+Gregorio se convirtió, junto a Regina Martínez, en el símbolo de la libertad de expresión censurada, vapuleada y perseguida por los grupos de poder y delincuenciales en Veracruz
Zona Centro
REDACCIÓN - 2015-02-05
A las 7 de la mañana del 5 de febrero de 2014, el periodista de Coatzacoalcos, Gregorio Jiménez de la Cruz, era secuestrado por un comando en su domicilio ubicado en la congregación Villa Allende. Desde los primeros minutos, sus compañeros hicieron una fuerte divulgación de la desaparición forzada de Gregorio y la preocupación porque fuese a pasarle algo más grave.
Durante todo el día y las siguientes semanas se evidenciaron asuntos graves respecto a la pérdida de tiempo para ubicar a Gregorio; muchos periodistas ya hablaban de las posibles rutas de escape que llevarían a Gregorio lejos de su familia y que no eran caminos vigilados por policías, porque también era para el paso del tráfico de migrantes indocumentados.
De hecho, el cuerpo Gregorio aparecería días después, el 11, en una fosa clandestina en el municipio de Las Choapas, una distancia de una hora por lo menos de camino, pero nadie vio nada.
Gregorio se convirtió, junto a Regina Martínez, en el símbolo de la libertad de expresión censurada, vapuleada y perseguida por los grupos de poder y delincuenciales en Veracruz. Gregorio no imaginaría que su nombre y fotografía estarían en la portada de publicaciones e informes internacionales, por el doloroso hecho de que lo habían arrebatado de los brazos de su familia a la fuerza.
Peor aún: en los días que se supone se abocaron a su localización, estuvieron más resueltos al control de la crisis política y mediática, perdiendo valiosas horas para la búsqueda del reportero de nota roja y de sus captores. Incluso en este oficio se sabe que por lo menos hay canales extraoficiales para hablar con “La Maña”, pero nada se hizo para recuperar al “Pantera”, como era conocido Jiménez de la Cruz.
Si la situación fue por un asunto familiar o problemas con vecinos, la triste realidad es que Gregorio fue desaparecido violentamente en una entidad donde agredir a la prensa ya se está convirtiendo en deporte del actual sexenio, y no hay voz dominante que dé el manotazo en la mesa y diga un “¡HASTA AQUÍ!”.
Por el contrario, pareciera que ser periodista en Veracruz es motivo de desdén al oficio o de criminalización (como si en la clase política no hubiese verdaderos delincuentes). No vamos a negar que existan periodistas o seudoperiodistas que tal vez se dediquen a ilegalidades, pero ese no era el caso de Gregorio: quienes lo conocieron por eso lo defienden con vehemencia.
A un año de la desaparición de Gregorio, las amenazas y agresiones contra medios de comunicación no cesan. Pareciera que buscan romper un récord nefasto para las memorias de la historia política en Veracruz.