Ser médico, una bendición, una misión a la que fui llamada: oncóloga pediatra
+ Es una gran experiencia conocer a cientos de familias que a pesar de vivir un momento difícil, nunca pierden la esperanza
Zona Centro
COMUNICADO - 2013-10-23
Ser oncóloga pediatra es una gran satisfacción porque, aun en medio de una enfermedad tan agresiva, te enseña a valorar la vida, a manifestar cariño, a dar consuelo a muchas familias y, sobre todo, apoyar a quien más lo necesitan, así lo manifestó Diana Magnolia Reyes Morales, médico pediatra y coordinadora de la Unidad de Trasplante de Medula Ósea del Centro Estatal de Cancerología (Cecan) Dr. Miguel Dorantes Mesa.
Con más de 10 años como médico, Diana Reyes compartió su experiencia de trabajar y atender a los pequeños. Con una gran sonrisa, comentó que es “una maravilla y una experiencia grata el conocer a cientos de familias que, a pesar de pasar por un momento difícil, nunca pierden la esperanza”.
Tras recordar que el año pasado se llevó a cabo en la entidad el primer trasplante de médula ósea, destacó que ser cómplice de la felicidad de un niño la fortaleció para entregarlo todo cada día que realiza su labor en este centro de atención, donde se atiende a más de 400 pacientes menores de edad.
“Muchos me preguntan si soy feliz, yo les respondo que sí, porque aunque muchos pacientes no sigan con nosotros, yo sé que otros niños que luchan día a día para mejorar su salud lo logran y eso es lo importante, demostrar que con esperanza todo se puede lograr”.
En su consultorio número 6 del segundo piso del Cecan, la doctora Diana tiene una fotografía del equipo profesional con el que trabaja, al que llama “familia”. “Paso mi tiempo trabajando con mis compañeros, que ya considero de mi familia porque todos tenemos voluntad y amamos este trabajo en el que lo único que se busca es cuidar a los niños”.
Diana Reyes manifestó que como ser humano y profesionista cuenta con muchos retos, pero el más importante es superar la muerte de los pacientes. “Es difícil saber que muchos de los niños no van a seguir con nosotros, me entristece cuando no logran restablecer su salud porque nosotros llegamos a quererlos de una manera sorprendente, ése es mi mayor reto, porque es doloroso”.
En relación con el trasplante de medula ósea, destacó que para iniciar un procedimiento de este nivel, personal médico tuvo que vencer miedos y convencerse de que, a pesar de muchas limitantes, con organización y decisión se pueden brindar tratamientos de primer nivel.
“En México no se cuenta con toda la tecnología y los recursos, partimos de las ramas clínicas que tenemos y de la voluntad que cada uno tiene por desempeñar su trabajo. Realizar el trasplante fue un reto, pero todo ha salido bien”.
Al recordar que dicho trasplante fue el primero en toda la región sur-sureste de la república, la doctora Diana platicó que la infusión de células madre necesita de una programación lo más exacta posible para evitar complicaciones. El primer trasplante se llevó a cabo el 2 de junio de 2012, dando una nueva oportunidad de vida al niño Juan Sergio Rodríguez Toral, que ya tiene 14 años de edad.
El segundo trasplante, recordó, fue el 5 de mayo del presente año, ayudando a Eymar Ramírez Portilla de seis años a cumplir su sueño de seguir cerca de su familia. Además resaltó que con una oración y una eucaristía, personal médico pide por la salud de quien será sometido en la cámara de trasplante.
En ese sentido reconoció el apoyo de las autoridades estatales por invertir en equipos de primer nivel a fin de atender a los pacientes. “Estamos utilizando tratamientos que se utilizan en otros países, tenemos derecho de recibir estos tratamientos que brindan una oportunidad de vivir. Sentimos mucha satisfacción al verlos crecer, cumplir años, saber que están haciendo su vida normal.
“Agradecemos mucho al gobernador Javier Duarte de Ochoa que nos ha estado apoyando, al Secretario de Salud, a los directivos que han gestionado tanto. Es importante que no sólo se vean números sino que se vea la trascendencia, la oportunidad de vida que nos da”, concluyó.