El cemento no se come, no cubre del frío y no regresa a los que se fueron
Zona Centro
- 2012-02-13
El caso de María Cecilia Martínez Chávez, una mujer 55 años, advierte que no basta pavimentar los caminos para llevar el progreso a las zonas marginadas del estado. El cemento no se come, no cubre del frío y no regresa a los que se fueron. Hace veinte años, llegar a esta comunidad habría costado el triple de tiempo; el recorrido se habría hecho sobre un camino terroso e inestable; y cualquier paso en falso llevaría a las personas hasta el precipicio.
En la actualidad, a San Miguel Chinela -una de las comunidades más pobres del municipio de La Perla-, se llega por un camino estrecho pero asfaltado, con algunas huellas de derrumbes, donde se debe tomar precauciones, pero en definitiva, más cómodo que hace dos décadas.
En un lugar como este, el GPS marca 3 mil 207 metros sobre el nivel del mar, pero uno puede saberlo a simple vista porque las nubes no están por encima de la cabeza sino a la altura de los pies. Aquí, el termómetro marca los 8 grados centígrados, con una humedad que da una sensación térmica de seis.
Con este frío, una persona –acostumbrada a vivir a los mil 500 metros sobre el nivel del mar, el nivel de ciudad de Xalapa- necesitaría una playera, un suéter, una sudadera, y una chamarra con forro térmico, guantes y gorro para sentirse cómodo.
Sin embargo, la vestimenta de Cecilia Martínez, esposa del juez de manzana de esta localidad, consiste en un vestido floreado de tela, dos suéteres delgados y un mandil, para no ensuciarse mientras barre su cocina, lava los trastes, atiende a sus animales de traspatio y cocina