+Columna de Eduardo Coronel Chiu, publicada en Diario AZ Xalapa y Veracruz
Zona Centro
Eduardo Coronel Chiu - 2015-08-11
Convertido en tema noticioso nacional, con resonancia internacional –en la intersección de la política y la nota roja- los crímenes de la colonia Narvarte, como se le conoce al brutal evento en el que fueron asesinados el pasado 31 de julio, en un departamento habitacional de la Ciudad de México, cinco personas, el foto reportero Rubén Espinoza y cuatro mujeres, la activista Nadia Vera, la maquillista Yesenia Quiroz, la colombiana y modelo Mile Virginia Martín y la señora del aseo, Alejandra Negrete, su investigación a cargo de la Procuraduría de Justicia del DF apuntaría a una resolución de trama policiaca, no política.
La trama, un misterio policiaco detectivesco con la incógnita ”¿quién (es) lo hizo? y porque?” generó varias hipótesis para la investigación y comprensión de los hechos, pero otro segmento estableció su sentencia de modo anticipado, al margen de las evidencias.
Al lado de la indignación y condena general, el asunto, además, ha divididos las opiniones que se expresan en el espacio público; se ha creado un debate de fuerte contenido ideológico y político que tiene a desentenderse de los hechos, especialmente desde aquellos que por fanatismo o interés político, iniciar las pruebas en contra, sostienen que el móvil de los crímenes está relacionado con la represión a la libertad de expresión y al activismo, y que estos ataques provienen del gobierno de Veracruz, con todo y que los hechos no ocurrieron en la entidad, sino en la Ciudad de México, como todos saben.
La presunción asumida debido a que dos de las víctimas –Espinosa y Nadia Vera-vivieron varios años en el estado y salieron de aquí supuestamente a causa de amenazas recibidas, si acaso justificable en una etapa inicial de conocimiento de los hechos, cuando aún se exploraban todas las posibilidades causas o motivos, no ha podido sustentarse durante la investigación ministerial; no hay ninguna evidencia que la corrobore o fortalezca.
Por consigna: “No les creemos”
Por otro lado, la celeridad y eficacia con que ha actuado la Procuraduría del Distrito Federal en el acopio de evidencias, así como en las retenciones y consignación de uno de los delincuentes ante un juez por los cargos de homicidio, feminicidios y robo agraviado en pandilla, no parece agradar ni convencer a los que esperaban una historia de romanticismo social y retención de estado.
Pero no puede racionalmente desacreditarse la investigación sólo porque no corrobora la hipótesis especulativa del ”movimiento de protesta” y de los adversarios políticos –es obvio que los tiene – del gobernador Duarte. Los testimonios que permiten reconstruir el escenario previo al crimen y la forma en que se cometió sugieren que el objetivo no eran ni Espinoza ni Nadia, ella inquilina y aquel visitante circunstancial, sino el otro par de mujeres que compartían el departamento; a esto apuntan también el resto de pruebas, el video que muestra a tres hombres a la salida del departamento llevando maletas y hurtando el auto de una de las víctimas, la conclusión de que una de las víctimas –la mujer colombiana conocía a los asesinos, no hay forzamiento de puertas; la presencia fortuita de Espinoza, ya se había retirado y regresó a estar con Nadia. Y sobre todo el hallazgo de una huella digital de uno de los criminales, y la existencia de base de datos delictiva que permitió su identificación y captura. El indiciado, quien asegura que únicamente participó en el robo -la maleta que saco sería su paga-, no en los homicidios ni en la violación, ha proporcionado datos de sus cómplices, y por ello se espera no tarden mucho las demás aprehensiones, y se pueda terminar de explicar y sancionar el condenable y politizado crimen.
La versión del gobernador Duarte
Durante la semana aguantó metralla mediática nacional y manifestaciones allá y acá, contenida apenas con comunicados de reprobación a los hechos y de difusión de conversaciones y cooperación en las investigaciones con el jefe del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, ayer, en conferencia de prensa y entrevistas, el gobernador Javier Duarte asumió más abiertamente su defensa.
Tiene un mejor momento, dado el avance de las investigaciones del gobierno del Distrito Federal, y mientras se consolida la acusación de homicidio y feminicidio, asociados por robo en pandilla, el gobernador Duarte refutó las importaciones sin fundamento que maliciosamente han pretendido vincular su gobierno a los crímenes de la Narvarte.
Refirió los antecedentes tanto de Espinosa como de Nadia en Veracruz, así como los incidentes del desalojo de manifestantes en septiembre de 2013, en el que aquellos participaron, al igual que el choque que tuvieron ellos este año con los ”encapuchados” en la marcha de protesta por los estudiantes de la UV golpeados, pero insistiendo en que no hubo ni acoso ni amenazas.
Igualmente rechazó que el estado sea riesgoso para la actividad periodística, pese a reconocer 11 víctimas durante su mandato, ha sido un producto del incremento de la violencia delincuencial en el país, no sólo en Veracruz, y del mismo modo negó que haya impunidad en los crímenes e hizo un recuento de cada uno de ellos y el estado judicial del asunto, 8 los atrajo la PGR, y los tres locales tienen resultados. De todos ellos habría que ver cuántos en realidad están relacionados con la actividad del periodismo, ya que no necesariamente éste ha sido el motivo, como he sabido, pero es políticamente incorrecto sostener.
Finalmente, adelanto del gobernador que declararía en la investigación de los delitos que realiza la Procuraduría del DF en calidad de testigo; ese mismo punto lo declaró Miguel Mancera, enviarán aún subprocurador a que quí le tomen la declaración al gobernador. Debe Mancera cubrir el expediente y agotar todas las líneas de investigación para aliviar la presión de las organizaciones, pero todo indica que los lamentables crímenes nada tienen que ver ni con el periodismo (o activismo) ni con Veracruz. Inaceptable para los partidarios de teorías conspiratorias, en las que siempre la autoridad oculta y engaña, la verdad nunca se sabe, pero los malos son ellos.