Los chinos están plenamente interesados en el corredor transístmico por una razones logísticas, comerciales y hasta políticas: es el punto más cercano para ellos para lograr atravesar del Pacífico al Atlántico y poder llegar a la costa este de Estados Unidos sin tener que bajar hasta Panamá y volver a subir. De igual manera, el Golfo de México sería para ellos la entrada para que sus productos viajen hacia Europa.
La otra parte comercial, es que a la llegada y transporte de productos chinos al puerto de Salina Cruz, para ser llevados hacia Coatzacoalcos, los asiáticos tendrán la oportunidad de desarrollar en suelo mexicano, a través de maquiladoras, sus productos, que por ser creados en México no pagarían impuestos en Estados Unidos, debido al Tratado de Libre Comercio.
Y la última razón tiene que ver precisamente con lo anterior: a China no le interesa ya pagar impuestos al gobierno de los Estados Unidos, como lo hacen actualmente con el paso a través del Canal de Panamá y su llegada a los puertos estadounidenses.
El sueño que viene desde Hernán Cortés, de unir a los océanos por el Istmo de Tehuantepec, se vislumbra nuevamente. El paso de las vías ya está dado desde los tiempos del Porfiriato, pero han existido conflictos que han evitado su instalación plena, especialmente en el estado de Oaxaca.
Nuevamente se ve un futuro cercano donde se concretice el sueño istmeño, falta ver a cuánto tiempo estamos de distancia.