+ Columna de Eduardo Coronel Chiu, publicada en Diario AZ Xalapa y Veracruz
Zona Centro
Eduardo Coronel Chiu - 2014-08-26
La obligada condena del homicidio de Guillermo Pozos Rivera, tesorero del Ayuntamiento de Coatepec, y la exigencia de justicia y castigo a los responsables, se mezcla con la preocupación y el temor por el brote de violencia en el área próxima a la capital del estado.
El viernes pasado, a plena luz del día, poco después de las tres de la tarde, en céntrica calle de Coatepec, tras la salida del Palacio Municipal y cuando se dirigía a su casa, Guillermo Pozos Rivera fue interceptado y obligado a bajar de su vehículo por tres personas con el rostro cubierto, y por la fuerza conducido al vehículo de sus plagiarios, en el que se lo llevaron.
Pese al ahora del día y a la presencia de testigos, los delincuentes actuaron a sus anchas. Por ningún lado apareció la policía. Visto que levantón al tesorero no parece casual es preocupante la impunidad con que actuaran los delincuentes.
Reportado como desaparecido por su familia al perder el contacto con él, pues había avisado que se dirigía a comer a su domicilio, luego de tres días de búsqueda, ayer apareció su cuerpo sin vida. Fue localizado en un sembradíos de caña en los límites de los municipios de Coatepec y Jalcomulco. La procuraduría del estado no reportó la causa de la muerte y hubo versiones de herida de bala y tiro de gracia, o de puñaladas.
Hasta donde se sabe, nunca hubo un contacto de los delincuentes con la familia para pedir rescate, por lo que los hechos no encuadran en el secuestro. Corresponde a la Procuraduría investigar el móvil y detener a los responsables y se verá si alguna vez se conoce “La verdad histórica de los hechos” sea cual sea, como asegura el procurador en su comunicado.
DE LA SEDECO AL MUNICIPIO
Profesionalmente, Guillermo Pozos Rivera tenía poco tiempo de haber ligado con el presidente municipal de Coatepec, Roberto Pérez Moreno, El Juanelo. En el pasado reciente, pozo Rivera participó en el gobierno del estado y por ello se le relaciona con el ex gobernador Fidel Herrera Beltrán y particularmente con Carlos García Méndez, el secretario de Desarrollo Económico (Sedeco) de ese sexenio y con uno de los asesores de éste, Gustavo Murrieta. La mayor parte de esa administración, Pozos Rivera fungió como director del Fideicomiso relacionado con el medio empresarial (Firme), organismo distribuidor de créditos empresariales y, a su extinción en 2009, paso ocuparse de la dirección de un organismo similar, el Fondo del Futuro, igualmente enclavado en la Secretaría de Desarrollo Económico, al lado de Carlos García Méndez.
Ahora que se ha dado el ataque y muerte contra Guillermo Pozos Rivera, cobra sentido el modo en que se conduce allá el presidente municipal Roberto Pérez, El Juanelo. No hace mucho se le escucho comentar en voz baja, por cierto acompañado del hoy difunto, que ahí –refiriéndose a Coatepec- “la cosa está difícil”. Reconociendo que casi no asistir al Palacio Municipal, y que despachaba en un sitio privado. Y que “nunca duerme allá”.
En apariencia, Pozos y El Juanelo trabajan en equipo, todavía se les vio juntos a principios de mes en el acto de inauguración del libramiento de Coatepec, al que acudió el presidente de la República Enrique Peña Nieto.
Las fotografías del acto ubican a Pozos en un lugar muy cercano al pódium desde el que el presidente dirigió su mensaje, dos filas detrás de donde se ubicó el Gobernador Javier Duarte.
¿Y LA SEGURIDAD?
Las autoridades del estado no sólo tienen pendiente la explicación del crimen de Guillermo Pozos Rivera y la procuración de justicia en su caso, si no la obligación de garantizar la seguridad de la población.
Las declaraciones de baja de índices delictivos y mejoría de la seguridad se quedan sin sustento y confianza ante hechos como el homicidio del tesorero de Coatepec.
Además del aumento de los secuestros, este año ya son más de 100, sin contar los no denunciados, las fosas clandestinas encontradas, que colocan a Veracruz en segundo lugar, sólo debajo de Tamaulipas, así como los recientes homicidios no notorios, como el del inter de los colonos del predio Santa Cecilia, en Emiliano Zapata, los muertos en la fiesta en Hueyapan de Ocampo y la ejecución en Omealca del supuesto delincuente de Quintana Roo.