Defiende Arquidiócesis de #Xalapa santidad de papas: no es fanatismo
+ A través del la oficina de Comunicación Social dirigida por el Pbro. Lic. José Juan Sánchez Jácome, la Iglesia Católica defiende la santidad: "no es una pretensión desfasada o retrógrada".
Zona Centro
COMUNICADO - 2014-05-02
A unos días de la histórica canonización de dos papas, Juan XXIII y Juan Pablo II, queremos compartir el gozo de nuestros fieles por este acontecimiento que representa un estímulo para buscar la santidad en nuestra propia vida cristiana, como estos santos y tantos hombres y mujeres de Dios a lo largo de la historia.
La santidad no es una pretensión desfasada o retrógrada; tampoco representa un golpe farisaico para arrebatar a Dios lo que sólo Él posee en plenitud y por naturaleza. La santidad es el estado de vida que se produce cuando Dios se convierte en la principal fuente de inspiración de todas nuestras acciones, sin dejar de llevar una vida como personas. Los santos son hombres de Dios y hombres de su tiempo. Tienen la capacidad de partir de Dios en todas sus acciones para mostrarse como hermanos de los demás.
Por lo tanto, aspirar a la santidad no es fanatismo. Entre más se aspire a la santidad habrá más sentido de justicia y de fraternidad y se aspirará a un mayor compromiso en la familia y la sociedad. El que aspira a ser santo no se pone como ejemplo, ni está pidiendo que lo canonicen, le pongan un altar o lo inciensen. Este modelo de santidad es trasnochado y no corresponde al ideal que tienen nuestros fieles y nuestros jóvenes.
Entre más se aspire a la santidad no nos quedaremos a medio camino en nuestro encuentro con Dios y en nuestro encuentro con el hermano; se podrá superar la mediocridad, la indiferencia y el conformismo.
Los profesionistas y los trabajadores aspiran a la excelencia, a no quedarse en la mediocridad y a buscar en todo momento profundizar y ser expertos en su propia área de competencia. No se aspira a una profesión para quedarse en la mediocridad. La excelencia para un cristiano es precisamente la santidad. El cristiano no aspira a la santidad para que Dios le resuelva la vida, sino para forjar una mejor sociedad y promover a los más pobres.
A nivel de la sociedad no nos quejamos e inconformamos de tener buenos escritores, buenos maestros, buenos políticos, buenos gobernantes. Esto es precisamente lo que necesita este país, que cada quien aspire a la excelencia en sus oficios, responsabilidades y convicciones.