+ Columna de Eduardo Coronel Chiu, publicada en Diario AZ Xalapa y Veracruz
Zona Centro
Eduardo Coronel Chiu - 2014-10-20
Viene hoy el presidente Peña Nieto a Poza Rica, junto con su secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, a presentar en el estado el remozado y renombrado programa social con el que pretende mejorar la atención publica a los millones de pobres del país. Este cambio de nombre y supuestamente de estrategia, el presidente lo anunció en su Segundo Informe de Gobierno, presentado en septiembre pasado, ella sea paseando en Washington presumiendo a la bancada y organismos internacionales, como si fuera una embajadora y no quien debe responder por el hambre y la pobreza de la población nacional.
El primer año del actual Gobierno Federal, el del regreso del PRI, fue la Cruzada Contra el Hambre –no tiene noticia de que haya disminuido –y se conservaron los programas asistenciales y clientelares de Oportunidades, como se sabe la votación del PAN creció asociada a estos programas, y se dice que no han dejado de ser clientelares, pero no aún para el PRI, ya que siguen al mando de los cuadros panistas que operan los programas y padrones. En su Segundo Informe de Gobierno, el presidente Peña tuvo que reconocer que la pobreza en el país no ha variado significativamente, “pese a todos los esfuerzos”, pero que ahora si habría un relanzamiento de la política social, que ahora se llamará Prospera, el cual agregara alternativas para que los pobres se incorporen a la vida productiva.
El cambio de nombre ya se hizo y su campaña publicitaria está en marcha. Como en otras ocasiones, la política previa sea tildado de asistencialista e insuficiente y se retoman los discursos de la inclusión social y las oportunidades para la superación de las carencias, no ausentes en los programas anteriores. Habrá que ver qué es lo nuevo en Prospera y cuales su diferencia y al final de cuentas se deberá evaluar por sus resultados, punto donde todos caen frente a la creciente masificación de la pobreza.
SI SE COMIERAN
En los últimos 26 años, con 5 presidentes de la República, incluidos dos de alternancia panista, y los demás del PRI, de antes y de ahora, la política social del Gobierno Federal para reducir la pobreza se ha llamado Solidaridad –con Carlos Salinas de Gortari (1988-1994)-; Progresa –con Ernesto Zedillo(1994-2000)-; Oportunidades- con Vicente Fox y Felipe Calderón (2000-2012) y los dos primeros años de Enrique Peña Nieto. Hoy llega Prospera.
En ese lapso han aumentado los presupuestos para el reparto de la caridad pública sin que se haya podido reducir la proporción de pobres que hay en el país. Millones de familias viven en el país –y obviamente en nuestro estado- de las precarias cantidades que puede obtener de su incorporación de uno o más miembros de los padrones de la beneficencia (en Veracruz al programa local se le conoce como Adelante). Lo registran lo mismo las mediaciones anuales de la Comisión Nacional para la Evaluación de la Política Social (Coneval) que las de organismos internacionales, como la reciente de la Organización para la Cooperación y de Desarrollo Económico (OCDE) sobre calidad de vida, que ubicó a México debajo del promedio de los 34 países que la integran.
Si el discurso de la pobreza se comiera ya no habría hambre en México. Tampoco aliviar las carencias de distinta índole que miden la pobreza –alimentaria, de Seguridad Social, servicios de vivienda, salud, rezago lucrativo, ingresos- que se rebauticen los programas sociales del gobierno.
La pobreza está asociara a la reproducción de las condiciones que la generan y preservan. El crecimiento poblacional y la ausencia de movilidad social, el rezago educativo, pero también al precario crecimiento económico, a la falta de empleo o al empleo mal pagado, a los bajos ingresos de la mayoría y a los mecanismos de concentración del ingreso en los estados privilegiados. Mientras que no se rompa el círculo vicioso de la pobreza y el bajo crecimiento, algunos en términos absolutos caerán en otro estrato de carencias, pero el aumento de la población pobre borra toda mejoría proporcional. La historia impide caer en optimismos.
TRAGEDIA FAMILIAR
Lamentablemente la tragedia familiar del político y empresario José Luis Lobato Campos, asesinado el pasado viernes junto con su esposa, por su hijo, quién se suicidó.
Presente en la política local, con altibajos, desde el gobierno de Rafael Hernández Ochoa (1974-1980), en el que ocupó la dirección General del IPE, su carrera estuvo principalmente ligada a Dante Delgado Rannauro; en el PRI, cuando éste fue gobernador sustituto (1988-1992 ), Lobato ocupó la Secretaría de Educación; y posteriormente, también al lado de Dante, participó en la constitución del partido político Convergencia (hoy Movimiento Ciudadano), del que fue dirigente, además de ser postulado para diputado local y senador.
Las versiones del móvil del crimen rebasa la esfera familiar. Recientemente se han acumulado denuncias de fraude en la venta de lotes funerarios, los que habrían sido vendidos varias veces. Hay testimonios de personas denunciantes que se enteraron de que no tenían a su disposición los lotes pactados contractualmente, debido a que la empresa, administrada al parecer por el hijo de Lobato, los había vendido en posteriores operaciones. La riña familiar habría sido por la administración fraudulenta.
Mucho de los lotes del cementerio Bosques del Recuerdo fueron vendidos por intermediación de los sindicatos magisteriales y del Instituto de Pensiones del estado (IPE). En el gobierno de Dante Delgado, cuando Lobato era secretario de Educación y miembro del consejo directivo del IPE, esta institución financió cerca de 2 mil lotes; un bonito negocio, la empresa enterradora recibió su pago total adelantado, liquidado por el IPE, mientras que los adquirientes saldaron el crédito a través de descuentos parciales quincenales de su sueldo. Los que ya ocuparon las fosas adquiridas han comprobado si les respetaron su ubicación; pero quienes no lo han hecho, podrían llevarse una sorpresa, como los denunciantes de fraude.