+ Columna de Eduardo Coronel Chiu, publicada en Diario AZ Xalapa y Veracruz.
Zona Centro
Eduardo Coronel Chiu - 2015-10-09
El palacio que se construyó el aún presidente municipal de Boca del Río, el panista Miguel Ángel Yunes Márquez –inaugurado el 2012, contiguo a la también fastuosa residencia de su padre Miguel Ángel Yunes Linares, en el fraccionamiento El Estero, la Riviera Veracruzana-, es su mayor evidencia del enriquecimiento ilícito (las mansiones de ambos, pero sólo la denuncia del hijo es de jurisdicción estatal, al otro lo investiga la PGR).
Su vanidad puso a tiro del fiscal al todavía alcalde; las ostentación de la riqueza, bajo la creencia en la impunidad forjada en la influencia y relaciones políticas sería interminable para él y su familia.
Con cinismo puso a la vista de todos su lujosa mansión –imágenes, reseñas y conversaciones grabadas- que ahora, el cambio de condiciones que le obligan a la rendición de cuentas, no administrativas sino del orden penal, constituyen su mayor debilidad. ¿Cómo comprueba que obtuvo los ingresos lícitamente para la adquisición del terreno y la edificación? Ese es precisamente su problema ante la ley.
Los diputados locales que denuncian el enriquecimiento ilícito de Yunes Márquez calculan que erogó en la residencia 33 millones de pesos, entre el terreno, más de mil metros cuadrados adquiridos en 5 millones de pesos, y la construcción de 1,569 metros cuadrados a un valor de 28 millones 260 mil pesos. A lo mejor hasta se quedaron cortos.
Pero el seguimiento patrimonial de 2004 a 2010, período en que compra el terreno y construye, consta en los expedientes de la legislatura del estado, sólo acredita ingresos por 4 millones de pesos.
Su arq. Enmascarado, modisto y decorador
Ahora se ha actualizado el tema de la mansión de Yunes Márquez se han retomado informaciones generadas en el tiempo en que la construía, entre éstas, su relación con un arquitecto de la élite, Isak Kanarek, un veracruzano que presume de diseñador de interiores de gran lujo en las ciudades cosmopolitas –además de modisto, fetichistas de las máscaras-, quien en su página web presume aspectos de la mansión de Yunes Márquez (una muestra de ellas y la maqueta arquitectónica se presentan en la edición de hoy).
En varias grabaciones que circulan en la red: “Los Yunes Linares (Linares-Márquez) ratas pero con pedigrí”, súbitas con el seudónimo Anonymus Políticus Región 4, se aprecia la delicadeza y el despilfarro con que decoró su residencia Miguel Ángel Yunes Márquez. El diálogo con mil máscaras Kanarek sobre el mármol de carrara Bishop para sus pisitos, la displicencia con que comentan de la cocina de 400 mil dólares (Casi 7 millones de pesos), espacio que dice ”en Veracruz sólo usan las sirvientas. No las usa ella” (La madame). Otra grabación con otro de sus decoradores de interiores menciona sus pedidos de muebles a Italia, bajo diseño único y hasta la compra de arte en Nueva York, de las gangas de Pedro Fiedrenberg a 450 mil dólares (7 millones 650 mil pesos ¡una ganga!).
A cuentas
Heredero de la escuela política corrupta de la dinastía creada por su padre, Miguel Ángel Yunes Márquez ha tenido una corta pero rapaz carrera política.
A la sombra paterna, Miguel Jr, el chiquiperro, escaló rápidamente; al amparo de la acostumbrada impunidad, nunca ocultó la riqueza súbita de que se apropió en pocos cargos. Ingresó a la política apenas en 2004 como diputado local plurinominal del PAN –cuota a la familia por el cambio de su padre a ese partido-, fue presidente municipal de Boca del Río de 2008 al 2010, se le imputa e investiga por lapso 2004-2010; después fue coordinador estatal del programa Oportunidades, al final del gobierno federal panista; desde 2013 y quizá sólo hasta fin de año, si bien le va, presidente municipal de Boca del Río por segunda ocasión.
Su resto es desmostar de dónde sacó para construir una mención de entre 33 y 50 millones de pesos. En su comparecencia hace unos días a la Fiscalía, atendiendo a la ”invitación”, se negó a revelar el costo. Ni con el ahorro del 100% de sus ingresos legales le alcanza para la comprobación. Corren apuestas al desafuero.