+Columna de Eduardo Coronel Chiu, publicada en Diario AZ Xalapa y Veracruz.
Zona Centro
Eduardo Coronel Chiu - 2013-09-19
Desplazando otros temas de la agenda pública nacional y estatal, los huracanes Manuel en el pacífico e Ingrid en el Golfo de México, que azotaron en varios estados de la República desde el fin de semana y sus consecuencias en afectaciones y daños a numerosa población del país, incluidos 80 muertos y más de 50 desaparecidos, se colocaron en primer plano de atención de gobernantes, los medios de comunicación y obviamente de aquellos que desafortunadamente sufrieron sus estragos.
Recurrentes en la zona de riesgo debido a su ubicación en costas y la hidrografía, el impacto de las fuerzas incontrolables de la naturaleza se atenúa con acción institucional de los sistemas de protección civil, pero la sociedad no queda indemne y siempre hay cuadros de daños y población damnificada. En el pacífico, el estado de Guerrero y en particular Acapulco y Atoyac de Alvarez, inundado e incomunicado por tierra, donde se han presentado hasta actos de saqueos a comercios, pero también en el Golfo, Nuevo León, Tamaulipas y, como aquí sabemos, nuestro estado igualmente resultó golpeado.
Hay que reconocer que la población afectada no ha estado sola en la tragedia. Se ha visto –al menos en la difusión de sus actividades- la presencia permanente de funcionarios de los diversos órganos del estado en sus niveles federal y estatal en todas las etapas de la evolución de los huracanes, desde las alertas y las acciones de rescate y evacuación, hasta el acondicionamiento de albergues y suministro de provisiones.
Al margen de evaluaciones críticas o rumores que generalmente acompañan a los desastres naturales y a la actuación de las autoridades en la emergencia, lo cierto es que hemos visto a los gobernantes muy cerca del problema en actitud de atención y solidaridad con la población. Sea por imagen pública o por evitar la sanción social y la crítica política (en su interior cada quien sabe los motivos de su acción), pero se debe admitir que no le han sacado al bulto y se han desplazado a los sitios afectados a fin de evaluar los daños y coordinar la oportunidad y suficiencia de los apoyos.
El presidente Enrique Peña Nieto incluso no participó en la fiesta posterior al Grito de la Independencia, la noche del 15 de septiembre en Palacio Nacional y se retiró a darle seguimiento a la emergencia; en los días siguientes estuvo en Guerrero, y ayer en Nuevo León y Tamaulipas, aunque sobrevoló la zona norte de Veracruz para constatar los daños.
Aquí el gobernador Javier Duarte ha encabezado las reuniones del Sistema Estatal de Protección Civil, recorrido las áreas afectadas; ayer estuvo en Pánuco, donde celebró una reunión de evaluación de daños y posteriormente acudió a Tampico, donde junto con el presidente Enrique Peña Nieto y el gobernador de Tamaulipas, Egidio Torre, evaluaron la situación prevaleciente en ambos estados, vecinos y compañeros del mismo dolor.
Es su obligación, se dirá con razón, pues fueron electos para atender las necesidades de la población. Sin embargo, se recuerda que en septiembre de 1985, cuando el terremoto de la Ciudad de México, hoy hace 28 años, el entonces Presidente de la República, Miguel de la Madrid Hurtado, ni se asomó a ver la capital destruida.
LAS CIFRAS PRELIMINARES DE VERACRUZ
Los reportes de Protección Civil del Estado ayer registraban 76 municipios afectados, principalmente en la zona norte y centro y algunos en el sur, 83 mil personas damnificadas, de los cuales 4 mil 300 se encuentran en refugios temporales y 5 mil 690 alojados con familiares o alejados de la zona de inundación. Asimismo 129 poblados incomunicados por corte de carreteras, caída de puentes o caminos anegados, 77 deslaves, 148 vías de comunicación y 50 puentes afectados.
Ya vendrá el recuento preciso y sobre todo las tareas de reconstrucción. Hará falta dinero para esas tareas, el trámite del cobro de seguros de riesgos y el sabido regateo para recibir los fondos federales de apoyo en caso de desastres, el famoso Fonden, así como las grillas para el reconocimiento de las declaratorias de desastre, condición para la liberación de recursos.
Para reconstrucción hay 12 mil millones de pesos disponibles de inmediato, aseguró ayer el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, a ver cuánto de esos le toca al estado, porque aún no se han reconocido los siniestros en 52 municipios, según la petición de ayuda en la gestión hecha ayer por el gobernador Duarte al presidente Peña Nieto.
SOLIDARIDAD
Es momento de solidaridad con los afectados. Varias organizaciones civiles están convocando a la donación de víveres y ropa para entregarse a la población damnificada.
Escasa la cultura de la filantropía y la solidaridad humana y demasiada la desconfianza, sin embargo, hay que hacer conciencia de necesidad ajena y hacer una contribución para los veracruzanos que hoy lo requieren.
Será para la puesta en escena, pero también los servidores públicos están ofreciendo hacer donativos de sus sueldos. Es el caso de los senadores y diputados del Congreso de la Unión, que ayer se sensibilizaron del prójimo; aunque no sin polemizar sobre la honestidad que debe prevalecer en el manejo de los recursos públicos y privado destinados a la población damnificada y a la reconstrucción por los daños.
¿Será que algo saben de los abusadores de los fondos de desastres?