Nuevamente, la mayoría de la gente, recuerda en este 2014, la crucifixión, muerte y resurrección de Jesucristo. Y dentro la tradición católica, este día es denominado como Jueves Santo, pues es cuando el Señor se despidió de sus discípulos en la denominada “Última cena”, sabedor de lo que padecería antes de ir a la Cruz del Calvario, recalcándoles ahí, que se iba a preparar habitaciones para todos ellos, para que donde Él estuviera (el cielo Reino de Dios), ellos también pudiesen estar (Juan 14:1-6).
Es en este pasaje (Juan capítulos 15-17), donde les habla de cosas que sucederían en el futuro antes del fin de todo lo que existe en este mundo. Es ahí, donde ya sabía que Judas sería el que lo entregaría a los soldados romanos y a los guardias enviados por los jefes de los sacerdotes y los fariseos, cosa que ocurre más tarde. Previo a ello, les lava los pies, acto que es muy recordado por católicos y también por cristianos evangélicos (Juan 13:3-17).
Justo cuando Judas besa al Señor, para que supiesen que él era a quien buscaban, Simón Pedro con su espada le cortó la oreja derecha a Malco, siervo del sumo sacerdote, la cual milagrosamente Jesús sanó y restauró. Luego capturado el Señor, lo llevaron con Anás, el sacerdote (Juan 18:1-13).
Más adelante, Simón Pedro, llamado también Cefas, vive el que tal vez sea el momento más amargo de su vida, pues se cumple lo profetizado por Jesucristo, quien le dijo que o negaría tres veces antes que el gallo cantara (Lucas 22:34, Juan 18:15-25, Lucas 22:60-62).
De esta manera, Jesús fue llevado a la presencia de Poncio Pilato, personaje que trató por diferentes medios evitar su muerte en la cruz, pero que finalmente cedió ante la presión que los principales sacerdotes y los ancianos, quienes ejercieron toda la presión para que dejara libre a un delincuente llamado Barrabás, por lo que Poncio de lavó las manos declarándose libre de la sangre de ese Justo, el Salvador del mundo.