+ Columna de Eduardo Coronel Chiu, publicada en Diario AZ Xalapa y Veracruz
Zona Centro
Eduardo Coronel Chiu - 2015-05-08
A los signos de debilidad financiera creciente del Gobierno del Estado, de sobra conocidos y parecidos en Veracruz, parecen adicionarse ahora indicios de lo que podría ser un desmoronamiento político anticipado –de no contenerse antes de que pase a mayores- que colocaría al gobernador Javier Duarte y a su grupo en verdaderos aprietos para finalizar el sexenio.
Para los analistas y observadores no ha pasado desapercibido el viraje en las condiciones políticas del Gobierno del Estado que significaría el incidente en el Congreso de la Unión, donde los legisladores del PRI, diputados y senadores, dejaron pasar y consintieron que el PAN, exhibiera, en medio del proceso electoral, al gobernador y al menos a 2 de sus ex colaboradores que hoy son candidatos a diputados federales del PRI, bajo presunciones de corrupción y desvíos de recursos, mismos que fueron denunciados en la Procuraduría General de la República (PGR) por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) a fines del año pasado..
Los operadores del PRI en el Congreso salvaron a los suyos; no hubo mención alguna al ex secretario de Finanzas del gobierno de Fidel Herrera, Salvador Sánchez (quien dice que no firmo nada), pero además su cuñado, Manlio Fabio Beltrones, es el coordinador del grupo legislativo de los diputados del PRI; tampoco se mencionó al ex secretario de Educación de esta administración Adolfo Mota, actual candidato a diputado federal por el PRI para el distrito de Xalapa Rural, ya que cuenta con la protección de Emilio Gamboa Patrón, coordinador de los senadores del PRI.
En cambio, por el gobernador Duarte, Tarek Abdalá y Edgar Spinoso, los candidatos por Cosamaloapan y Martínez de la Torre, no hubo quien metiera las manos.
La evidente desconexión de gobernador con el grupo político dominante del PRI en el centro del país, ahora que se ha restaurado el presidencialismo, indicada por el episodio, apunta a una nueva situación política en el estado, que aún falta por descifrar en sus alcances y consecuencias. ¿Fortalecer a la oposición en Veracruz, aporrear al gobernador para bajarlo, sacrificarlo como tributo al sistema anticorrupción para legitimar al gobierno de Peña, obsequiar la alternancia?
CRISIS COMBINADA
Todos ven como se hunde el Titanic y la banda sigue tocando. Las finanzas públicas continúan atoradas en un callejón sin salida, con severas dificultades cada mes para cubrir los compromisos básicos de operación, el déficit crece y persiste la incapacidad de amortizar los pasivos a acreedores, en todos los sectores; la ausencia de inversiones y gasto, una parálisis que ha creado malestar, inconformidad y resentimiento en la población.
No hay rescate del Gobierno Federal y, para más, se canceló la opción de usar el salvavidas tradicional de los fondos federales para educación, las participaciones declinan y el gasto federal se recorta al amparo de la baja en los precios del petróleo.
No va a ser nada fácil, ni en ésta ni en la secesión, ganar elecciones si dinero y con mala imagen, tanto el Gobierno del Estado como el Gobierno Federal, aunque éstos tienen a su favor que apenas andan a la mitad de su periodo y no hay revocación de mandato, a diferencia del estatal, que va de salida, y lleva, incluso, el riesgo de que acceda la oposición al poder.
El punto culminante de la relación del gobernador con el presidente Peña –el fin de año pasado, los Juegos Centroamericanos y sobre todo la Cumbre Iberoamericana, cuando aquel vino a refugiarse de los escándalos de la Casa Blanca-, marcan igualmente el principio del declive. Lo logró todavía Duarte sacarle al presidente la aprobación para la reforma constitucional en materia electoral que recortó el periodo del próximo gobernador a dos años; como ,manzana envenenada o triunfo pírrico, saltó a los operadores político y financiero de la Presidencia y generó un división en la clase política del PRI, aunque ha pactado con algunos – Héctor Yunes- dejó suelto en la oposición al otro senador, José Yunes Zorilla, quien se alinea en el grupo del secretario de Hacienda, Luis Videgaray.
Asimismo, el gobernador pudo impulsar a sus cuadros como candidatos a diputados federales; pero no parece tener ya el mimo apoyo político (el financiero, obviamente, no lo tiene).
El escenario para el grupo de salida se ve muy crítico. A ver cómo le va en los resultados electorales el próximo mes, cuando hay señales de que la cúpula priista está llegando a acuerdos bajo el agua con la oposición, del cual es un ejemplo el exhorto a la PGR en la Comisión Permanente del Congreso de la Unión.
Por otro lado, se advierte que el proceso sucesorio podría tomar otro cause a partir del deslinde que el grupo central está haciendo, en el que la influencia del gobernador quedaría muy mermada. De ser así, este cambio en las reglas de la secesión podrían alterar los pactos concertados, otra vez, el principio elemental: sin dinero y con mala imagen no se ganan elecciones.
Habrá ocasión de dar seguimiento a los nuevos elementos de la situación política.