* Una mezcla entre lo divino, el misticismo y lo pagano
Zona Centro
David Alavez Cabra - 2013-11-04
En nuestro país, se llevaron a cabo los festejos de Días de muertos el 1 y 2 de noviembre, en una mezcla entre lo divino, el misticismo y lo pagano. En la cultura prehispánica, existía un festival, cerca del inicio del mes de agosto, presidido por la diosa azteca Mictecacíhualt, conocida como "La Dama de la Muerte", y su esposo Mictlantecuhtli, “El dios del inframundo, de la tierra de los muertos”, en el cual se honraba a los espíritus de los fallecidos. En los siglos XV y XVI los conquistadores españoles en su intento de evangelizar a los nativos hicieron coincidir su celebración de los fieles de Difuntos con el festival mesoamericano originándose así el actual Día de Muertos, que combina en gran medida prácticas y símbolos de origen pagano, con otros de origen católico cristiano.
Nuestros antepasados, hace más de 3 mil años durante la época prehispánica, ponían ofrendas que bien podían ser un homenaje, un presente, o el ofrecimiento de un sacrificio a los que ya habían fallecido. Los muertos que no eran elegidos para habitar en los otros “paraísos”, iban al Mictlan (lugar de los muertos), o mundo inferior. En el reinaba el dios Mictlantecuhtli y la diosa Mictlancihuatl, que muchos asocian hoy con “La Catrina”, personaje creado por el caricaturista José Guadalupe Posada, antes de la Revolución Mexicana.
Cuando llegaron a América los españoles en el siglo XVI, trajeron sus propias celebraciones del Día de Muertos cristianas y europeas, donde se recordaba a los muertos en el día de todos los santos. Al convertir a los nativos del nuevo mundo se dio lugar a un sincretismo que mezcló las tradiciones europeas y prehispánicas, haciendo coincidir las festividades católicas del Día de todos los Santos y Todas las Almas con el festival similar mesoamericano, creando el actual Día de muertos.
El altar
De acuerdo a la creencia, el altar que se debe colocar, debe tener tres niveles. La parte alta representa el Cielo y ahí se colocan las imágenes de los Santos; en medio está el limbo y ahí va la foto de los muertos que se supone, están pagando sus pecados; la tercera es la Tierra y en ella se colocan todas las cosas como comida, dulces, agua, etc. Alrededor o en la puerta de la habitación en donde la vayas a poner, debe tener un arco que simboliza “el permiso que da San Pedro”, para que las almas puedan “salir y regresar” al paraíso; enfrente se coloca un camino de pétalos de flor de cempasúchil para que los muertos “se guíen”, ayudados por su color amarillo fuerte.
En el caso de la colocación de altares de muertos en México, se incluye comida como el mole, arroz, pipián, hojaldras, chiles, tamales, pan de muerto, dulce de calabaza o tejocote, y algunas bebidas mexicanas como el tequila y el pulque o una botella de licor. También se ponen frutas de temporada como naranjas, mandarinas, guayabas, cañas y jícamas
El pan de muerto
El pan de muerto, tiene diversas leyendas acerca de su origen, pero muchas coinciden en que nació dentro de las culturas prehispánicas y tomó la forma con la que hoy lo conocemos a partir de la llegada de los españoles a México, donde se hace referencia principalmente a los sacrificios humanos que realizaban los Aztecas, donde una princesa era ofrecida a sus dioses, y su corazón aun latiendo, se introducía en una olla con amaranto y después quien encabezaba el rito mordía el corazón en señal de agradecimiento a esos dioses. Los españoles, al no apoyar esta práctica, elaboraron un pan de trigo en forma de corazón, bañado en azúcar pintada de rojo, para simular la sangre.
Dependiendo la región de México, el pan de muerto es elaborado con diferentes ingredientes, formas y sabores, donde su forma tradicional de la hojaldra representa, en el caso de la “bolita” o corona superior, el cráneo del difunto y las canillas a los lados se colocan para simbolizar sus huesos. Para otros, la “bolita” o corona superior del pan, simboliza el corazón de los muertos y el sabor de azahar es un distintivo para recordar a los fallecidos. Y para unos más la “bolita” es el cráneo, la parte mayor o base es la tumba, y los “palitos” son los huesos.
Así vemos que su origen, hace más de 3 mil años en la época prehispánica, ha prevalecido, donde ponían ofrendas que bien podían ser un homenaje, un presente, o el ofrecimiento de un sacrificio a los que ya habían fallecido, uniéndose la cultura de los antepasados mexicanos con la cultura traída por los conquistadores españoles, resultando en una mezcla, un sincretismo, que prevalece hasta el día de hoy.