrecentar sus posiciones en los espacios de la República. Los partidos derrotados en la previa elección aún sangran por la herida, lo que explica sus estrategias de presión y queja, y más porque el nuevo Gobierno Federal emanado del PRI les ha facilitado, con la invención del Pacto por México, los canales y reflectores para amplificar sus lamentaciones.
Si se creyera con ingenuidad las tremendistas declaraciones –se entiende que por estrategia– de los dirigentes de los partidos de oposición, particularmente los de más presencia, PAN y PRD, y sus réplicas locales de dirigentes o candidatos, se tendría la equivocada visión de que no estamos lejos de una guerra civil por motivos electorales, o en menor grado de que priva una gran inseguridad y hay riesgos de una extendida violencia el día de las elecciones, lo que evidentemente no corresponde con la visión de realidad de la gran mayoría de los ciudadanos.
Victimización teatral
La disputa por el poder, conflictiva por naturaleza, así sea dirimida en procesos de democracia formal, a través del voto de los ciudadanos para elegir a sus autoridades y representantes políticos, nunca está exenta de pasiones y fricciones entre los rivales, es el ambiente de todas las contiendas electorales y, salvo excepciones, la sangre no llega al río. No se ignora que ha habido incidentes de violencia en algunos puntos del estado, aunque el único claro en Veracruz es el caso de Coxquihui, donde tras un enfrentamiento entre militantes del PRI y el PAN hubo un muerto, por cierto del PRI, según la credencial partidista exhibida. Otros casos amplificados por el PAN local y tomados como aire por su debilitado líder nacional, Gustavo Madero, quien ha hecho de la denuncia y la victimización de su partido su anticipación de la derrota, han quedado con serias dudas de que se haya tratado de agresiones o bien reales o por motivaciones políticas. Montado en el incidente de Coxquihui –municipio serrano de 15 mil habitantes–, el PAN se apropió del asesinato aún no esclarecido de un sastre –quizá hasta apolítico– para registrarlo entre sus víctimas. Asimismo, tres camionetas del PAN en Tierra Blanca, donde gobierna ese partido, fueron presuntamente incendiadas por motivos políticos, hecho que les sirvió para abandonar el Pacto de Civilidad –por falta de condiciones, según dijeron– que suscribieron en Veracruz el Gobierno del Estado y los representantes de los 9 partidos políticos que participan en las elecciones. Poco después, supuestamente fue baleada con fines intimidatorios la casa del candidato del PAN de Tlalixcoyan, municipio gobernado por el PAN-Panal.
SABADAZO
Los dos más recientes casos son todavía más increíbles que tengan un móvil político electoral atribuible a sus adversarios. Uno de ellos, la agresión al candidato del PAN a diputado local por el distrito Xalapa Urbano, Eduardo de la Torre Jaramillo. Sin juzgar sobre la autenticidad de las lesiones –apareció con los ojos morados–, refiriendo haber sido golpeado la madrugada del pasado sábado, imputó los ataques al Gobierno del Estado por una supuesta entrevista que tuvo con representantes de la embajada americana, motivo que se observa infantil, pues cuál podría ser el efecto de su entrevista o declaración tanto para el Gobierno del Estado como para las relaciones bilaterales México-USA, o para la opinión pública mundial o americana. De la Torre no tiene ninguna relevancia en este proceso electoral –como no la ha tenido en ningún otro de los que ha participado–, ha sido diputado federal por la vía plurinominal y carece de capital político electoral en el distrito, como lo muestran todas las mediciones de intención del voto. Tiene otras cuentas pendientes, indirectamente políticas, al menos alguien que lo ha denunciado públicamente por haberle robado un proyecto de vigilancia electoral, con el que De la Torre recibió financiamiento de organismos internacionales. Pero sin duda que no es un rival electoral para el candidato del PRI por ese distrito, el ex alcalde y ex diputado federal Ricardo Ahued. Así que habrá que buscarle a sus amoratados ojos del sabadazo otras líneas de investigación, más agudas y dicen algunos punzocortantes.
TEATRO CANINO: NO ESTABA SECUESTRADO
El último oso del PAN es la denuncia de ayer del secuestro de Carlos Valenzuela, su candidato a regidor tercero para el ayuntamiento de Boca del Río. De bote pronto se embarcó con el tema el chillón de Madero y lo proyectó a temprana hora a los medios locales y nacionales, su candidato habría sido levantado por hombres «encapuchados» frente a sus hijos, prueba del clima de inseguridad e intimidación de Veracruz previo a las elecciones. A mediodía que las autoridades investigaban el «presunto secuestro político», resultó, confirmado por su esposa, que Carlos Valenzuela estaba en casita. Sospechosamente se negó a declarar y a presentar denuncia alguna, al fin que ya había servido su caso para el show matutino. Su participación en la planilla edilicia de Miguel Ángel Yunes Márquez lo hace más sospechoso aún, ya que el padre de este candidato, Miguel Ángel Yunes Linares, además de por su corrupción y ostentoso enriquecimiento en cargos públicos, es muy conocido por sus montajes mediáticos; otro de la misma familia, Fernando Yunes Márquez, el senador del PAN, no hace mucho también hizo el teatro en el Puerto de que lo detenía la guardia naval, en las aclaraciones de la Marina se precisó que el chamaco se había subido a la camioneta oficial para que le tomaran la foto que divulgó.
Este domingo se esperan en Veracruz elecciones libres y en paz. De lo que hay que estar pendientes es del teatro de la violencia, la fabricación de las víctimas que perderán las elecciones. Si no chillan, no maman, querrán cobrar en el pacto la negociación y legitimación de los resultados. Hay que votar y desvanecer los falsos escenarios del miedo. La palabra la tienen los ciudadanos.