#Editorial: LOS EGOS DEL FISCULÍN Y EL GENERAL

+ El problema es que el ego, la soberbia, suele ser muy mala consejera, pero más en quienes tienen cargos públicos, especialmente porque los hacen cometer excesos y estupideces.

Zona Centro

REDACCIÓN - 2015-04-21

Dicen que la soberbia es mala consejera. Que una vez llegada, es difícil bajarse de la nube y dejar de actuar como divas, hasta que en un momento determinado les toca nuevamente tocar tierra y darse el sopetón de sus vidas contra el piso. Eso le pasa a cualquiera, porque el poder es temporal para la mayoría de la clase política.

Vea usted el ejemplo a Roberto López Delfín, poderoso secretario particular del ex gobernador Miguel Alemán Velasco, quien en fechas recientes se le ve sencillo y en su real dimensión: un ciudadano más que viste ropas deportivas y se placea entre periodistas para hablar de rocanrol.

Acuérdese del también poderoso Alejandro Montano Guzmán, secretario de Seguridad Pública en el Alemanismo, hoy con más sensibilidad y humildad, lejos de aquel funcionario rodeado de guaruras prepotentes, lidiando (ahora como empresario periodístico) con la triste realidad de los medios de comunicación en Veracruz.

No podemos decir que haya pasado lo mismo con el Fidelismo, porque al final de cuentas son los mismos personajes que están vigentes ahora. Sólo cambiaron de gobernador, pero siguen vigentes y hasta buscan extender su “poder” al menos dos años más. Ya se imaginará cómo están de hinchados de soberbia.

Lo que no tiene nombre, a cinco años del gobierno de Javier Duarte de Ochoa, es el ego de algunos funcionarios como es el caso reconocido de Luis Ángel Bravo Contreras, fiscal general del estado, conocido por su excesivo cuidado personal y alardear de ser una guapura como Gordolfo Gelatino. Incluso, recién llegado a la administración, en una reunión privada en Palacio de Gobierno pidió (medio tono de broma, medio tono en serio) que se cuidara mucho su imagen porque lo perseguían las mujeres.

El caso de Arturo Bermúdez Zurita, secretario de Seguridad Pública, es similar. Es de esos modernos soldados-funcionarios adicto a la adrenalina y uso de las armas, al grado de participar personalmente en los operativos hasta de alcoholimetro por las calles de Xalapa.

Trae también a su resguardo al menos cinco camionetas y decenas de escoltas personales que lo siguen a todos lados, mostrando su poderío (que seguramente va a extrañar cuando se le termine el cargo, porque no es perpetuo).

Pero lo que ya rayó en lo ridículo fue el mural que se mandó a construir con su imagen. Sí, así como lo lee: Bermúdez Zurita perdió el piso y antes de que alguien se ocurra homenajearlo en el futuro por su labor de combate a la delincuencia, mejor se mando a hacer un mural con su figura para autocelebrarse, especialmente porque ya no declara ante los periodistas y no tiene empacho en mostrarles su desprecio.

No obstante, hay que reconocer que pese a los enormes egos del fiscal y del titular de la SSP, ha habido muchos avances en materia de seguridad; se han destrabado casos de desapariciones, se han resuelto secuestros, se ha exhibido a quienes usan el membrete de delincuencia organizada, pero solamente son delincuentes comunes. Que hay todavía pendientes, es cierto, especialmente ahora en tiempos electorales, donde ya a una aspirante le quemaron su oficina de campaña en una violenta región de Isla, donde nadie mete orden.

El problema es que el ego, la soberbia, suele ser muy mala consejera, pero más en quienes tienen cargos públicos, especialmente porque los hacen cometer excesos y estupideces.

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