#AsuntosPúblicos: VUELVE LA BURRA AL TRIGO

+ Columna de Eduardo Coronel Chiu, publicada en Diario AZ Xalapa y Veracruz

Zona Centro

Eduardo Coronel Chiu - 2014-10-06

Cuando parecía que ya se había enfriado el controvertido tema de aprobar una reforma constitucional para elegir en 2016 a un gobernador del estado por un periodo recortado de dos años, y que el mismo Gobernador Javier Duarte hace un par de meses deslindándose de esa autoría atribuida, admitió no haber prisa para debatirlo, el pasado jueves el vocero de su gobierno, Alberto Silva, volvió a meter el asunto expresamente a la agenda pública, ahora sí, al parecer con paternidad reconocida. Con terquedad de mula, vuelve al trigo o alabo el Cisne.

Sorpresivamente, en una entrevista para radio, el Coordinador de Comunicación Social del gobierno del Estado, Alberto Silva, sostuvo:” habrá gubernatura de dos años y la iniciativa de reforma electoral será enviada en noviembre”. Aludiendo a la reforma del estado de Puebla –Silva agregó- “El gobierno de Veracruz está también pensando en una iniciativa que es mucho más profunda que solamente la de dos años, es una reforma de gran calado (¡pero si la reforma de gran calado es la Federal y ya se hizo!)… así que es muy posible que en el mes de noviembre el titular del poder ejecutivo puede presentar una iniciativa al Congreso de reforma política, que incluiría, entre otras cosas, crear una gubernatura de dos años”.

La artificialidad y falacias del debate inducido reaparecen. Ajeno y distante al interés público del Estado –no importa a ciudadanos ni les beneficia- y sin que haya obligación legal de crear un micro período gubernamental, el fantasioso proyecto proviene de ciertas camarillas que promueven su permanencia en el poder del Estado y que pretenden legitimarlo con la cooptación de grupos legislativos y de voceros en medio de comunicación. Formalmente, como se sabe, no la propuso el gobernador ni el PRI, si no el PAN y el PRD locales.

FALSOS DEBATES

Ya se ha examinado que es innecesario para cumplir con la obligación de la reforma político-electoral aprobada a nivel nacional, ya que en 2016 solo hay que homologar la fecha de una elección local, que puede ser la de diputados. y, además de que hay otras fórmulas para que en el futuro la elección del gobernador concurra con la presidencial. Por ejemplo, los períodos de Gobernador de cuatro años a partir del 2016 la haría concurrente en 2024.

Igualmente se ha desvirtuado el supuesto ahorro electoral que representarían sobre todo expuesto los inconvenientes para la gobernabilidad y el desarrollo del estado, la parálisis y falta de concreción de planes y acuerdos que provocarían elegir un mandatario que el primer año recibe la administración y al segundo la entrega.

Y aún desde el análisis político-Electoral, el riesgo para el grupo gobernante en el priismo nacional y para el control político de Veracruz que abriría empatar la elección del sucesor de Enrique Peña Nieto, el 2018, con una elección local de Gobernador, cuando aquí el PRI no ha ganado una elección presidencial desde 1994; el 2018 no sólo podría perder la presidencia sino también la de gobernador.

Por otro lado, con el cambio de reglas del juego electoral y de elección de consejeros del OPL, que instruirá el IEV, tampoco hay ninguna garantía de que el PRI ganaría dos elecciones del gobernador consecutivas, lamían 2016 y la de 2018, concurrente.

LA SUCESIÓN DE DUARTE

La propuesta de un gobernador de dos años, más allá de disimulos, se identifica como una estrategia del actual grupo gobernante. No bastante las debilidades argumentativa, al parecer sus autores asumen que tendrían un escenario electoral favorable. Su premisa es que ese periodo no sería atractivo para los rivales políticos más fuertes, tanto del PAN como del PRI –todos Yunes de primer apellido, por cierto-, lo que les facilitaría maniobrar para poner desde adentro un candidato del PRI y arrasar con la elección. Se duda de la solidez de esta hipótesis, pues aunque varios de los aspirantes a la candidatura, de ambos partidos, cuestionan acortar el periodo, tampoco se descartan de competir.

Por otro lado, el regreso del PRI a la presidencia de la República, aunque no reproduce el modelo jerárquico previo a la primera alternancia, es evidente que sea reducido las autonomías que ganaron los gobernadores del PRI, bajo la presidencia del pan. Una sucesión como la de 2010, en la que le entonces gobernador destino al candidato del PRI y lo apoyo para ganar, no se quede pueda repetirse.

El Gobernador Javier Duarte es un político pragmático y por ello no es creíble que haya perdido de vista la nueva estructura de poder en la que se desarrollara su sucesión y entrega de la gubernatura.

Pero como las reglas de control político se están rehaciendo en el nuevo priismo, no se descarta tampoco la exploración de fórmulas sobre su sucesión y entrega del poder, y de algunos escenarios hayan acelerado a sus colaboradores.

SILVA Y CHIFLA

No es desconocido que hay un juego sucesorio al interior del Gobierno del Estado. Tampoco en apariencia para no violar la legislación electoral y las reglas no escritas, se les ve combinado su actual función con abierta promoción de su imagen más allá del gobierno de Duarte.

En el caso del vocero Alberto Silva, el más protagónico de los funcionarios del gabinete y sin duda el más cremoso de los coordinadores de Comunicación Social. De eficiencia dudosa en el manejo de la imagen del Gobernador, en cambio, aprovecha su condición de vocero para hablar como si fuera el titular del ejecutivo. Se ha consumido en infiernillos, sobre todo en sus tribales escaramuzas con Yunes Linares. Desde sus infantiles intercambios en Twitter, hasta las promovidas entrevistas a Pancho Colorado, que mas que “embarrara”, a Yunes parece querer hacer víctima al Colorado, y más a su propio hermano, el otro Silva, secretario particular del empresario sentenciado en USA por lavado de dinero de los Zetas. Otro ejemplo de exceso de imagen se vio el lunes pasado con la postura oficial frente a la iniciativa para regular las manifestaciones, no bastó un comunicado del Gobernador deslindándose del asunto y garantizando el derecho de reunión en Veracruz. El mismo día, Silva propaló el suyo con el mismo tema “No habrá ley bala ni ley balín”, y al día siguiente se promovió en las televisoras nacionales.

Los observadores del viejo régimen del PRI no recuerdan que un grupo político local hubiera podido mantenerse como dominante más de un sexenio. Cada seis años se renovaba la clase política local –los arraigados aquí se acomodaban, pero no como dominantes-; la alternancia y la ausencia del centro priista permitió que se prorrogaran hasta por dos sexenios –como el grupo actual.

Desde priismo local, unos dicen que ha sido demasiado, otros que suficiente. Lo cierto es que se percibe un sentido de urgencia para la renovación.

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