* Doña Esperanza Ramírez Rivera, es un ejemplo de vida a los jóvenes y a la sociedad en general
Zona Centro
David Alavez Cabra - 2014-07-19
Originaria de la comunidad de Tepechilotla, en el estado de Puebla, con 67 años de edad, doña Esperanza Ramírez Rivera, quien desde hace 29 años vive en Ixtaczoquitlán, es un ejemplo de vida tanto para jóvenes como adultos, que nunca es tarde para hacer las cosas que se dejaron pendientes en algún momento de la vida -por diversas circunstancias-, entre ellos el poder aprender a leer y escribir, ya que ella en el pueblo en el que nación, no pudo estudiar pues no había oportunidades, había mucha escasez y estaban “muy cerrados”, en ese lugar.
“En un principio no me gustaba, porque como no sabía yo nada, me costaba mucho trabajo y a veces me desesperaba, pero luego como ya aprendí a leer me gustó. La primera vez que pude leer, sentí muy bonito, que yo me decía antes, ‘cuándo lo iba a poder hacer’; nunca me imaginé que lo iba yo a poder hacer un día, pues cuando yo llegué a esta ciudad, era puro trabajar y trabajar”, externó, afirmando que cuando se carece de estudios la gente, se aprovecha.
Esta mujer, que es madre de 7 hijos (4 mujeres y 3 varones), abuela de 15 nietos y bisabuela de 6, dijo en entrevista que toda su vida trabajó realizando los quehaceres de diversos hogares en los que trabajó, hasta hace 7 años que dejó de hacerlo y ahora tiene el tiempo para poder hacer otras actividades y dedicarse tiempo para ella misma.
“Hubo muchas que cosas que me perdí, que yo hubiera querido conocer en mi juventud, al menos cuando tenía yo 20 años que no pude, y no pude estudiar por ese motivo, no había como aquí en Ixtac, escuelas. Ahora la juventud no estudia porque de veras no quieren y no saben de lo que se pierden, ahora la vida es tan difícil y con secundaria ya no se puede hacer nada”, mencionó
De esta manera, acompañada de una de sus hijas (que vive en la Ciudad de México), de nombre Margarita Hernández de 44 años de edad, doña Esperanza Ramírez Rivera, recibió de parte del IVEA, su certificado que le acredita sus estudios de alfabetización, demostrando esta hermosa bisabuela con ello, a sus 67 años de edad, que “Nunca hay que perder la esperanza, de poder lograr todo lo que nos propongamos en esta vida”.