Carnaval de Coyolillo, más de 140 años de tradición
La actividad es mucha, gente corriendo de un lado a otro, con ollas de comida, con sillas, mesas que llevan de una casa a otra, con cartones de cerveza (vacías) que van a comprar para que a la hora de la comida estén frías para los visitantes que comienzan a llegar desde poco antes del medio día.
Zona Centro
REDACCIÓN - 2012-02-21
Desde antes de llegar al lugar los "disfrazados" te reciben, pidiendo cooperación para reparar la deteriorada carretera que conecta a la capital del estado con su comunidad. Con graciosos ademanes te invitan a poner una moneda en el bote que sacuden para acompañar el baile.
Ya en el lugar: Coyolillo, la actividad es mucha, gente corriendo de un lado a otro, con ollas de comida, con sillas, mesas que llevan de una casa a otra, con cartones de cerveza (vacías) que van a comprar para que a la hora de la comida estén frías para los visitantes que comienzan a llegar desde poco antes del medio día.
Otros disfrazados aparecen de repente, son pequeños que luego de bailar unos segundos frente a ti, te piden unas monedas y después siguen con su camino.
Conforme avanza las horas, más disfrazados surgen, son la parte esencial del carnaval, ya que van de casa en casa invitando a los moradores a salir a bailar, a festejar, a disfrutar de la música, de la comida, de la bebida, que se han dispuesto para estas fechas en las que recuerdan sus raíces de esclavitud, de hace más de 140 años cuando un grupo de negros que trabajaba en la entonces Hacienda de Almolonga obtuvieron su libertad y crearon primero un asentamiento pequeño que fue creciendo para convertirse en una colonia que ahora es visitada año con año por miles de personas que disfrutan de sus coloridos festejos.
El calor es agobiante, pero nada que una cerveza no pueda quitar, en los pasillos de casas se ven familias disfrutando de una cerveza bien fría, luego llega un vecino o un amigo y se suma al grupo, abren otra cerveza y así seguirán lo que resta del día.
Mujeres de todas la edades también pasan de un lado a otro de las calles, entran en una casa, llevan ropa cargando y van a la casa de la prima, de la amiga, para que les ayude a elegir el atuendo que usarán para la coronación de la reina y más tarde, para el baile popular, donde esperan ver al novio, al pretendiente o simplemente irán en busca de una pareja para disfrutar de la noche de carnaval.
En una tienda donde se reúnen coyolenses a disfrutan de una caguama se ve a tres muchachos, colocando flores de papel a algo que poco a poco va tomando forma, será el tocado, el sombrero o la parte superior de su disfraz, el que usarán por la tarde, cuando los cencerros les indiquen que es momento de salir y tomar las calles.
A un costado de la escuela primaria se habilitó un espacio para el atractivo principal: establecer el récord Guinness con el chile relleno más grande del mundo. Casi todo el pueblo está ahí, esperando a que se corte el listón y pasar así a la historia; digo que casi todo el pueblo porque las mujeres están en casa preparando los manjares que habrán de ofrecer a los visitantes, conocidos y desconocidos, ya que es tradición del lugar invitar a comer a quienes llegan al lugar y cuidado con rechazar la invitación, porque es una gran ofensa el negarte a degustar de los tamales, los chiles rellenos, el pan de plátano, el mole, arroz, acompañado de una cerveza.
En otro lado del pueblo, don Octavio comienza a colocar las máscaras que meses atrás elaboró, para mantener una tradición de más de ochenta años y que evocan a los animales de la región, como vacas, cerdos, venados, caballos, entre otros, las coloca a la vista de los visitantes para que disfruten de esas artesanías que también están a la venta, ya que los ingresos sirven para el sustento de su familia y en algunos casos para contribuir a costear los gastos de la fiesta del lugar. Esas máscaras oscilan entre los 250 y 400 pesos y tienen gran demanda, ya que muchos de los que habrán de participar como disfrazados muchas veces desean usar una nueva máscara, una nueva personalidad para dejar atrás la del año pasado.
El Carnaval de Coyolillo, con casi 150 años de antigüedad, es según los coyolenses el más viejo de Veracruz y que por consiguiente no van a dejar que desaparezca, por eso es que siguen participando en las actividades que se organizan cada año para costearlo. Por eso salen a la carretera a botear, por eso recurren a las autoridades para buscar apoyo, ya sea económico o en especie, lo importante es que la fiesta siga viva.