Este día 3 de abril del 2015, se recordará la crucifixión y muerte del Señor Jesucristo, reflexionando sobre lo que sucedió en esos días en que, luego de ser llevado con Anás, es acusado de blasfemar por hacerse igual a Dios. Al ser interrogado, es abofeteado por uno de los alguaciles y luego enviado con Caifás, llegando al pretorio de la casa de este. Era de mañana, por lo que los judíos no entraron a ese lugar, para no contaminarse y así poder comer la pascua (Juan 18:28-33). Pilato salió a ellos, preguntando ¿Qué acusación tenían contra ese hombre? Respondiéndole que blasfemaba contra el Dios de los judíos al decir que el era el Cristo y Rey.
Pero Pilato no halló en Él ningún delito, y al saber que era galileo lo envió con Herodes (Lucas 23:6-12). Mientras tanto, Judas Iscariote, el que lo entregó, al darse cuenta de su error, arrepentido les regresó a los sacerdotes las 30 monedas de plata que le pagaron por ello, y en el lugar conocido como el Campo del Alfarero, se ahorcó (Mateo 27:3-5). Al regresar a Jesús con Poncio Pilato, éste les propuso liberarlo, pues en cada fiesta de la Pascua soltaban a alguno, pero la muchedumbre se negó y pidió a Barrabás, uno que estaba encarcelado por rebelión en contra de la autoridad de la ciudad y homicidio. En cambio, le exigían –persuadidos por los principales sacerdotes y ancianos- que crucificaran a Jesús (Lucas 23:13-25).
Pilato, se lavó públicamente las manos con agua diciendo “inocente soy de la sangre de este justo”, soltando a Barrabás (Mateo 27:24-26). Luego, Jesús fue azotado. Posteriormente, los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la compañía para ponerle vestiduras de reales color púrpura, y una corona tejida de espinas sobre su cabeza para entonces comenzar a saludarle diciendo: ¡¡Salve, Rey de los judíos!! Y le golpeaban en la cabeza con una caña, y le escupían, y puestos de rodillas le hacían reverencias. Luego le regresaron sus vestiduras y lo llevaron para crucificarle (Mateo 27:27-31).
Y salió cargando su cruz, pero estaba tan maltrecho que obligaron a un hombre que venía del campo llamado Simón de Cirene que la llevase tras él, siguiéndoles gran multitud y de mujeres que lloraban y se lamentaban por él, llegando al lugar llamado de la Calavera o Gólgota, en donde lo crucificaron en medio de dos malhechores (Lucas 23: 26-33), donde uno de ellos le injuriaba, diciendo: “Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros”. El otro, lo reprendió diciendo: “¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación?” Y dijo al Señor: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”. Jesús le respondió: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:39-43). Eran las 12 del día, y de repente el sol se oscureció hasta las 3 de la tarde. Entonces Jesús expresó: “Dios mío, Dios mío porqué me has desamparado”; y clamando a gran voz, dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró” (Lucas 23:44-46).