+ Columna de Eduardo Coronel Chiu, publicada en Diario AZ Xalapa y Veracruz.
Zona Centro
Eduardo Coronel Chiu - 2015-09-24
Torcer la Constitución Política del Estado para designar ilegalmente al magistrado Pedro Luis Reyes Marín consejero de la Judicatura, impedido para el cargo, vale la pena para el presidente del Tribunal Superior de Justicia (TSJE), Alberto Sosa Hernández, y su banda –nos dicen-, ya que esto les garantiza mantener el control del negocio en el Poder Judicial.
Y es que lo más jugoso de ese poder radica en el Consejo de la Judicatura; empezando con el manejo de los recursos financieros, que representan casi mil millones al año "mientras que el Tribunal Superior se lleva sólo 358 millones de pesos), y más que se llevara el siguiente año –el de Hidalgo de Sosa-, en el que le aplicarán dinero adicional para la infraestructura y equipamiento de las salas para juicios orales.
Pero otro buen tramo del negocio está en la función de la vigilancia, disciplina y carrera del Poder Judicial cuya traducción significa el control sobre los nombramientos y remociones de jueces y plazas, recompensas o posibilidad de sanciones: las redes de promoción y protección en el sistema judicial que viene operando Alberto Sosa como presidente del Consejo junto con el magistrado Raúl Pimentel, su brazo armado y recolector en la Judicatura.
Por cierto, nos adelantan que el magistrado Pimentel está en la mira de una investigación realizada desde adentro con el propósito de formularle una denuncia, donde se detalla su esquema de control de jueces, cuotas y líneas para la resolución de juicios, con la debida tarifa de la que le participa a su cómplice superior; y además, el tráfico personal de plazas de trabajo que ha hecho el magistrado Pimentel para favorecer a su amiga íntima colocada de proyectista, así como la hija de ésta y a su esposo, toda la familia alterna.
La banda en el consejo
Como se sabe, son 6 Consejeros que integran el Consejo de la Judicatura, lo encabeza el presidente del TSJE, es decir, Alberto Sosa; y tres más procedentes del poder judicial; está Pimentel, Emma Rodríguez Cañada –que se pliega , aún a regañadientes, a la Presidencia-, y con Reyes Marín, Sosa termina de amarrar el control de las decisiones. Recupera el voto que se le había ido desde la salida de Javier Hernández por término de periodo; este entró al Concejo en negociación con el PAN como representante del gobernador, pero tan cooptado estuvo por Sosa que ahora fue como su asesor en la Presidencia, en recompensa a la vista gorda y aprobaciones en el Consejo. La representación del gobernador en el consejo está vacante. El otro externo es el representante del Congreso, donde fue nombrado hace unos meses Mauricio Duck, un nombramiento no perfeccionado, sino provisional, ya que lo hizo la diputación permanente y no ha pasado al pleno para ratificación.
Emma Rodríguez y Pimentel cumple su período en enero del año próximo; por lo que se ve Reyes Marín sería el Pimentel del año de Hidalgo; y a ver a quienes habilita Sosa para reemplazarlos, el único requisito que pide es la lealtad a la banda.
Sigue teniendo Sosa el control del Pleno del Tribunal Superior, pero no absoluto. La violación constitucional cometida en el nombramiento de Reyes Marín fue objetada al menos por tres presidentes de sala integrantes del pleno. La votación fue 6-3. Ganó Sosa por mayoría, pero no por legalidad. Ya le tocará rendir cuentas cuando deje de ser Presidente del Tribunal y del Consejo de la Judicatura a fines del año próximo.
Sueños del pequeño Carlitos
Hay quienes todavía sueñan con que el aparato priista es capaz de hacer ganar hasta un burro en las elecciones.
En el caso de Carlos Hernández Martínez, ex subsecretario de Finanzas y antes de Planeación en la Sefipla, desde hace unos meses director general de la Comisión Municipal de Agua y Saneamiento de Xalapa (CMAS).
Pese a tener una personalidad anti-política, es distante de la gente a la que debe servir, engreído y déspota en área de trabajo, presume de que será el candidato del PRI- PVEM a diputado local por Coatepec en las elecciones del año próximo.
El pequeño Carlitos no sirvió de mucho en la Sefiplan, en planeación, un área no era más que complicaciones estadísticas, otros hacían la talacha y su oportunidad como subsecretario de Finanzas y Administración, al igual que Charleston, se pasmo; nunca se atrevió a actuar y menos a firmar, no asumió responsabilidad alguna. Por eso lo quitaron. La CMAS le cayó en bandeja a la salida de Arturo Zorrilla; pero aquí no hacen más que cobrar, encerrarse en su oficina cuando ésta, a horas extravagantes, y darse los aires de gran funcionario.
Su gran mérito en la administración, dicen, es ser de la confianza de alguien cerca de la familia que gobierna en el estado. No parece ser suficiente para ser candidato a diputado local. ¡Menos para ganar! Aunque baile Charleston (o baile con).