+Columna de EDUARDO CORONEL CHIU, publicada en Diario AZ Xalapa y Veracruz
Zona Centro
Eduardo Coronel Chiu - 2014-02-14
La historia serviría para un guión de comedia policiaca negra. Uno de los delincuentes más buscados del país rentaba la residencia a un experto en inteligencia y seguridad nacional, sin que éste siquiera lo sospechara; éste se enteró de la identidad de su inquilino cuando las fuerzas del orden lo capturaron, precisamente en un cateo a la casa de su propiedad.
El cruce de currículums del inquilino delincuente y del arrendador experto en inteligencia podría sugerir alguna complicidad, que se ha descartado en la investigación oficial, pero en todo caso aportaría el tono irónico entre la ingenuidad y la torpeza para el agente de inteligencia y seguridad.
El delincuente Daniel Fernández, alias El Pelacas, era tenido en los archivos policiacos nacionales como uno de los objetivos prioritarios de captura; enlace entre tres poderosos cárteles de delincuencia organizada y jefe del propio llamado “La Oficina”, que operaba en el centro del país; tenía numerosas órdenes de aprehensión en varios estados y del fuero federal; buscado por delincuencia organizada, delitos contra la salud en su modalidad de narcotráfico, homicidio, daños dolosos y secuestro; el más notorio, en 2010, el del político del PAN Diego Fernández de Cevallos, mantenido en cautiverio por siete meses y liberado después de pagar el rescate. Desde noviembre pasado era arrendatario de una lujosa residencia valuada en más de 10 millones de pesos en un fraccionamiento exclusivo de Puebla, propiedad de Alberto Amador Leal, actual delegado de la Secretaría de Gobernación en Veracruz.
El último en saberlo
En nada contribuyó el experto en inteligencia a la localización y captura de El Pelacas. Alberto Amador Leal, un químico poblano que ha sido diputado federal y local, secretario de Desarrollo Social de su estado, dirigente partidista del PRI, director de inteligencia de la Policía Federal Preventiva al inicio del gobierno de Peña Nieto, y antes secretario general del Centro de Inteligencia y Seguridad nacional (Cisen) en tiempos de Carlos Salinas de Gortari. Según sus comunicaciones hechas en su cuenta de Twitter, después de que se hizo pública la detención de su maloso inquilino, efectuada por la Marina y la Procuraduría General de la República, el contrato de arrendamiento fue hecho por su esposa por los meses de noviembre pasado a abril próximo, ignoraba la identidad del arrendatario de su mansión, se ponen a las órdenes de la autoridad y ya presentaron, dice, “una denuncia de hechos”, ¿de cuáles?, quien sabe.
Concediendo al ampuloso delegado de la Segob en Veracruz, nombrado en abril de año pasado por su presunta cercanía con su titular Miguel Osorio Chong, coordinador y jefe de los delegados federales en el estado, la presunción de inocencia, no escapa de la presunción de “ingenuo” en los bordes de la torpeza, al no poder siquiera verificar a quien le da en renta su casa. Si eso es en las cuestiones del ámbito personal, qué podríamos esperar de su conocimiento y previsión de las situaciones políticas, socioeconómicas o delictivas que podrían poner en riesgo la seguridad nacional.
No está solo
Otras historias darían para argumentos similares. En 2002 el Ejército mexicano capturó en el Puerto de Veracruz a uno de los capos más buscados, Jesús Albino Quintero Meraz, El Beto o El Chorejas, quien traficaba desde el estado, según dijeron, 1.5 toneladas al mes de cocaína para dos cárteles de la droga. El más buscado era vecino del entonces gobernador Miguel Alemán Velazco en el fraccionamiento Costa de Oro en el Puerto de Veracruz.
Más recientemente, el oso fue de Alfredo Castillo, flamante cuasi gobernador de Michoacán, designado Coordinador de Desarrollo y Seguridad por el presidente Enrique Peña Nieto, pero coordinado con la Secretaría de Gobernación.
Fue exhibido en un encuentro con Juan José Farías, apodado El Abuelo, considerado uno de los jefes de los cárteles beligerantes en ese estado convulsionado por la violencia de la delincuencia y los paramilitares “autodefensas”, sin que el delegado federal supiera con quién estuvo dialogando amistosamente. En la frivolidad de su aclaración comparó su coloquio con el capo como quien saluda en una boda e ignora la identidad de su interlocutor. Esta falla de inteligencia expresada en los términos futboleros que inspiran la estrategia de Castillo para pacificar Michoacán (su gurú es el ex director técnico del Barcelona Pep Guardiola), se trataría como un tonto autogol.
Los osos consecutivos de funcionarios de la Secretaría de Gobernación, ameritan se evalué la calidad de los servicios de inteligencia en el país, claramente rebasados por los riesgos y llevados, como en los casos mencionados, al ridículo.