Alarmante la presencia del Pez Diablo

+ REFLEXIÓN MATUTINA DE UN VIEJO LOBO DE MAR, por Edwin Corona y Cepeda

Zona Centro

Edwin Corona y Cepeda - 2012-02-26

REFLEXIÓN MATUTINA DE UN VIEJO LOBO DE MAR.

Tetraheroica Veracruz el domingo 26 de febrero del 2012

El desconocimiento que existe, no solo en personas ajenas al medio acuático, sino entre los profesionistas y académicos que se supone que para ello estudiaron, es notable y hasta trágico. Esta ignorancia de las relaciones entre individuos y medio ambiente ha dado origen a verdaderos desastres que acarrean devastación, exterminio y pobreza.

EL PEZ DIABLO.
POR: Edwin Corona y Cepeda
Instructor Internacional de Buceo.

Independientemente a la absurda pretensión de destruir un sistema arrecifal bajo es pretexto de que los corales veracruzanos “están muertos” y hay que avanzar dentro de la “mothernidad” para entregar nuestra exigua soberanía portuaria a las trasnacionales extranjeras, debo referirme a dos voraces plagas, cuyo nacimiento se origina, probablemente en la inocente compra de una especie ornamental adquirida comercialmente en un acuario.

Tal fue el caso de la presencia del Pez León (Pterois volitans) en aguas de la costa del Atlántico del Norte, cuya plaga se ha extendido irremisiblemente por toda el área del Mar Caribe y el Golfo de México, amenazando acabar con gran parte de los ecosistemas allí establecidos, sin que, hasta la fecha, se haya encontrado un sistema adecuado de erradicación.

Ahora una nueva plaga está presente, no en el mar, sino en los sistemas lacustres (ríos, lagos y lagunas) interiores, con la parición del denominado Pez Diablo, cuyo nombre científico corresponde al de Pterygoplichthys pardalis.

De aspecto inofensivo, importado del Amazonas, el Pez Diablo, al que también se le conoce como plecos o plecostomos, a primera vista parece totalmente inofensivo y se vende a los aficionados a la acuarofilia (acuaristas) con el fin de ser utilizado como limpiador de los cristales de acuarios y peceras, ya que, aprovechando la ventosa que forma su boca, se adhieren al cristal y recorren este alimentándose al mismo tiempo de las algas y desperdicios adheridas a ellas y de hecho, el motivo de su importación fue este, el de limpiar las peceras, siendo de hacer notar que a pesar del desastre que han causado en el medio lacustre, continúan vendiéndose en los acuarios, sin advertir por parte de los vendedores y las autoridades encargadas del cuidado al medio ambiente, de su gran peligrosidad.

Estos ejemplares, con el paso del tiempo y la buena alimentación asegurada, llegan a crecer notablemente, ya que alcanzan hasta los 40 centímetros de longitud por lo que su permanencia en el acuario es estorbosa. Y así, no faltó alma caritativa, que sin conocer el daño que causaría y por no matarlos ante su visible crecimiento, decidió depositar una pareja en algún arroyo o rio cercano, con el fin de que continuaran viviendo en el medio lacustre, dando origen a esta nueva plaga, gracias a su gran adaptabilidad y alta capacidad reproductiva.

El primer reporte ocurrió en el año de 1995 en la Presa del Infiernillo, en Michoacán, donde los peces diablos causaron el primer desastre ecológico al acabar con la pesca de bagre, (Bagre punctautus), carpa (Ciprinus carpius) y mojarra de agua dulce (Tilapia mozambicus), especies de la cual vivían 3,600 pescadores y sus familias, o sea cerca de 20,000 personas en total

Posteriormente se ha reportado la presencia del Pez Diablo en zonas lacustres de Tabasco y Chiapas, donde también se ha visto afectada la pesca de la tilapia y el famoso pejelagarto.

La última voz de alarma la han dado Armando T. Wakida- Kusunoki y Luis Enrique Amador del Ángel, investigadores del Centro Regional de Investigación Pesquera del Instituto Nacional de Pesca en Ciudad del Carmen, Campeche, quienes dan cuenta del resultado de su indagación en un artículo publicado en la Revista Mexicana de Biodiversidad editada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En este escrito los científicos mencionados dan a conocer que en el Río Palizada, mismo que desemboca en la Laguna de Términos de donde, en uno de sus brazos corre el gran sistema fluvial de los ríos Grijalva y Usumacinta, notable por aportar cerca del 30% del agua de México, así como por sus ecosistemas, en los cuales habitan dos tercios, cuando menos, de las especies más notables de plantas y animales de todo el país en ambos ríos, mientras que en sus tributarios se han detectado 64 especies de peces, tortugas, crustáceos (sobre todo pigua), batracios y otros animales acuáticos que amenazan ser exterminados por la voracidad el Pez Diablo y la pasividad de las autoridades correspondientes, cuyos “funcionarios”, como en el caso del “Director” de Pesquerías de la Universidad Veracruzana, Virgilio Arenas Fuentes, permanecen culiatornillados a su escritorio, cobrando sus quincenas a costo de nuestras costillas , alegando que la zona de la Bahía de Vergara del Sistema Arrecifal Veracruzano “ya se murió”.

La presencia del Pez Diablo en los sistemas lacustres del Sureste, resulta alarmante, ya que – según anotan los mencionados investigadores – existe la posibilidad de que estos temibles habitantes del mundo acuático se desplacen a la zona del delta donde se constituyó la Reserva de la Biosfera de los Pantanos de Centla en el Estado de Tabasco o bien, aprovechando las corrientes subterráneas vayan a parar a los cenotes de Yucatán y exterminen a los famosos peces ciegos que allí habitan y que están considerados como especies únicas en el mundo. El peligro esta latente y tal parece que nadie le pone remedio.

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