Festival Anual del Huapango en Amatlán-Naranjos, una fiesta que rompe fronteras
• Es ejemplo claro de que las barreras políticas, geográficas e históricas ceden cuando el fervor de la tradición clama el encuentro
Zona Centro
COMUNICADO - 2013-11-25
Hoy culminó el trabajo de todo un año de organización, gestión y promoción cultural que el Patronato Pro Huapango y Cultura Huasteca A. C., presidido por Santiago Pérez Gómez, realizó para celebrar la vigesimocuarta edición del Festival Anual del Huapango Encuentro de las Huastecas.
En el acto protocolario, realizado en el auditorio Viva Siempre el Huapango, de Amatlán, autoridades municipales, representantes de las regiones huastecas de la República y académicos de la Universidad Veracruzana acompañaron a los integrantes del patronato en la entrega de las medallas al mérito y clausura del festival.
Frente a la Plaza del Sol Poniente, el sol verdaderamente cedía sus rayos a la incipiente noche y un viento frío que fue cómplice de todo el festival llevó consigo las notas del son huasteco a todos los rincones del pueblo acomodado en el lomerío del municipio de Naranjos. Adentro del auditorio se dieron cita desde muy temprana hora los participantes, últimos del festival en una presentación ininterrumpida de colores y sonidos que enardecen los corazones de los habitantes de la Huasteca.
Pero no concluyó sólo el trabajo que el patronato realiza para organizar la fiesta más esperada de las seis huastecas, además, se llega al pináculo de un camino que tiene 24 años de historia en Amatlán: una semilla que en la década de los 90 el primer grupo articulado de actores y promotores culturales que acompañaron el sueño de David Celestinos Isaacs sembró en tierras amatecas, en el lugar de amates, como lo indica su toponimia.
A la fecha, la historia ha cobrado vivencias varias, despedidas y arribos de nuevos y antiguos compañeros huapangueros, hermanos de son y de tradición que, año con año, se dieron cita en la catedral del huapango.
En un ejercicio de rememorización colectiva que encontró su cauce en la publicación Huasteca Linda, diversos actores y participantes de la cultura huasteca han vertido en ocasión de este vigesimocuarto aniversario sus impresiones y expectativas alrededor de esta festividad de calidad interestatal.
El Festival Anual del Huapango, como muchas otras fiestas de la huasteca, es un ejemplo de que las barreras políticas, geográficas e históricas pueden ser omitidas cuando el fervor de la tradición clama el encuentro, cuando la sangre llama a la sangre.
Entre todas las actividades, una de las de mayor éxito fue la presentación del acervo etnográfico de trajes regionales de la huasteca poblana, propiedad de la familia Del Ángel Ortiz, del municipio de Huauchinango, Puebla.
El viandante que no ha vivido esta experiencia no puede comprender la magnitud del evento. Aquí en Amatlán desfilan las singularidades revestidas de folclor, los cuerpos de los visitantes lucen tejidos únicos, colores que llevan simbolismo, sombreros que están tejidos por historias, insignias de poder en cada una de sus vestimentas.
Los bailadores hacen tronar el entarimado, sacan fuego de sus botas o truenos tempestuosos de sus calzados vernáculos; de los violines, jaranas y quintas huapangueras vuelan pájaros míticos, seres que pueblan el imaginario del área cultural de la huasteca.
Al interior, el huasteco sabe bien de lo que habla. Sabe bien su origen y lo comprende a cabalidad, en el sentido de que su existencia misma está marcada por esta sensación de pertenencia.
Todas estas formas únicas y originales de vivir la huasteca, veracruzana, potosina, tamaulipeca, queretana y poblana convergen en Amatlán para hermanarse sin esperar nada a cambio. Todo lo mueve el amor por el huapango, por el son y por la cultura y tradición huastecas.
En este año, se conmemoró la obra de David Celestinos Isaacs, artista plástico que impulsó con todas sus energías este sentir, fundador del festival y del patronato en Amatlán; se premió la trayectoria de tres personajes que han promovido con sus acciones la perpetuidad huasteca: el promotor cultural Reynaldo Mota Molina y los músicos Élfego Villegas Ibarra y Epifanio Sarmiento Rubio.
Además, en ocasión de la clausura, se entregaron las medallas que valoran lo más destacado del festival. Se pudo observar el aplauso y el cariño que el público le tuvo al Taller Integral Huasteco de la Casa de Cultura de Huauchinango, Puebla, por su labor de instrucción a niños del son huasteco; el trío Nostalgia Huasteca, que desde la “huasteca chilanguense” emite sus cantos; Las Palomitas Serranas de Guanajuato y la trayectoria musical de Esperanza Sumaya, “el falsete de Veracruz”.
La medalla al mérito rodeó el cuello de Goyito Melo, huapanguero de Chicontepec, que a sus 87 años aún hace vibrar el sonido y el entarimado, y una lista grande de bailadores, promotores culturales, investigadores como Román Güemes Jiménez y comunicadores que hacen posible que el sentimiento huasteco se vea reflejado más allá de las fronteras físicas.
Santiago Pérez Gómez agradeció el apoyo recibido por todos los asistentes, la solidaridad y la hermandad que domina el festival y que lo coloca en un lugar privilegiado en las fiestas huastecas.
Afirmó que ya desde hace tiempo se viene planeando y organizando el festival que viene porque se celebrará ya un cuarto de siglo del Encuentro de las Huastecas y, como es de esperarse, ha de ser algo grande y digno de vivirse.
Éste no es un camino que se acaba con la clausura de esta emisión, mucho menos con el caer del sol poniente. La noche siguió y los visitantes que no tuvieron que regresar a sus distantes hogares dejando el recuerdo vivo, pudieron seguir degustando los sabores típicos de la noche huasteca y su himno que ya es tradición: ¡Que viva siempre el huapango!